Flipantes vacaciones

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Si por vacaciones entendemos, como dice la RAE, “el descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios”, no estoy de vacaciones, ya que sigo de baja médica y, en consecuencia, es imposible tenerlas. Ahora bien, si tomamos la palabra en el sentido de desconectar de aquello que constituye nuestra cotidianidad, de ocupar –libre y voluntariamente– nuestro tiempo en lo que nos gusta –escribir en este caso, por supuesto ficción–, haciendo de tal experiencia un todo independiente que nos fascina y nos penetra hasta el punto de integrarla en nuestra vida real, jamás he disfrutado de unas vacaciones como estas, que por el momento continúan.

Les comentaba justo hace un mes en un artículo en este blog titulado “Vacaciones” que las mías este verano iban a ser un tanto particulares y que las pasaría en compañía de un supuesto genio llamado Prudencio y de tres muchachos de 17-18 años que responden a los nombres de Robin, Johnny y Tomate, tres jóvenes amigos de un barrio cualquiera de las afueras de una ciudad cualquiera. Prudencio, si recuerdan, se les apareció a los tres chicos y, como agradecimiento por haberle rescatado de dentro de la botella donde estaba confinado, les prometió concederles cuantos deseos quisieran durante doce horas. Eso sí, con limitaciones, pues, dice él, que ha de regirse por las reglas propias del mundo de los genios.

Yo sigo teniendo mis dudas de que realmente sea un genio. Los genios no existen, ni los extraterrestres, ni los dioses, ni hay vida inteligente fuera del planeta. Sin embargo, las cosas que hace Prudencio no son simples trucos baratos de magia, no, escapan a toda compresión humana. Los tres amigos también tenían dudas al principio, pero ya se han disipado y han establecido una relación ciertamente peculiar con él. ¡Ah! Por cierto, ahora resulta que Prudencio en realidad no se llama así, sino Argararemon, aunque sostiene que de verdad es un genio. Complicado nombrecito, ¿no? Los chicos han decidido llamarle Prude.

¿Y qué creerán que han pedido a Prude?, ¿qué deseo quieren que les satisfaga? Pues ni más ni menos que asaltar un furgón blindado que ha de transportar una importante suma de dinero. Como se lo digo. La cosa va en serio. Se han agenciado –nos hemos en realidad, pues ‘viajo’ con ellos– varios fusiles de esos que se usan para lanzar bolas de gas pimienta, cien de estas, varias máscaras antigás, granadas de gas lacrimógeno y unos cuantos botes de humo. Vean, vean el arsenal.

¿Qué les parece? Imagino que lo mismo que a mí: una locura. Pero es que el Prudencio este no sé cómo se las apaña, pero siempre escoge el camino más complicado y lo hace más enrevesado todavía de lo que es. Comprenderán, por tanto, que no me fíe un pelo. Prude no puede permitirse el lujo de que la acción fracase, los suyos lo confinarían para siempre, nos ha confesado. Pondrá, por tanto, todo su empeño, pero necesita también que los muchachos sigan al pie de la letra sus instrucciones, que se concentren como nunca lo han hecho, que si tienen cinco sentidos pongan seis. Prude, naturalmente, hará uso de todos sus poderes, que no son pocos, entre ellos el de detener el tiempo. Ahora bien, el asalto en sí ha de realizarse en tiempo real. Robin, Johnny y Tomate no paran de hacer todo tipo de probaturas de acuerdo con las instrucciones del ‘genio’ para que todo sea preciso, milimétrico, y están que se salen –Prudencio les anima para que confíen en sus posibilidades–, se sienten los putos amos. Yo, la verdad, estoy más mosqueado que un pavo vísperas de Nochebuena.

Calculaba, así se lo decía en artículo a que me refería al principio, que el ‘viaje’ duraría todo el mes de agosto. No ha sido así. Calcule mal. Entre otras cosas, porque nosotros viajamos a la velocidad de la luz. Mientras viajamos de este modo, para ustedes nada habrá pasado, sus vidas seguirán como si nada. En cambio, nosotros habremos vivido múltiples experiencias. ¿O es que no creen en la relatividad del tiempo?

En fin, tengo que dejarles. No dispongo de más tiempo. Prudencio, Prude, o Argararemon, o quien finalmente sea el enigmático personaje me va dejar fuera si no. He de regresar de inmediato a su universo paralelo. Me tiene tan intrigado como asombrado. Y los chicos –buenos chicos, de verdad– me han cautivado. Flipo con ellos. Todo esto es un continuo alucine que, si he de serles sincero, no tengo ganas de que acabe. Por supuesto, acabará. He de contárselo, necesito contárselo, cosa que haré en forma de novela. De otro modo, no me creerían.

Espero poder presentarles pronto a Prudencio Calamidad y que ustedes juzguen si hace honor a su mote.

En la XXII edición de la Festa del Llibre de Muro

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El pasado viernes 26 de mayo tuve el tuve el honor y el placer de pronunciar la conferencia inaugural de la XXII edición de la Festa del Llibre de Muro. Como allí manifesté, uno ha dado infinidad de conferencias en muy diversos foros, especialmente como historiador. Sin embargo, esta la afrontaba como si fuera la primera de mi vida, pues se trataba de mi pueblo, el lugar donde nací y me crié. Cuando a los 18 años marché a Valencia a estudiar tenía ya –como la mayor parte de las personas a esa edad– el carácter formado, unas idees, unas ilusiones, que iban a acompañarme y a influir intensamente en las decisiones más importantes de mi vida. Como escribió Henri Bergson, “¿qué somos, qué es nuestro carácter sino la condensación de la historia que hemos vivido desde nuestro nacimiento?”. Es con nuestro pasado como deseamos, queremos y actuamos. Somos producto de las experiencias vividas desde que la memoria comienza a tener la capacidad de almacenar recuerdos, y los primeros son el sustrato sobre el que se tejerá nuestra existencia.
Quiero agradecer a la organización, a Sergi Silvestre, concejal de Cultura y Tradiciones, y a Carmina Prats, bibliotecaria y amiga desde hace muchos años, esta invitación gracias a la cual pude dirigirme a mis paisanos –entre ellos muchas caras conocidas y otras más jóvenes que resultaban nuevas para mí, aunque seguro que no lo serían sus familias–, a mis familiares y reencontrarme con amigos de siempre a los que hacía tiempo que no veía. Fue, pues, un acto emotivo y, además, vendí bastantes ejemplares de las dos novelas que se presentaban –El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird)–, si bien esto, sinceramente, era lo de menos.

Les dejo con el vídeo que se grabó del acto. Dura poco más de hora y cuarto y por un problema técnico, supongo, se inicia con la conferencia ya empezada, faltando la presentación y los primeros minutos de la misma. Esta, con las preguntas y opiniones de los asistentes que quisieron intervenir, termina en el minuto 53. El resto recoge la firma de libros y saludos de lectores, amigos y conocidos. Obviamente, hablo en valenciano –o en catalán–, mi idioma nativo y habitual, y la lengua en que siempre nos hemos expresado mureros y mureras.

XXII Festa del Llibre de Muro

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Desde 1995 se celebra en mi pueblo, Muro (Alicante), la Festa del Llibre (Fiesta del Libro), un evento de “índole cultural y periodicidad anual en el que participan los mejores escritores del panorama literario, que junto al fomento de la lectura y el amor por las letras constituye una de las semanas más características del final de la primavera en el pueblo de Muro”, según lo anuncia en su página web el ayuntamiento.

La Festa del Llibre de Muro comprende diversas actividades además del ciclo de conferencias en que diversos escritores hablan de su obra y su experiencia literaria, como las dedicadas a fomentar la afición a la lectura –importante aspecto en tanto que promueve un proceso interactivo mediante el que se establece la relación entre el texto y el lector, incorporándolo este a su forma de entender el mundo y dándole un significado propio que no tiene que ser necesariamente el mismo que el del autor–, de animación lectora para niños –más trascendental aún–, exposiciones, representaciones teatrales, conciertos musicales y otras actividades lúdicas de calle. Todo ello tendrá lugar entre el 26 de abril y el 3 de junio para goce y deleite de nuestros sentidos.

Este año me han escogido para dar la conferencia inaugural el próximo viernes 26 de mayo. En ella hablaré de la relación entre novela e historia partiendo de mi experiencia personal al escribir las novelas El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Es un acto que me ilusiona y me honra, ya que se trata de mi pueblo, y por el que estoy profundamente agradecido de que se me haya invitado. Espero estar a la altura y no defraudar a los asistentes. Uno –permítanme la expresión–  tiene ya el culo pelado de dar conferencias, pronunciar ponencias en congresos y simposios u otros actos de índole cultural, especialmente en lo que a la historia se refiere, pero créanme si les digo que esta del viernes próximo me entusiasma y me preocupa cómo pueda resultar tanto o más que si fuera la primera.

En cuanto a las novelas sobre las que versará la conferencia y que servirán de marco para hablar de la relación entre novela e historia, es decir, entre los hechos del pasado tal como sucedieron y la ficción, los lectores de este blog puede que las conozcan ya que he hecho referencia a ellas muchas veces. Mas como esta entrada está pensada sobre todo para aquellos que vayan a asistir al acto y que posiblemente la mayoría desconozcan la existencia de mi blog, incluyo de nuevo los argumentos de ambas tal como figuran en las respectivas contraportadas, así como sendos vídeos promocionales de cada una de ellas.

El corto tiempo de las cerezas (2015): “Un límpido y soleado día, Samuel tomó la Portadadeterminación de no volver a trabajar jamás en una fábrica ni a las órdenes de nadie. Tenía entonces entones trece años y vivía en la industriosa ciudad de Alcoi desde pocas semanas después de venir al mundo en 1849, al tener sus padres que abandonar el pequeño pueblo de Muro en busca de trabajo. No podía imaginar entonces que su decisión le llevaría a verse involucrado en los turbulentos conflictos políticos y sociales que desembocaron en la proclamación de la Primera República Española; a vivir la Revolución del Petróleo que tuvo lugar en Alcoi en julio de 1873; a sacar provecho de los negocios financiero-especulativos en la Barcelona del Ensanche mediante toda clase de estratagemas; a conocer los ambientes de las principales ciudades occidentales –Barcelona, París, Londres, Viena, Nueva York–, sus lujos y miserias, sus cafés y teatros; a montar su propio cabaret; a establecerse en el bohemio Montmartre; a entregarse en cuerpo y alma a la carrera artística de su hija, soprano; a timar a un príncipe ruso con la complicidad de su gran amiga La China; a enamorarse de una anarquista y de una grisette; a vivir, en definitiva, innumerables experiencias y vicisitudes en un mundo que se creía indemne a todo y parecía seguir la máxima que un día le dijo a Samuel el dueño de aquel cerezo bajo el cual tan a gusto se sentía: “aprovecha, muchacho, que el tiempo de las cerezas es muy corto”.

portada1Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016): “Sam Sutherland, un joven escritor neoyorkino, visita en Berlín a sus padres, músicos, que actúan en uno de sus clubs nocturnos más famosos con su propia big band. Es noviembre de 1929, el nazismo está en pleno ascenso y la crisis económica comienza a hacer estragos. Allí conocerá a Helmut, joven también músico, y a Martha, hija de un artista de cabaret que hace de travestido, con la que se casará y tendrá tres hijos. Menos Helmut, todos marcharán a Nueva York, donde Sam y Martha se implicarán en el movimiento de defensa de los derechos civiles. El primero acaba ante el Comité de Actividades Antiamericanas y migran a París. Allí, las cosas tampoco serán como creían y la abandonarán tras los hechos de Mayo del 68.

Una novela que abarca desde el final de la guerra de 1914-1918 a la caída del Muro de Berlín en la que Sam y los otros protagonistas –a los que hay que añadir a Lary, alto funcionario de la Administración estadounidense, y a Greg, director internacional de la Fundación Fairfield– se verán envueltos en una trama que incluye, además un misterioso asesinato, a simpatizantes y defensores de la República española, refugiados del nazismo, pasadores que les ayudaban a cruzar la frontera de los Pirineos, prisioneros de los campos de concentración españoles y de exterminio alemanes, nazis reciclados por el Gobierno norteamericano, agentes de la CIA, dirigentes e impulsores del Congreso por la Libertad de la Cultura…

El lector advertirá en muchas situaciones algunas de las circunstancias que nos han conducido a esta sociedad del pensamiento único”.

Vídeo de El corto tiempo de las cerezas

Vídeo de Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird)