Primavera: cinco canciones a ritmo de jazz

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“Spring Flowers” / Kirsten Stobie.

Para muchos, sin duda, la primavera es la estación preferida del año. La temperatura suele ser cálida y suave, el sol se pone más tarde, vamos camino del verano y parece que, al dejar atrás el frío y los rigores del invierno, nos da ganas de vivir. Aunque con el cambio climático la primavera se adelanta y cada día es menor la diferencia entre una y otra estación.

Naturalmente, esto ocurre en el hemisferio norte, donde la primavera abarca el periodo comprendido entre el 19-21 de marzo (equinoccio de primavera) al 20-21 de junio (solsticio de verano). En el hemisferio sur, las fechas, lógicamente, son otras: del 31-23 de septiembre al 19-21 de diciembre. Mas independientemente el hemisferio al que pertenezcamos, nunca está de más halagar nuestros sentidos con buenas canciones como, a juicio de un servidor, son las cinco que conforman esta entrada, cinco canciones que son grandes estándares del jazz y que hemos elegido entre otras muchas siguiendo nuestro particular criterio personal.

La primera de ellas, April in Paris, fue compuesta por Vernon Duke (música y letra) para Walk a Little Faster, una revista musical con sketchs de S.J. Perelman y Robert MacGunigle que se estrenó en 1932. No fue un gran éxito –se mantuvo en cartel ciento diecinueve funciones– y la crítica tildó el musical de sensiblero, incluida la canción. La letra, ciertamente, es algo bobalicona. Nos habla de lo hermoso que es París en abril, con sus castaños en flor, con las mesas bajos los árboles, de vacaciones. Algo irrepetible, dice. “Hasta entonces desconocía el encanto de la primavera, hasta entonces no supe que es perder un cálido abrazo, hasta abril, en París”. La escuchamos por Frank Sinatra en una actuación que, suponemos, es de mediados de la década de 1960. Lástima que la calidad de la imagen no sea mejor.

Con música de Richard Rodgers y letra de Lorenz Hart, Spring is Here se estrenó en 1938 formando parte del musical I Married an Angel. “Hubo una vez una cosa llamada primavera / cuando el mundo escribía versos / como los tuyos y los míos”, dice la primera estrofa de la canción, que nos habla de alguien que desea vivir más intensamente la estación y siente nostalgia porque, tal vez, dice, nadie le quiere. La versión que sigue es la que grabó en 1956 Ella Fitzgerald en su álbum Ella Fitzgerald Sings the Rodgers & Hart Songbook.

También con música de Rodgers –pero esta vez con letra del que fue su otra gran pareja en tantos y tantos musicales: Oscar Hammerstein II– vamos ahora con It Might as Well Be Spring, canción de la película musical de 1945 dirigida por Walter Lang State Fair. “No he visto un azafrán o un capullo de rosa, ni las alas de un petirrojo, / pero me siento tan melancólicamente alegre que bien podría ser la primavera. / Puede muy bien que sea primavera”. La escuchamos por Sarah Vaughan en la versión de su álbum Sarah Vaughan in Hi-Fi (1955), que comprende grabaciones suyas realizadas entre 1949 y 1953.

Con su cándida, sensual y fresca voz, Blossom Dearie interpreta acto seguido They Say It’s Spring. Dicen que es la primavera pero eres tú quién me hace feliz, podría ser la frase que resumiera la letra de esta melancólica canción que compusieron Bob Haymes y Marty Clark y grabó la cantante de jazz y pianista estadounidense en 1956 para su primer álbum, con la discográfica Verve, titulado Blossom Dearie, el cual salió a la venta en abril de 1957.

Terminamos con Spring in Manhattan, canción de T. Schbetta y A. Reach que refiere las bondades de la estación en Manhattan. Con arreglos de Don Costa, fue grabada en 1963 por Tony Bennett en un sencillo cuya cara A recogía la espléndida The Good Life.

Que disfruten de un feliz día.

Giuseppe Verdi: coros de ópera

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“Verdi’s Requiem” (1930), óleo de Theresa Bernstein.

En las óperas de Verdi, los coros cobran un protagonismo que no es habitual en el resto de compositores del género. Y es que, para Verdi, los coros son un personaje más, no un mero acompañamiento. Difícilmente encontrarán selección alguna de coros de ópera donde no aparezcan más de uno de Verdi. Hoy nos ocuparemos de cinco de ellos pertenecientes a cinco conocidas óperas suyas. Los ordenamos según el año en que se compuso cada una.

Comenzamos, pues, con “Va, pensiero”, el coro de de los esclavos judíos, de Nabucco, que se estrenó en el teatro La Scala de Milán el 9 de marzo de 1842 y fue su primer gran éxito. En Nabucco Verdi toma el tema del cautiverio judío en Babilonia como alusión a la Italia de su tiempo, dividida y dominada. “Va, pensiero” (Vuela, pensamiento, en alas doradas…) fue considerado un auténtico manifiesto nacionalista y gozó de enorme popularidad desde el primer momento. La versión del vídeo que sigue corresponde a la representación que de la misma llevó a cabo la Ópera del Metropolitan en Nueva York en 2002 con dirección escénica de Elijah Moshinsky y dirección musical de James Levine.

Fuertemente marcado también por el nacionalismo –en auge en la mayor parte de Europa en aquellos momentos– es “Patria oppressa” (Patria oprimida), de su ópera Macbeth, estrenada en el Teatro della Pergola de Florencia en 1847. No hemos conseguido localizar ningún vídeo de su representación en escena con el coro completo, por lo que lo escuchamos en el concierto que tuvo lugar en el Victoria Hall de Ginebra (Suiza), el 15 de junio de 2013, con el coro L’Avenir de Saint-Blaise –sociedad de canto de Neuchâtel fundada en 1856 y todavía en activo– y la Orchestre Symphonique Genevois dirigida por Stanislava Nankova.

El 19 de enero de 1853 se representó por primera vez, en el Teatro Apollo de Roma, Il Trovatore, ópera que –con Rigoletto (1851) y La Traviata (1853)– conforma una interesante trilogía de Verdi en la que este deja atrás su primer romanticismo y se sumerge en el realismo, al tiempo que busca una mayor vocalidad. Su “Coro de gitanos” es todo un alarde coral y la escena que ha encumbrado a la obra. La versión que recoge el vídeo corresponde al montaje que de Il Trovatore produjo la Ópera del Metropolitan en Nueva York en 2011 con dirección escénica de David McVicar y dirección musical de Marco Armiliato.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, su ópera más famosa, o simplemente la ópera más famosa, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara la soprano Fanny Salvini-Donatelli, que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. El vídeo que figura bajo estas líneas pertenece a la versión de La Traviata que se representó en 2007 en el teatro La Scala de Milán con dirección escénica de Liliana Cavani y dirección musical de Lorin Maazel.

Finalizamos la entrada con el coro “Gloria all’ Egitto”, de Aida, ópera estrenada en el Teatro de Ópera del Jedive en El Cairo el 24 de diciembre de 1871. “Ismail Pachá, jedive de Egipto, encargó a Verdi una ópera para representarla en enero de 1871, pagándole para ello 150.000 francos, pero el estreno se retrasó debido a la Guerra Franco-Prusiana. (…) En contra de la creencia popular, la ópera no se escribió para conmemorar la inauguración del Canal de Suez en 1869, ni tampoco para el Teatro de Ópera del Jedive (que se abrió con el Rigoletto de Verdi) en el mismo año. A Verdi le pidieron componer una oda para la apertura del Canal, pero declinó la petición arguyendo que no escribía «piezas ocasionales», pero comenzó a barajar la idea de componer una ópera. Pasha intentó convencer nuevamente a Verdi, e incluso a Gounod o Wagner, abriendo la posibilidad de componer una ópera. Cuando Verdi leyó el argumento escrito por Auguste Mariette lo consideró como una buena opción y finalmente aceptó el encargo el 2 de junio de 1870” (De Wikipedia).

La versión que hemos elegido corresponde también a una producción del teatro La Scala de Milán, en concreto a la que se estrenó en 2006 con dirección escénica de Franco Zeffirelli y dirección musical de Riccardo Chailly.

Feliz día a todos.

Imany

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“Imany (Martigues, noroeste de Marsella 1979) recorrió con su voz cálida, poderosa y llena de sutiles desgarros ‘cada escenario de París’ y, de un concierto en un local en el que solo estuvieron presentes los miembros de una misma familia —si bien numerosa, porque eran 10— pasó en seis meses a tener 100, fascinados con su música. Y de aquí, llegó a ser disco de platino una vez en Francia y Grecia y tres en Polonia con su primer álbum The Shape of a Broken Heart. Es una de las grandes promesas del soul. Ahora se la compara con Tracy Chapman por su forma de volcar el alma sin mesura en cada canción, pero su historia había comenzado de forma muy distinta. ‘Nadie me animó de pequeña en mi casa a ser cantante, no tuve el coraje’ (…). A Imany –nacida Nadia Mladjao en un hogar humilde de inmigrantes de las islas Comoras– la descubrieron en la capital francesa por casualidad y decidió probar la aventura neoyorquina para trabajar como modelo. Pasó siete años en Estados Unidos. Y en su porte elegante se notan esas vivencias, pero se cansó de la ‘lucha por pagar el alquiler’ y se dedicó a lo suyo con un puñado de canciones que había ido componiendo”.

El párrafo que acaban de leer corresponde al artículo de Flor Gracera de León “Imany: la voz que llegó de las pasarelas” publicado en el diario El País el 26 de junio de 2013, solo dos años después de que saliera a la venta el álbum mencionado: The Shape of a Broken Heart. Previamente, una de sus canciones, You Will Never Know, fue lanzada como sencillo en 2011. Fue su primera grabación. Comenzamos con ella.

Ese mismo año, 2011, salió también su primer Cd, The Shape of a Broken Heart, que incluía You Will Never Know y otras once canciones, como esta bella Take Care (con letra de Benoit Carré).

Escuchemos dos más: Kisses in the Dark y Pray For Help.

Tras este primer álbum, la directora de cine y actriz Audrey Dana le propuso que se encargara de la banda sonora de la película que tenía en proyecto y que se estrenó en 2014 Sous les jupes des filles (conocida fuera de Francia como French Women). “Audrey Dana escuchó mi primer disco. Al principio quería que compusiera un tema para los créditos y acepté enseguida. Luego me pidió toda la música”, declaró Imany a la revista francesa Le Parisien con motivo del lanzamiento del álbum homónimo (Sous les jupes des filles) el mismo año.

La película no ha sido muy bien recibida por la crítica. Hay quien ha afirmado que “no la habría hecho mejor ni el más irredento de los misóginos” (Jordi Costa en El País) y quien la ha tachado de “sobreescrita, sobredirigida y salvajemente sobreactuada” (Horacio Bernades en Página/12). Pero no es esta la que nos interesa sino su música. Fantástica. Imany superó con creces el reto que tanto temía: “escribir para otros cantantes, otras voces, diferentes de la mía, muchas de las cuales no conocía”. Los dos vídeos que siguen recogen sendos temas que interpretó ella misma: la deliciosa y contagiosa Try Again y The Good, the Bad & the Crazy. Esta última durante una de las emisiones del programa de la televisión francesa Les enfants du patrimoine (2104).

Finalizamos con otro momento de la intervención de Imany en el mismo programa interpretando una canción que no es suya ni ha grabado: T’es beau, excelente tema de la cantautora francesa Pauline Croze.

Pocas cantantes con tan escasa discografía han alcanzado el reconocimiento de que goza Imany hoy en día, quien desde You Will Never Know ha actuado en numerosos escenarios europeos y norteamericanos y se la considera una de las grandes voces del folk-soul contemporáneo.

Que les vaya bien.