Yo-Yo Ma

Presentation of the Crystal Award: Yo-Yo Ma

Yo-Yo Ma durante su actuación en el WEF© de 2008.

“Pocos sonidos fascinan tanto como la caricia del violonchelo. Si además esta sale de las manos de uno de los grandes expertos del momento, como Yo-Yo Ma, mejor. Y si las cuerdas pertenecen al Montagnana de 1733 que perdió y recuperó más tarde o al Stradivarius que heredó –comprándolo, claro– de Jacqueline du Pré, la cosa no tiene parangón”. (Jesús Ruiz Mantilla: “El arte Yo-Yo Ma”, El País, 28 de febrero de 2010).

No son muchos los intérpretes de música clásica que gozan de la popularidad que ha alcanzado el protagonista de la entrada de hoy: Yo-Yo Ma. De padres de origen chino, nació en París en 1955 y a los cuatro años comenzó a estudiar violín y viola. Sus dotes se revelaron enseguida y a los cinco empezó a actuar en público. En 1962 su familia se mudó a Nueva York –de aquí que Yo-Yo Ma posea la doble nacionalidad franco-estadounidense– y, aquí, al igual que París, pronto actuó también ante el público. Así, con siete años apareció en la televisión estadounidense, en un programa grabado en Washington D.C. cuyo maestro de ceremonias era Leonard Bernstein titulado American Pageant of the Arts y organizado con el fin de recaudar fondos para el que sería el John F. Kennedy Center for the Performing Arts (o Kennedy Center). Veamos el momento.

En el evento participaba también Pau Casals, que alabó las cualidades del chico. Tras escuchar a Pau Casals, Yo-Yo Ma se volvió un apasionado del violonchelo y el niño prodigio es hoy uno de los mejores violonchelistas del mundo. Para conseguirlo, prosiguió sus estudios en la prestigiosa Juilliard School of Music (Nueva York) y después ingresó en Harvard, licenciándose en 1976. Allí, dice, “estudié filosofía, psicología, antropología. La música es una de las artes, pero debe estar llena de humanidad en contacto con otras disciplinas”.

Esta manera de concebir la música le ha llevado a abarcar un repertorio que va más allá de la música clásica, un repertorio tan ecléctico como amplio. Para muchos críticos el mejor Yo-Yo Ma es el ‘clásico’, sobre todo cuando interpreta a Bach. También hay quien no ve con muy buenos ojos sus incursiones en otros ámbitos musicales, su heterodoxia. Mas como él mismo declaró: “Me gusta probar todos los estilos de música. Lo que me parece esencial en música es poder improvisar, algo que apenas existe hoy. Compositores como Beethoven o Mozart lo hacían”.

De todos modos, juzguen ustedes. La selección que hemos confeccionado viene –como casi siempre– determinada por la cantidad de vídeos disponibles para ser insertados. Es, pues, una selección tan ecléctica como su música, y arbitraria, por supuesto. En todo caso, en cualquiera de los géneros, una auténtica delicia.

Comenzamos con el preludio de la Suite para violonchelo núm. 1, de Johann Sebastian Bach, que Yo-Yo Ma grabó para su álbum Bach: Cello Suites Nos. 1, 5 & 6 (1983). Se trata de una actuación directo en Japón de la que lamentamos no poder ofrecer más datos.

El álbum Songs from the Arc of Life (2015), con la pianista británica Kathryn Stott, recoge temas tan bellos como esta Ave Maria que el compositor romántico francés Charles Gounod compuso en 1853 sobre la “Meditación” del Preludio núm. 1 en do mayor, BWV 846, del “Libro I” de Bach, El clave bien temperado, nombre de dos ciclos de preludios y fugas compuestos por Johann Sebastian Bach en todas las tonalidades mayores y menores de la gama cromática.

El mismo álbum incluye también temas como esta preciosa Canción de cuna (Wiegenlied, op. 49, no. 4) de Johannes Brahms, que el autor escribió en ocasión del nacimiento del segundo hijo de la joven cantante Bertha Faber.

Continuamos con el penúltimo movimiento de El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux), “Le cygne” (El cisne), suite musical que compuso en 1886 el compositor francés Camille Saint-Saëns. La concibió como un divertimento para un día de carnaval y en ella los instrumentos recrean los sonidos de animales de todo tipo: leones, gallinas, tortugas, canguros, burros, peces, pajaritos… Yo-Yo Ma grabó el tema en el álbum antes mencionado Songs from the Arc of Life.

Vamos ahora con la otra faceta –si en realidad se puede llamar así, pues la música es música, y punto– de Yo-Yo Ma. Con el trompetista estadounidense de de jazz y smooth jazz, Chris Botti, acompañados por la Boston Pops Orchestra, les escuchamos en esta versión de Cinema Paradiso, entrañable película de Giuseppe Tornatore estrenada en 1988, cuya banda sonora compuso Ennio Morricone. Yo-Yo Ma grabó en 2004 el álbum Yo-Yo Ma Plays Ennio Morricone.

Con Diana Krall interpreta acto seguido “You Couldn’t Be Cuter”, composición de 1938 (música de Jerome Kern, letra de Dorothy Fields) para la película estrenada ese año Joy Of Living (El placer de vivir). La canción figura en su álbum de 2008 Songs of Joy & Peace, que incluye diversos duetos con otros artistas.

Terminamos con Um a zero, un tema con música del gran Pixinguinha y letra de Benedito Lacerda que fue compuesto en 1919, para conmemorar la victoria de la selección de fútbol de Brasil sobre la de Uruguay ese año en el Campeonato Sudamericano de Selecciones por uno a cero. Um a zero fue grabada por Yo-Yo Ma en el álbum Obrigado Brazil (2003). En el vídeo le acompañan entre otros –también en el álbum Paquito D’Rivera al clarinete y Nilson Matta al bajo.

Que disfruten de lo queda de domingo y que la semana que viene les sea propicia.

París. Cinco canciones

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La ciudad del amor. Eso afirman muchos que es París, y eso dice la canción con la que comenzamos esta entrada: Sous le ciel de Paris, una composición de Hubert Giraud (música) y Jean Dréjac (letra) que cantó por primera vez Jean Bretonnière en la película homónima dirigida por Julien Duvivier y estrenada en 1951. “Bajo el cielo de París  vuela una canción”, “bajo el cielo de París  pasean los enamorados”, cuya “felicidad se construye sobre una atmósfera hecha para ellos”. Y es que “el cielo de París tiene un secreto. Tras veinte siglos está enamorado”. Son algunos de los versos de este hermoso tema que ha sido interpretado y grabado, entre otros, por cantantes franceses como Joséphine Baker, Édith Piaf, Yves Montand, Juliette Gréco o Mireille Mathieu, y fuera de Francia –con el título de Under Paris Skies– por Andy Williams, Paul Anka o Bing Crosby, además de las versiones jazzísticas de Duke Ellington, Toots Thielemans y Coleman Hawkins. Escuchamos la versión de Édith Piaf (grabación de 1954), cuya versión –con la de Montand– la convirtió en un todo un símbolo de la capital gala en el mundo.

Bajo el cielo, pero ¿y bajo los puentes? “Bajo los puentes de París, cuando cae la noche / indigentes de todo tipo se cuelan a escondidas. / Están contentos de encontrar un lecho / en el hotel de la corriente de aire, en el que no pagan mucho. / El perfume y el agua son baratos, mi querido marqués, / bajo los puentes de París”, dice el estribillo de este hermoso vals musette. Bella y popular chanson escrita en 1913, Sous les ponts de Paris (letra de Jean Rodor y música de Vincent Scotto) es una de las canciones francesas más celebradas que han interpretado desde Maurice Chevalier, Colette Renard o Lucienne Delyle a Eartha Kitt y Juliette Gréco. Versión de lujo es la que insertamos, la que interpretan Juliette Gréco y Melody Gardot y pertenece al disco de la primera Ça se traverse et c’est beau (2012).

Mientras esos indigentes buscan refugio, ese París canalla, con sus proxenetas, sus jóvenes prostitutas, sus hampones, ese París desigual de elegantes bulevares y sombríos suburbios, bohemio y decadente, de vida alegre y desenfadada en el que se encuentran toda clase de espectáculos y placeres, se muestra por la noche en toda su intensidad y fue –y es– un atractivo para muchos de sus visitantes. A ese París, con la ironía cargada de crítica social que caracteriza sus letras y su particular visión, canta Léo Ferré en Paris Canaille, canción de Léo Ferré que dio título a su primer álbum, editado en 1953. Fue su primer gran éxito comercial, sobre todo desde que la grabó Catherine Sauvage ese mismo año. Es esta quien la interpreta, acompañada por la orquesta de Raymond Lefèvre, en esta actuación para la televisión francesa de 1965.

Sin embargo, a las cinco de la mañana son muchos quienes se levantan para ir a trabajar. Para unos y para otros, el sueño se acaba. Una de las canciones que durante los hechos de Mayo del 68 fue adoptada por la juventud como una especie de himno es Il est 5 heures, Paris s’éveille (Son las cinco de la mañana, París despierta), de Jacques Dutronc, cantante de éxito que ya había conseguido un par de números uno en el ranking de canciones más escuchadas en Francia. Con letra de Jacques Lanzmann –inspirada en una canción de 1802, Tableau de Paris à cinq heures du matin, de Marc-Antoine-Madeleine Désaugiers–, miles de gargantas corearon “París despierta, París despierta” durante las manifestaciones.

Sea bajo el cielo, bajo los puentes, canalla o no, París fascina como pocas ciudades en el mundo. Como decía Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en la mítica película Casablanca “Siempre tendremos París”. Y es que París siempre será París. En francés, Paris sera toujours Paris, un éxito de 1939 de Maurice Chevalier (música de Casimir Oberfeld y letra de Albert Willemetz) con el que nos despedimos por hoy con esta alegre y contagiosa versión de Zaz, cantautora francesa que combina hábilmente el gypsy jazz, el musette, el swing y la chanson de toda la vida.

Passez une bonne journée.

Federico García Lorca. Cinco poemas, cinco canciones

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Federico García Lorca quería ser músico cuando era un muchacho. De hecho, estudió piano y fue alumno de Manuel de Falla. Su afición y formación musical se refleja en su poesía: “Si te fijas en los primeros escritos de Lorca, tanto en prosa como en verso, hay muchísimas referencias musicales: compositores, formas, elementos musicales… Federico en su adolescencia tenía en mente ser músico e irse a París a estudiar. La obra de Lorca tiene muy presente en su estructura una rítmica muy acentuada que se acerca mucho en su construcción de los versos a la rítmica musical”, dijo Marco Antonio de la Ossa (autor del libro publicado en 1978 Ángel, musa y duende: Federico García Lorca) en unas declaraciones al diario El País del 4 de marzo de 2015.

Tal vez por ello, García Lorca es uno de los poetas más musicados de la historia. Él mismo, al piano, grabó en 1931 junto a Encarnación López La Argentinita cinco discos gramofónicos de pizarra de 78 revoluciones por minuto que contenían una canción en cada cara. Eran estas Zorongo gitano, Los cuatro muleros, Anda jaleo, En el Café de Chinitas, Las tres hojas, Los mozos de Monleón, Los peregrinitos, Nana de Sevilla, Sevillanas del siglo XVIII y Las morillas de Jaén. Escuchamos a ambos en la grabación original de Anda jaleo.

La leyenda del tiempo es un poema que se incluye al inicio del tercer acto de Así que pasen cinco años, una obra de teatro con tintes surrealistas, cuyo subtitulo es el del poema, que Lorca calificaba de “teatro imposible” para su momento que solo se valoraría pasadas unas cuantas décadas. La escribió en 1931 pero que no pudo verla estrenada, ya que sería asesinado cinco años después. Con música de Ricardo Pachón, Camarón de la Isla la grabó en uno de los álbumes considerados más importantes de la historia del flamenco, siendo la canción que lo abre y la que le da título. En el vídeo que sigue –una actuación para el programa de TVE  300 millones en 1979– Camarón la interpreta (en playback) acompañado del grupo Dolores.

Otra canción que aparece la obra que acabamos de mencionar de Camarón es Mi niña se fue a la mar, uno de los poemas que se recogen en la obra de Lorca Canciones (1921-1924) a la que Paco Ibáñez puso música en 1964. Vemos a Ibáñez con su hija Alicia interpretándola en directo en un concierto que dio en el Palau de la Música de Barcelona en 2002.

Pequeño vals vienés –uno de los poemas que forman parte de su poemario Poeta en Nueva York, obra que se editó por primera vez el 24 de mayo de 1940 en inglés con el título The poet in New York and other poems– está fechado el 13 de febrero de 1930 y fue publicado originalmente en la revista 1616. En 1986, Leonard Cohen le puso música y nació la bella canción Take this Waltz. Con ella se abría el álbum que editó CBS con motivo del 50 aniversario del nacimiento de García Lorca Poets in New York, que recogía también versiones de otros poemas suyos realizadas por Mikis Theodorakis y Georges Moustaki, Patxi Andion, David Broza, Angelo Branduardi, Paco y Pepe de Lucía, Manfred Maurenbrecher, Víctor Manuel, Chico Buarque y Raimundo Fagner, Lluís Llach, y Donovan. Ese mismo año Columbia produjo el elepé de Cohen I’m Your Man, en el que se incluía la canción. La versión que hemos elegido es la del vídeo promocional de Poets In New York y se grabó en Granada. Cohen modificó parcialmente la letra*.

Vamos ahora con un tema popular andaluz que recuperó García Lorca y que grabó con La Argentinita en los discos gramofónicos de 1931 que comentábamos al principio. Nos referimos a Los cuatro muleros. Su intérprete en el vídeo que figura acto seguido –una producción de Juan Raya para Estudios Domi, de Morón de la Frontera– es Manolo Paradas, uno de los grandes del flamenco, quien la grabó en 2007 en su álbum Añoranza flamenca.

Finalizamos con la conocidísima La tarara, poema que Federico García Lorca escribió a partir de unas coplas populares posiblemente de origen sefardí. La versión que hemos seleccionado corre a cargo de Babel Ruiz –una voz repleta de matices que tiene una forma de cantar tremendamente personal, apasionada y precisa, cuyo repertorio abarca desde la canción protesta, la música mediterránea y el jazz– y se incluye en su álbum de este mismo año, 2016, Las manos de mi madre. La estupenda versión acústica que escuchamos no es la del disco sino una interpretación en directo en compañía del excelente guitarrista Javier Navarro.

Que disfruten de un buen día.

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* Este es el poema de Lorca: “En Viena hay diez muchachas, / un hombro donde solloza la muerte / y un bosque de palomas disecadas. / Hay un fragmento de la mañana / en el museo de la escarcha. / Hay un salón con mil ventanas. / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals con la boca cerrada. / Este vals, este vals, este vals, / de sí, de muerte y de coñac / que moja su cola en el mar. / Te quiero, te quiero, te quiero, / con la butaca y el libro muerto, / por el melancólico pasillo, / en el oscuro desván del lirio, / en nuestra cama de la luna / y en la danza que sueña la tortuga. / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals de quebrada cintura. / En Viena hay cuatro espejos / donde juegan tu boca y los ecos. / Hay una muerte para piano / que pinta de azul a los muchachos. / Hay mendigos por los tejados. / Hay frescas guirnaldas de llanto. / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals que se muere en mis brazos. / Porque te quiero, te quiero, amor mío, / en el desván donde juegan los niños, / soñando viejas luces de Hungría / por los rumores de la tarde tibia, / viendo ovejas y lirios de nieve / por el silencio oscuro de tu frente. / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals del “Te quiero siempre”. / En Viena bailaré contigo / con un disfraz que tenga / cabeza de río. / ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! / Dejaré mi boca entre tus piernas, / mi alma en fotografías y azucenas, / y en las ondas oscuras de tu andar / quiero, amor mío, amor mío, dejar, / violín y sepulcro, las cintas del vals”.

Esta, la adaptación de Cohen: “Ahora en Viena hay diez hermosas mujeres. / Hay un hombro donde la muerte viene a llorar. / Hay un vestíbulo con novecientas ventanas. / Hay un árbol, al que las palomas van a morir. / Hay un pedazo que fue arrancado por la mañana / que cuelga de una helada galería. / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals, toma este vals. / Tómalo con la pinza de sus mandíbulas. / ¡Oh! te quiero, te quiero, te quiero. / En una silla con una revista muerta, / en una cueva con un trozo de un lirio, / en algunos pasillos donde el amor nunca estuvo, / en una cama donde la luna ha sudado / en un sollozo lleno de pisadas y arena. / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals, toma este vals. / Toma su cintura rota en tu mano. / Este vals, este vals, este vals, este vals, / con su aroma a brandy y a muerte / arrastrando su cola hacia el mar. / Hay una sala de conciertos en Viena / donde tu boca fue mil veces criticada. / Hay un bar donde los chicos han dejado de hablar, / condenados a muerte por el blues. / Ah, pero ¿quién se sube a tu imagen / con una guirnalda de lágrimas recién cortadas? / ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals, toma este vals. / Toma este vals que ha estado muriendo durante años. / Hay un ático donde los niños están jugando / donde pronto tengo que acostarme contigo / en un sueño de linternas húngaras, / entre la niebla de una dulce tarde. / Y veré lo que has encadenado a tu desdicha, / todas tus ovejas y tus lirios de nieve. ¡Ay, ay, ay, ay! / Toma este vals, toma este vals, / con su ‘yo nunca te olvidaré, ya sabes’. / Este vals, este vals, este vals, este vals… / Y bailaré contigo en Viena, / llevaré un disfraz de río, / el jacinto silvestre en mi hombro, / mi boca en el rocío de tus muslos. / Y enterraré mi alma en un libro de recuerdos, / con las fotografías y el moho, / y me rendiré ante la inundación de tu belleza, / mi violín barato y mi cruz. / Y tú me llevarás con tu baile, / a las piscinas que levantas en tu muñeca. / ¡Oh! mi amor, oh mi amor. / Toma este vals, toma este vals. / Es tuyo ahora. /Es todo lo que hay”.