¿Qué razón, la suya o la nuestra?

―La situación se enmaraña a pasos de gigante ─se lamentaba Martha─. El mensaje chovinista y racista del nacionalsocialismo parece que cuaja cada vez más entre la opinión pública. Esta mañana, cuando compré el codillo, delante de mí había una mujer que pidió lo mismo. Nada más irse, la dependienta, que creo que es también la dueña, comentó con las clientas que quedábamos, tres éramos, que era judía y compraba cerdo para disimular. No pueden negarlo por mucho que se empeñen, dijo una, su físico ya les delata. Dijo delata. ¿Qué os parece? No pienso volver a comprar más en esa tienda.

―Todo esto se veía venir hace tiempo, pero nadie creía que llegaría a cuajar entre la población hasta este punto. Yo mismo era al principio de esa opinión. Los alemanes no se dejarán arrastrar por la agresividad y la xenofobia del mensaje de Hitler, pensaba. Ya sufrimos bastante con la última guerra. ¡Joder que no! Si parece que lo estaban deseando. Hace algo más de un año los nazis consiguieron ser el segundo partido del Reichstag con casi seis millones y medio de votos. Me temo que en las próximas elecciones esa cifra aumentará.

―La verdad es que no lo creo pero quiero creerlo, no lo sé, pero quiero confiar en que finalmente se impondrá la razón.

―¿Qué razón, Sam? ¿La suya o la nuestra? Me niego a creer que todo esto sea cosa de unos fanáticos a los que sigue un pueblo desorientado. Fanatismo… ¡No, no y no!  Hitler solo hace que reunirse con los principales magnates, recorre el país de un lado a otro buscando apoyos entre los hombres de negocios. Ellos temen al comunismo, y se los dan. Pero los comunistas ya no son los únicos enemigos, ahora lo son todos los que no comulgan con su credo y cualquiera que simplemente no sea como ellos, incluyendo su físico. A un amigo mío, que no es judío, los de las SA le dieron el otro día una paliza porque su aspecto así parecía indicarlo. No tuvo tiempo siquiera de explicarse. Tres costillas rotas, una ceja partida, moratones por todo el cuerpo. ¿Y la gente? Pues, ya ves, encantada.

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird), nueva edición 2019.

Harlem Nocturne

Otro video. Hoy muy distinto al de ayer excepto en una cosa: la buena música. Harlem Nocturne, la sensual melodía que recoge el de hoy, es un estándar de jazz que compuso en 1939 Earle Hagen, al que luego añadió letra Dick Rogers, para la orquesta de Ray Noble, en la que el primero tocaba el trombón por entonces, siendo elegida por el líder de la big band, Randy Brooks, al año siguiente como su tema principal y grabada en disco. Hagen escribió la canción como un tributo al saxofonista Johnny Hodges, conocido por su trabajo en solitario con la banda de Duke Ellington.

No obstante, la popularidad que alcanzó Harlem Nocturne se debe principalmente a la grabación que llevaron a cabo The Viscounts en 1959. Tres años antes, sin embargo, la había grabado otro gran saxofonista, Illinois Jacquet (1922-2004), y como quiera que su versión es mi preferida es la que he elegido para confeccionar este vídeo acompañada de imágenes de varios clips de YouTube (Harlem Renaissance) y de la película Scarface (1932), dirigida por Howard Hawks.

¿HACE CALOR? PUES ¡DEJA QUE NIEVE! (LET IS SNOW!)

Es probable que al ver el video que figura bajo estas líneas no entiendan gran cosa. Prueben. ¿Nieve y sol tórrido al mismo tiempo?

Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!, o simplemente Let It Snow (Deja que nieve) es una canción de Jule Styne con letra de Sammy Cahn, uno de sus preciados colaboradores. La consideramos una canción navideña, pero nada más lejos de la intención de sus autores. Esta que sigue es la historia de la canción.

Sucedió un día de julio de 1945, uno de los días más calurosos que se recuerdan en California desde que se tienen registros, un día, pues, tan bochornoso como los que estamos pasando ahora con la puñetera ola de calor que nos invade, nos agota y abate. No son, obviamente, estos días los más propicios para dar rienda suelta a la creatividad, pues sabido es que el calor excesivo embota los sentidos, nos aturde y dificulta pensar con claridad. Mas no a todos. ¿Verdad que los niños no dejan de jugar por mucho calor que haga? Algo parecido sucede con las personas hiperactivas, y Jule Styne –el compositor de la melodía de Let is Snow! y de otras canciones como Diamonds Are a Girl’s Best FriendThree Coins in the Fountain o Just in Time y musicales como GypsyGentlemen Prefer Blondes o Funny Girl– lo era, y como suele ser habitual entre los poseedores de tal carácter –y algo de eso sé por mi propia experiencia– hablaba en un tono muy bajo y con una vocalización muy mala, por lo que muchas veces lo que decía resultaba ininteligible.

Pues bien, a Jule Styne y a su amigo el letrista Sammy Cahn –que residían en Hollywood por motivos profesionales– les dio por imaginar que se encontraban en un frío lugar en el que estaba nevando. Los niños y los adultos hiperactivos suelen tener algo en común: la imaginación y la fantasía siempre están activas, lo que fomenta la creatividad. La imaginación, la fantasía, pueden ser una fuga de la realidad, pero en interacción con ella pueden, por esto mismo, crear cosas geniales, como la canción que nos ocupa.

La imaginación lo puede todo, pues todo es cuestión de la mente, se dice. A mí me ha funcionado. Eso sí, he de confesarles que tengo puesto el aire acondicionado.