Ópera imaginaria. Una maravilla para iniciar a los niños en la ópera.

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Doce conocidas arias de doce famosas óperas –PagliacciRigolettoCarmenLas bodas de FígaroMadama ButterflyLos pescadores de perlasLa flauta mágicaLa CenicientaFaustoLa TraviataLakmé y Tosca– son las que figuran en la película de animación Ópera imaginaria (Opéra imaginaire es su título original), que coordinó el especialista en animación Pascal Roulin para la televisión pública francesa en 1993 y contó con otros once directores más (uno por aria).

En la línea de las películas de Disney Fantasía (1940) y de la italiana de Bruno Bozzetto Allegro Non Troppo (1976), ambas también de animación, el propietario de esta Ópera imaginaria va presentando a los espectadores diversas arias y explicando sus argumentos y personajes. Se consigue así una uniformidad dentro de la diferencia, ya que los doce cortos que recrean los doce fragmentos están realizados con técnicas distintas, como el stop motion o la animación en 3D. Todos ellos muy logrados y perfectamente ensamblados con la música, que cobra más belleza si cabe. Sus cincuenta minutos de duración seguro que les pasarán en un santiamén, como a los niños que la vean (en principio, sus lógicos destinatarios; claro que esto ya no depende de ellos sino de ustedes).

De estos doce fragmentos hemos seleccionado ocho –aquellos de mayor calidad dentro de los disponibles– y los hemos ordenado no como en la película –en ella aparecen tal mencionábamos las óperas al principio– sino en función del año en que se estrenó cada una de las óperas a las que pertenecen.

Comenzamos con “Voi che sapete che cosa è amor” (Qué sabéis vos lo que es el amor), aria de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte que se basa en la comedia teatral de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais del mismo título (1874). Mozart compuso la partitura entre 1785 y 1786 y la ópera se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor. La voz que escuchamos es la de la soprano y mezzosoprano belga especializada en repertorio francés, de Mozart y contemporáneo Suzanne Danco (1911-2000).

También de Mozart es “Bald prangt, den Morgen zu verkünden… Du also bist mein Bräutigam” (Pronto, anunciando el mañana… Pues eres mi novio). Esta es de su ópera cómica La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Interpreta la aria Lucia Popp (1939-1993), popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura.

“La donna è mobile” es una aria de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto, basada en la obra teatral de Victor Hugo Le roi s’amuse (1832), y se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851. Es su intérprete el gran tenor sueco Nicolai Gedda, una de las más voces más versátiles de la historia de la ópera, la belleza de cuyo tono es única.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, la ópera más famosa de Verdi, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara una soprano que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. En esta ocasión escuchamos al coro y orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma.

“Avec la garde montante” (Con la nueva guardia) es una aria de la ópera de Georges Bizet Carmen (libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac), basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en marzo de 1875. La interpreta el coro infantil parisino Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois, cuya fundación se remonta a 1907.

Muy hermoso, y muy conocido e interpretado a menudo como pieza suelta en concierto, es el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. Lo escuchamos por las sopranos francesas Mady Mesplé y Danielle Millet.

De Tosca es la aria “E lucevan le stele” (Y las estrellas brillaban), ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa que fue estrenada con éxito en Roma el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887. La voz es la del tenor italiano Carlo Bergonzi (1924-2014).

Terminamos con otra aria de Puccini: “Un bel dì vedremo” (Un buen día), de Madama Butterfly, ópera que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. Lo interpreta la soprano estadounidense Felicia Weathers.

Que pasen un buen  día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, seguro.

Count Basie

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Count Basie en Hamburgo (1974). / Heinrich Klaff.

Nacido como William Basie en 1904, este pianista, director de big band y compositor estadounidense –al que conocemos como Count Basie– es una de las grandes figuras de la historia del jazz. Pronto se le empezó a llamar El Conde por su porte aristocrático. Era a finales de la década de 1920 y se dedicaba a actuar como pianista –su madre, que también lo era, le enseñó a tocar el piano desde bien pequeño– en los arrabales de Kansas City, formando parte de bandas populares y acompañando a artistas de vodevil.

Basie era también majestuoso tocando el piano y destacaba por encima de los demás. Acompañó también a Bessie Smith y en 1926 ingresó en la banda de Walter Page, en Kansas City. En 1934 pasó a las filas de la banda de Benny Moten y comenzó a pensar en su propia formación, que –con el nombre inicial de Barons of Rhythm– creó a finales de 1936 y a la que se incorporaron muchos antiguos miembros de la banda de Moten como Walter Page (contrabajo), Freddie Green (guitarra), Jo Jones (batería) y Lester Young (saxo tenor). Jimmy Rushing era el cantante. Cuando les escuchó el cazatalentos y productor John Hammond les recomendó a varios agentes y compañías discográficas. El éxito acompañó a El Conde el resto de su vida.

Como pianista, Count Basie poseía un estilo potente, lleno de swing. Sobresalió tanto como solista como director de su big band, especialmente por sus arreglos musicales. Su estilo interpretativo se caracteriza por la repetición de una serie de riffs, breves frases rítmico-melódicas a manera de ostinato, que variaba inesperadamente con la introducción de un acorde original e impensado.

Realizó innumerables giras por el mundo, rodó varios filmes, grabó miles de discos y actuó con las grandes estrellas de la canción estadounidense como Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Sarah Vaughan o Frank Sinatra, entre otros. A mediados de la década de 1970 su salud empezó a deteriorarse, tras sufrir un ataque al corazón en 1976. Murió de cáncer de páncreas en Hollywood, en 1984.

Vamos a deleitarnos hoy con esta leyenda del jazz interpretando algunas de las melodías que compuso él mismo y otros conocidos estándares del jazz. Comenzamos con un tema de Basie de 1937, One O’Clock Jump, cuyo origen dimana de los diversos riffs que interpretaban los miembros de su orquesta y que un buen día dos de ellos, Eddie Durham y Buster Smith, sugirieron y ayudaron a Basie a darles forma. One O’Clock Jump fue el tema con que la Orquesta de Count Basie cerró sus conciertos durante más de cincuenta años, aun habiéndola interpretado ya en la función. La actuación que recoge el vídeo corresponde a una secuencia de la película de 1943 Reveille with Beverly, que dirigió Charles Barton y protagonizaron Ann Miller, Franklin Pangborn y Larry Parks.

Con similar criterio compuso Basie un año después, en 1938, Jumpin’ at the Woodside, magnífico tema en el que los riffs de los miembros de la orquesta van sucediéndose hasta llegar al clímax final con la suma de todos ellos. Jumpin’ at the Woodside y O’Clock Jump contribuyeron en gran medida al definitivo lanzamiento nacional e internacional de la big band. Escuchamos Jumpin’ at the Woodside durante un concierto que Basie y su orquesta dieron en Londres en 1965 y que registró la BBC.

A la misma actuación corresponde el vídeo que sigue en el la Orquesta de Count Basie nos ofrece esta cuidada versión de All of Me, canción que escribieron Gerald Marks y Seymour Simons en 1931 y que, merecidamente, se ha convertido en unos de los grandes estándares del jazz.

También de 1965, y para la BBC, Basie interpreta –con su orquesta– una muy, pero que muy, hermosa canción, April in Paris, que escribieron Vernon Duke (música) y E.Y. Harburg (letra) y se estrenó como número de Walk a Little Faster (1932), una revista musical con sketchs de S.J. Perelman y Robert MacGunigle.

Sonny Cohn, Pete Minger, Darle Carley y Bob Summers (trompetas), Bill Hughes, Dennis Wilson, Grover Mitchell y Booty Wood (trombones), Danny Turner (saxo alto), Bobby Plater (saxo alto, fiscorno), Kenny Hing (saxo tenor), Eric Dixon (saxo tenor, fiscorno), John Williams y Cleveland Eaton II (contrabajos), Freddie Green (guitarra) y Gregg Field (batería) son los integrantes de la big band de Count Basie (al piano) que interpretan el gran estándar de jazz Sweet Georgia Brown –composición de 1925 de Ben Bernie y Maceo Pinkard (música) y Kenneth Casey (letra)– durante un concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York el 20 de marzo de 1981.

Escuchamos ahora a Basie y su orquesta acompañando a Ella Fitzgerald en esta estupenda canción que es Satin Doll (música de Duke Ellington y Billy Strayhorn, letra de Johnny Mercer) en 1953. La grabación es de 1963.

Y ahora acompañando a Frank Sinatra en un tema de Cole Porter de 1936, I’ve Got You Under My Skin, que formó parte de la banda sonora de la comedia musical que dirigió Roy Del Ruth Born to Dance (Nacida para la danza), en la que la interpretaba Virginia Bruce. I’ve Got You Under My Skin es una de las grandes canciones que asociamos a Frank Sinatra. La actuación tuvo lugar en St. Louis (Estados Unidos) en 1965.

Finalizamos la entrada con El Conde en su faceta de pianista con una reducida formación, un cuarteto, en un éxito de 1936, These Foolish Things (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad. La actuación tuvo lugar durante el festival de jazz de Montreux de 1977. Los integrantes del cuarteto son, además de Basie, Benny Carter (saxo alto), Ray Brown (contrabajo) y Jimmie Smith (batería).

Feliz domingo o feliz puente, según sea su caso.

El síndrome del corazón roto y la verruga puñetera

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No entraré en los anales de la literatura, pero puede que sí en los de la medicina. Síndrome del corazón roto se llama lo que ha hecho que me hospitalizaran en el pabellón de cardiología del clínico de Valencia. Ni idea de que existía esta cardiopatía de nombre tan poético. Claro que esta es una de las maneras corrientes de denominar lo que científicamente se conoce como miocardiopatía de Takotsubo.
Pero antes de seguir quiero dar las gracias desde lo más profundo de este corazón roto a todos cuantos habéis comentado la entrada en la que decía que estaba hospitalizado, clicado el ‘me gusta’, compartido o simplemente leído. Y disculpad que no os conteste uno a uno y os corresponda como merecéis en vuestros blogs, pues no es demasiado el tiempo que puedo estar escribiendo.
Continúo con el síndrome. Se desencadena a causa de un elevado estrés emocional y es poco frecuente, sobre todo en hombres. Ese estrés emocional, en mi caso, es fruto de una continuada decepción respecto a determinados comportamientos de aquellos que dicen ser amigos o compañeros en quehaceres diversos. ¡Qué quieren que les diga! Uno es así de sensible. ¿Y saben qué? Orgulloso de serlo. Aunque conlleve cierto ostracismo. Como dijo Pessoa, “el mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad”.
Ya cuando estaban a punto de darme el alta me hicieron una resonancia magnética. Por si acaso. Mas hete aquí que para sorpresa de todos –médicos incluidos– apareció una verruga en el corazón que igual estaba ahí desde que nací y que el síndrome hizo que ‘despertara’ y provocara un pequeño infarto. No conocen en el Hospital Clínico Universitario de Valencia un caso semejante. De hecho, esta misma mañana ha venido a verme un cirujano de cardiología para pedirme permiso a fin de exponer mi caso en un congreso científico. Por eso les decía al principio que no entraré en los anales de la literatura pero, posiblemente, sí en los de la medicina.
Este pequeño infarto no ha sido por fumar, por beber, por llevar una vida sedentaria o por sobrepeso. Ha sido, como les decía, por un desmesurado estrés emocional. Mis arterias están perfectas y llevo vida normal. Sin salir del hospital, claro. Pero salgo a la calle a fumar –los médicos lo saben– y como lo que me viene en gana.
Me acosejaron que, de todos modos, me operara para que me quitaran la verruga (o pequeño tumor benigno) por si algún día volvía a ‘despertar’ la puñetera verruga y tener consecuencias más graves. También podría ser que nunca más se manifestara. Pero… Así que me operarán el martes por la tarde y una semana después a casa y a seguir con la vida normal (sin hacer esfuerzos ni nada de eso, por supuesto). Por lo demás como antes, o como ahora, pues en cuanto acabe de publicar esto voy a salir a fumarme un cigarrillo.
Espero seguir publicando hasta que me operen pero no estoy seguro de ello. Por falta de medios. Escribo con un ordenador que va a pedales, aquí no hay wifi y utilizo un pincho, y también al hacer poca actividad física mis dos hernias discales cervicales se resienten. Si no, hasta finales de este mes o principios del próximo.
Gracias a todos y reitero mis disculpas por visitar menos vuestros blogs. Un abrazo a todos.