…Y los árboles se suicidaron

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Raico Rosemberg ©

Hartos de que se les esquilmara y se les convirtiera en papel, de que sobre este se imprimieran informaciones y noticias interesadas y tergiversadas, opiniones travestidas de objetividad y análisis disfrazados de cientificidad, hartos de que se les usara en forma de libros, diarios y revistas para satisfacer bastardos intereses de tanto mediocre meritócrata, de ser vehículo de vanaglorias y vacuidades, antes de acabar llenos de polvo y moho en cochambrosos almacenes, los árboles entraron en una profunda depresión y terminaron suicidándose.

Tolerancia

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“Drones” (2011) / Tommy Ingberg.

Seamos tolerantes. Con nosotros mismos y con los demás. Enseñemos a ser tolerantes, que todo el mundo sea tolerante: los que trabajan diez, doce o más horas a cambio de unos pocos euros al mes, los parados, los migrantes, los que huyen de la miseria, las víctimas de las guerras, los que carecen de techo, los que pasan hambre. Aprendamos todos a ser tolerantes. Desde nuestra más temprana infancia. Con un buen entrenamiento todo cabe. Está todo previsto, calculado, no debemos preocuparnos. Para ello están los guardianes de la tolerancia, expertos que administran ya desde la escuela dosis suficientes de catatonía que nos permitan ser tolerantes hasta con lo intolerable, pues al fin y al cabo ¿quién somos nosotros para decir qué es intolerable? Dejemos a los educadores, a los profesionales y a los políticos que hagan su trabajo y no nos preocupemos si alguna vez olemos la mierda, es un buen indicio: sabremos donde está y no nos mancharemos con ella.

Precaución

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“Mío”. Artur Heras.

Hay que ser precavidos. Si no lo eres tendrás tu castigo. Nos lo dice la Medicina: no abuses, contrólate, nada de extremos, no fumes, no bebas. Eso no tiene mérito, así cualquiera. Si te portas mal morirás. Medicina y religión se dan, pues, la mano. Miedo, amenazas, precaución. “Haga ejercicio, fume menos y reduzca el consumo de alcohol”, decía el último informe de Medicina laboral (años ha). Y sin pudor o vergüenza alguna acababa con un “apto para el trabajo”. ¡No te jode! Eso ya lo sabía yo. Para esa estupidez no me hace falta ningún médico, ningún gurú. Dejaros de chorradas y ayudad a la gente a disfrutar un poco de la vida: tome tal pastilla, o tal potingue, o venga una vez al mes, o cuando corresponda, y le desintoxicaremos, sin pagar, por la Seguridad Social (de otro modo ya puede hacerse; ya hay quien puede hacérselo, mejor dicho), no se preocupe, hemos avanzado mucho, tenemos remedio para que no deje el placer, el suyo, aunque no sea el mío. La ciencia al servicio de la humanidad. La Medicina aliada del placer. Imposible. Medicina preventiva, medicina laboral. Trabajo y luego descanso. Si no se descansa no se rinde, no se produce, y no puede darse la entente cordiale entre los que no han llegado alcanzar la luz pero son los que suministran la energía y los que disfrutan de un todo luminoso y tienen la llave del interruptor.

Es posible que esté siendo injusto con la Medicina, no en los términos en que a ella me refiero sino al aislarla así de las otras ciencias, o disciplinas, o como se las quiera llamar. Quien puede permitirse un buen abogado podrá eludir penas, quien puede contratar un buen arquitecto tendrá una estupenda casa, un buen economista conseguirá que pagues poco a Hacienda y te aconsejará como invertir el dinero negro, buenos profesores te garantizarán una buena educación. Ciencias, disciplinas, o como se las quiera llamar, abstracciones al fin y al cabo, pura metafísica, presuntas realidades intangibles. No es cuestión de profesiones, sino de profesionales. Así que sé precavido, cuídate, trabaja, ahorra… Y que la rueda siga girando.