¿Cómo va a existir si lo habéis eliminado al igual que mi cuenta?

Esta nota se lee ahora cinco veces en mi blog, cinco veces que corresponden a cinco videos que tenía publicados en Vimeo y han sido eliminados por los responsables de los contenidos de dicha plataforma: Los gavilanes, My Heart Belongs to Daddy, El orden natural de las cosas (Network) y An allem sind die Juden schuld (dos versiones).

Y no solo estos cinco, también mi cuenta y los demás vídeos que había subido. Me enterado de casualidad, buscando hace unos días otra cosa en el blog, pues no recibí ninguna notificación suya sobre tal medida. Afortunadamente no eran muchos, trece, pues solo usaba Vimeo para alojar aquellos vídeos que no podía subir a YouTube por problemas de copyright o porque ya me habían censurado el que hice con la canción de Friedrich Holländer An allem sind die Juden schuld (Los judíos tienen la culpa de todo) por infringir “nuestra política sobre incitación al odio”.

Tras el desatino que supone calificar de incitación al odio un vídeo con una canción de Holländer –uno de los mejores compositores de la época dorada del cabaret berlinés, judío, que, en marzo de 1933, con el nacionalismo en pleno apogeo, se vio obligado a huir, exiliándose en Estados Unidos, donde continuó su carrera en el cine– acompañada de fragmentos de filmaciones de la época sobre el genocidio nazi, pensé en ‘pasarme’ a Vimeo. Mas Vimeo solo permite subir vídeos de forma gratuita con un límite de 500 megas semanales y son muchos mis vídeos que uno solo ya supera los 500 megas. Si quieres más has de pagar. Y por eso no lo hice. Menos mal.

¿Por qué habrán cerrado mi cuenta? ¿Cuál es el vídeo ‘responsable’? Ni pajolera idea, pues esta es cuanta información tengo:

No obstante, estoy convencido de que se trata de Los gavilanes, el último que subí. La ‘pista’ me la ha dado este ver el siguiente texto:

¿Qué decía la canción de Kojón Prieto y los Huajolotes, álbum ¡Salud, cabrones!?

Camino a las alturas se ven los gavilanes.

Se pierden en las nubes y se acercan al sol.

Regresan pensativos mirando al infinito,

no saben si en la lucha alguno se quedó.

Según sus propias leyes aplican la justicia,

poniendo por delante su noble corazón.

Las garras afiladas, ya prontas al ataque,

esperan el momento para entrar en acción.

¡Vuelen, vuelen, gavilanes,

a pelear por la razón!

No es vergüenza ser bandido

si se roba al que es ladrón.

¡Vuelen, vuelen gavilanes

y no dejen de pelear!

Que la suerte de los pobres

en sus manos va a quedar.

Que prendan las hogueras detrás de la cascada,

que todas las estrellas comiencen a brillar,

Que suenen las guitarras y canten sus recuerdos,

que al fin los gavilanes también saben amar.

Que venga el centinela y también que se divierta,

que estemos todos juntos, mañana Dios dirá.

Y cuando el sol se asome y acabe con la noche,

Entonces, gavilanes, ya es hora de pelear.

¡Vuelen, vuelen gavilanes,

a pelear por la razón!

No es vergüenza ser bandido

si se roba al que es ladrón.

¡Vuelen, vuelen gavilanes

y no dejen de pelear!

Que la suerte de los pobres

en sus manos va a quedar.

En cuanto a las imágenes eran fragmentos de noticiarios televisivos en las que se veía a jóvenes (la mayoría con el rostro cubierto) enfrentándose a la policía, arrojándoles cocteles molotov (alguno de los cuales impactaban contra sus lecheras), rompiendo lunas de bancos, rompiendo cajeros automáticos… En fin, nada que no sea frecuente ver en programas informativos.

¿Recuerdan la nota anterior? ¿Recuerdan que preguntan ‘¿En qué podemos ayudarte?’ y acto seguido ‘Preguntas jurídicas / denunciar una infracción’? Pues por aquí creo que van los tiros. Lo cierto es que cuando lo publiqué algo de esto me temía, por eso ni se me ocurrió subirlo a YouTube. Total: que algún (o alguna) comehostias, alguna ‘mente biempensante’ (es decir, carente de pensamiento propio), denunció ‘una infracción’. La verdad es que lo tenía a huevo para tocarme los míos.

No pienso recurrir la decisión. Ya sé el resultado, ya me pasó con YouTube. Me gustaría volverlos a publicar, ¿pero dónde? En fin, si alguien conoce otra plataforma menos ‘puntillosa’ y me lo hace saber le estaré muy agradecido.

Que pasen un buen domingo.

¿Bulo o verdad?

Resulta que la Cadena SER (Sociedad Española de Radiodifusión) informó ayer, 20 de abril, de la existencia de un correo de la Guardia Civil remitido a las diferentes comandancias en el que insta a sus unidades a identificar noticias falsas y fake news “susceptibles de provocar estrés social y desafección a instituciones del Gobierno». Fechado el pasado 15, insta a los agentes a la “identificación, estudio y seguimiento en relación con la situación creada por el COVID-19 de campañas de desinformación, así como publicaciones desmintiendo bulos y fake news susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Gobierno”. La finalidad es realizar un gran informe que correría a cargo de la Unidad de Coordinación de Ciberseguridad, que en informes previos describe la desinformación como “conjunto de publicaciones en Internet, principalmente en redes sociales, de noticias falsas, medias verdades o información altamente subjetiva presentada como objetiva, con una finalidad desestabilizadora, de polarización de la opinión pública en asuntos de interés general, o de estrés social, quebrando la confianza en los poderes y representantes públicos».

Igual que el GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) tratan de identificar mensajes falsos difundidos en internet y a través de las redes sociales que van desde teorías conspiratorias hasta narrativas que buscan perjudicar la imagen de los gobiernos e instituciones.

Pues nada. Vamos a ver si es cierto y son capaces de determinar qué es un bulo y qué no. ¿Es bulo el siguiente apunte o es “información altamente subjetiva presentada como objetiva”, como señala el correo en cuestión?:

Los políticos españoles, sin excepción, son extraordinarios. Y el rey, por supuesto. Y la familia real. Son más que buenos. Son fantásticos. Son tan ecuánimes, rectos y versados, que saben de todo e igual sirven para un roto que para un descosido. Muestran tanta eficacia que, luego, las empresas privadas y grupos financieros se los rifan, pues es sumamente difícil encontrar gente de tanta valía y con tanta formación. Los organismos y entidades –sean públicos o privados– también tienen su corazoncito y son conscientes de que “este virus lo paramos unidos”. Todos a una, como en Fuenteovejuna, saldremos de esta esta infausta situación más fortalecidos. Construiremos un mundo nuevo, un ser humano nuevo, y la solidaridad y la cooperación se convertirán en valores irrenunciables.

Todo ello se lo debemos a nuestros entregados políticos. ¡Para que luego hablemos mal de ellos y critiquemos su gestión! Admitamos de una vez nuestra inferioridad moral e intelectual y reconozcamos su infinita superioridad. No nos los merecemos. Son excelsos y sabedores de la verdad. ¿Qué haríamos sin ellos? ¿Quiénes somos para cuestionarlos y decir o publicar fake news que contradigan su criterio y el de las sabias instituciones y organismos internacionales? Nadie, no somo nadie. Así que no hay nada que decir. ¡Y punto en boca!

Lolita y la censura

lolita

Dominique Swain en “Lolita” (1997).

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta (…) Era Lo, sencillamente Lo, un metro cuarenta y ocho de estatura con los pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

Así empieza una de las novelas más controvertidas y admiradas de la literatura contemporánea, Lolita, editada por primera vez en septiembre de 1955. Su autor, Vladimir Nabokov (1899-1977) era un migrante ruso que, con su familia, se exilió en Alemania en 1919 y en 1940 se estableció en Estados Unidos tras haber estudiado filología en Cambridge, si bien en 1959 se trasladó a Suiza, en donde vivió hasta su muerte. Los protagonistas de su obra son generalmente personajes que viven una pasión anormal en mundo de aparente normalidad, normalidad que no es otra cosa que la manifestación de las conveniencias sociales y la moral burguesa. Lolita –la novela más célebre de cuantas escribió– es un evidente ejemplo de ello. Subtitulada «Confesiones de un viudo de raza blanca», es una embriagadora mezcla de apología, diario de prisión y súplica al jurado que juzga al profesor de literatura Humbert Humbert –que hace él mismo– y relata su historia de amor con una adolescente de 12 años que, además, es su hijastra.

Olympia Press

Primera edición de “Lolita”.

En la primavera de 1954, Nabokov tenía listo ya un primer manuscrito y lo presentó a cuatro editoriales (Farrar Straus, Viking, Simon & Schuster y New Directions). Ninguna lo aceptó. “¿Crees que estoy loco?, le dijo uno de los editores. Otros expresaron su temor a la censura e incluso a acabar en prisión. Finalmente consiguió que un año después una pequeña editorial francesa, Olympia Press, especializada en literatura erótica y que publicaba libros en inglés con el fin de burlar la prohibición que pesaba sobre ellos en Estados Unidos y Gran Bretaña, llevase a cabo una tirada de cinco mil ejemplares en dos volúmenes, aunque plagada de errores tipográficos. Salió a la venta en septiembre de 1955 y le edición se agotó pronto. Uno de quienes la leyó fue Graham Greene, que para la selección que hizo el periódico británico The Sunday Times sobre los mejores libros del año eligió Lolita. Enseguida, el Sunday Express reaccionó y su director dijo de la novela que era “el libro más sucio que he leído”, “pura pornografía desenfrenada”.

Portada de “Lolita”, edición de Vintage International de 1997. Fotografía: Andrea Gentl.

Portada de “Lolita”, edición de Vintage International de 1997. Fotografía: Andrea Gentl.

Durante dos años, las copias de Lolita fueron proscritas por las autoridades y perseguidas por las costumbres británicas. En Estados Unidos la primera edición la llevó a cabo Putnam en agosto de 1958, cuando el macartismo estaba ya en horas bajas. El libro fue un éxito, se sucedieron varias ediciones más y se dice que de Lolita se vendieron más de cien mil ejemplares en sus primeras tres semanas, algo que no sucedía desde que en 1936 se publicó Lo que el viento se llevó. Lolita entraba en la mitología literaria.

La censura siguió, no obstante, persiguiendo a Lolita. Así, cuando en 1962, con guión del propio Nabokov, Stanley Kubrick la llevó a la gran pantalla tuvo que sortear varios problemas con la censura como elevar la edad de la protagonista o la negativa de varios actores para interpretar el papel de Humbert. Finalmente se eligió a Sue Lyon para encarnar a Lolita. Sue tenía en ese momento 17 años y, por ser menor de edad, no pudo asistir al estreno. Aunque cuando comenzó el rodaje eran 15, su aspecto la hacía mayor de lo que en realidad era. Ya sé que una cosa es el cine y otra la literatura, que son lenguajes diferentes, pero entonces habrá que convenir que hablamos de los lolitas distintas. La original no es creíble viendo a Sue Lyon, es otra Lolita.

Con el filme de Kubrick, la popularidad de Lolita aumentó, se llevaron a cabo nuevas ediciones y lolita –ahora en minúscula– pasó a ser una nueva voz en los diccionarios mediante la cual se define a una “mujer adolescente, atractiva y seductora”. Al menos así lo hace la Real Academia Española.

La censura estadounidense volvió a cebarse con Lolita treinta y cinco años después. Contra todo pronóstico, Adrian Lyne –director de películas tan taquilleras como infumables como Nueve semanas y media– estrenó en 1997 una versión –puede que lo mejor que haya hecho, lo que tampoco es decir gran cosa– en la que Lolita sí parecía ser esa joven ninfa por la que perdió la cabeza Humbert Humbert (Jeremy Irons en la película). Y es que Dominique Swain, a pesar de contar con la misma edad que Sue Lyon cuando comenzó el rodaje y de que también se elevó esta a 14 años el filme, sí daba la imagen de adolescente procaz y seductora que tan magistralmente describió Nabokov. Por ello, en Estados Unidos no se estrenó hasta un año y medio después, pues no encontraba distribuidora. Lyne –también director de las exitosas Flashdance, Atracción fatal y Una proposición indecente– se convirtió, a causa de ello, en el director de una de las películas menos taquilleras de la historia. Con un presupuesto de 58 millones de dólares, apenas recaudó en Estados Unidos un millón y medio.

“Deseo que esta memoria se publique cuando Lolita ya no viva”, puso Nabokov en boca de Humbert Humbert al final de la novela, una obra maestra sin duda a la que la censura –es lo que tiene cuando se prohíben las cosas– ayudó a encumbrar.