Esperando a los Reyes Magos

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Cigarrillos, whisky y chavalas

te tejan grogui y te vuelven un tanto loco.

Cigarrillos, whisky y chavalas.

Si esta es tu vida

tienes razón para amarla.

Sabes que fumar es malo para la voz,

que el alcohol no es bueno para el hígado,

que las chavalas son fatales para el corazón,

pero quien prueba las tres cosas dice que no hay nada mejor.*

Así es, señores Reyes. Supongo que lo saben. Son magos, no mojigatos. Digo. No sé. No tengo el placer de conocerles, aunque una vez fui uno de ustedes por unas horas: Baltasar. Fue un día inolvidable, una auténtica gozada. Ya ven, yo creo en ustedes. No soy eso que se dice “un dechado de virtudes”, pero tampoco me he portado tan mal. Es más, en comparación con tanto cabronazo como hay mi comportamiento ha sido ejemplar. Si els fills de puta volessin no veuriem mai el sol, canta Pi de la Serra (no se lo traduzco, pues ustedes saben todos los idiomas).

Por esto no entiendo como no me traen lo que les pido, pues ya es la tercera vez que lo hago. La primera vez me respondieron preguntándome qué había pasado, porque había cambiado mis deseos, pues antes pedía cosas como la paz, la igualdad, la solidaridad… Les contesté –¿recuerdan?– que ya estaba cansado de hacerlo. Año tras año, con toda humildad, sin ningún resultado. A punto estuve de responderles como a mis congéneres, a quienes también pido estas estas cosas con idénticos resultado: ¡que les den! No lo hice, por educación y por afecto y respeto hacia ustedes. La segunda se portaron mejor. Estupendos habanos, excelente whisky de las Highlands. Eso sí, de chavalas nada de nada, que me las apañe como pueda, decían. Y me recordaban también que ahora son reyes y reinas, magos y magas, tachándome de sexista y advirtiéndome de que al próximo año, si volvía a dirigirme a sus majestades en los mismos términos, me dejarían sin nada.

Me parece que aquí hay un malentendido, señores Reyes, o señoras Reinas, y confío en que en esta ocasión entiendan de otro modo lo que les pido. Así pues, espero impaciente mañana su respuesta.

* De la canción “Cigarettes, whisky et p’tites pépées” (1947, música de Tim Spencer, letra de Jacques Soumet y François Llenas), que interpretaba Annie Cordy en la película del mismo título (1959), lo que la hizo tremendamente popular.

Brasil: 30 canciones VI (y última) (26-30)

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Con la entrada de hoy finalizamos esta serie de seis dedicada a la música popular brasileña iniciada el pasado 17 de noviembre para cuya selección he seguido un criterio muy simple: aquellas versiones que más me gustan de las canciones que más me gustan.

“Después de su época dorada, entre 1958 y 1964, el movimiento de la bossa nova perdió impulso, pero todos los músicos que vinieron después [lo veíamos en la anterior entrada] se nutrieron de sus sofisticadas armonías. Músicos jóvenes que antes de la bossa nova habrían buscado novedades en el extranjero empezaron a buscarlas dentro de Brasil, dentro de ellos mismos. En los años siguientes, muchos artistas, cuando se les preguntaba sobre los inicios de su interés por la música, contestaban: ‘Bueno, todo empezó con la bossa nova’” (Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988).

En la década de 1980, a juicio de algunos críticos, la música popular brasileña empobreció y se volvió mediocre. No sé si tanto, pero lo cierto es que –junto a éxitos como la lambada– tuvo lugar una explotación comercial de la musica sertaneja (canciones tradicionales del mundo rural, una especie de country brasileño), generalmente interpretada por dúos, que proporcionó pingües beneficios a las discográficas y a las cadenas de radio y televisión; nacieron numerosos grupos de pagode (un nuevo estilo de samba surgido en Rio a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980) que, salvo alguna que otra excepción –pienso en Zeca Pagodinho–, recurrían a los tópicos más conocidos y extendidos (bailarinas semidesnudas acompañándoles, mulatas normalmente), y hubo una breve explosión del funk que protagonizaron músicos procedentes de las clases más pobres sin, por desgracia, ninguna cultura musical. Así las cosas, los compositores e intérpretes de la música popular brasileña vieron cómo, más que disminuir, que también, su notoriedad se diluía en un mar de mediocridad. Por supuesto, estos prosiguieron su trayectoria y lanzaron grandes álbumes como Alibí (Maria Bethânia, 1978), Chico Buarque (Chico Buarque, 1978), Sentinela (Milton Nascimento, 1980), Cinema Transcendental, Outras palavras y Estrangeiro (Caetano Veloso, 1979, 1981 y 1989), Aquarela do Brasil (Gal Costa, 1980), Edu & Tom (Edu Lobo y Tom Jobim, 1981) o Passarim (Jobim, 1987), entre otros. Ahora bien, muchas de las canciones que en ellos se incluyen son versiones de melodías compuestas anteriormente y ya grabadas.

Llegados a este momento, la autoría de las últimas cinco canciones seleccionadas para este periodo que va de finales década de 1970 a principios de la de 1980 es de solo dos compositores, Antonio Carlos Jobim y Caetano Veloso, dos artistas en el más amplio sentido de la palabra que renovaron y transformaron para siempre, cada uno a su modo, la música popular brasileña. Del primero –recuerden que ahora hablamos de sus respectivas facetas como compositores, no como intérpretes–Falando de amor, una bossa nova de Jobim que forma parte de su álbum de 1980 Terra Brasilis, que escuchamos en un momento del concierto Ao Vivo em Montreal (1985), y Luíza, que compuso para la telenovela Brilhante en 1981 (esta un momento del DVD de 2002 Ela é Carioca).

Las tres canciones de Veloso –insisto en que como compositor, no como cantante– con las que finalmente me he quedado son Sampa (1978), precioso tema que apareció originalmente en el álbum de 1978 Muito (Dentro da Estrela Azulada), Terra, otra gran canción del mismo álbum, y Cajuina, del álbum Cinema Transcendental (1979). La versión que sigue de Sampa corresponde al DVD Caetano e Maria Gadú. Multishow ao vivo (2011). Sampa es un homenaje a la ciudad de São Paulo, ciudad natal de Maria Gadú. La de Terra en una actuación de Veloso que no sé de qué año es, si bien el vídeo fue comercializado por Universal Music en 2012. Lo mismo me sucede con la última, Cajuina, original del álbum Cinema Transcendental (1979), una de mis favoritas, en este vídeo comercializado por Universal Music en 2012. La escribió a raíz del suicidio de su compañero Torquato Neto, destacado poeta y letrista del tropicalismo, y sus versos relatan un encuentro con el padre de Torquato en Teresina, su ciudad natal, tiempo después. La cajuina es una bebida no alcohólica obtenida del cajú, fruto del anacardo.

Que les vaya bien (o lo mejor posible).

Brasil: 30 canciones V (21-25)

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La quinta y penúltima entrada de esta serie de seis dedicada a la música popular brasileña se centra sobre todo en la primera mitad de la década de 1970, cuando –en realidad ya desde finales de la anterior– emerge un grupo de compositores y músicos cuya música se llamó MBP (acrónimo de música popular brasileira). Tal denominación agrupa a toda una generación de artistas y se ha convertido en una forma genérica a la hora de referirse a estos: Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânhia, Chico Buarque, Elis Regina, Edu Lobo, Gal Costa, Milton Nascimento, Martinho da Vila, João Bosco, Ney Matogrosso, Ivan Lins, Djavan, entre un largo etcétera. Se trata, pues, de una “música muy ecléctica, cuyo estilo varía de un artista a otro, y desarrollada a partir de una combinación de bossa nova, música folclórica nacional, canciones de protesta, samba, rock and roll, el movimiento Tropicália y otras influencias” (Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988). De este panorama musical tan ecléctico, amplio y variado, he seleccionado cinco canciones compuestas entre 1970 y 1974, en función de mi particular criterio, que paso a comentar, no sin aclarar antes que hay muchos artistas tan buenos como los que aquí aparecen a los que no hago referencia alguna. Tal circunstancia se debe –creo que no es la primera vez que lo digo– a que esta serie solo se ocupa de mis 30 canciones de música brasileña.

Chico Buarque, cantante de voz melancólica y nasal que se quiebra a menudo, alcanzó el reconocimiento nacional cuando lanzó sus tres primeros discos a mediados de los sesenta. Considerado un heredero de los grandes compositores de samba-canção de los años treinta (como Noel Rosa), “para muchos parecía el verdadero defensor de la música tradicional brasileña frente al furioso ataque de las canciones de protesta, la revolución estética propuesta por Tropicália (el movimiento musical liderado por Gilberto Gil y Caetano Veloso) y las guitarras eléctricas de Roberto Carlos y Erasmo Carlos, los rockeros de la Jovem Guarda” (Músicas do Brasil). Todos querían a Chico, para quien la música parecía ser una fuerza que rejuvenece e infunde felicidad. Ahora bien, temporalmente, mientras la banda tocaba: “Para mi desilusión, lo que era dulce se acabó, / todo volvió a su sitio cuando la banda hubo pasado / y cada espalda en su esquina, y en cada esquina tristeza / después de pasar la banda, cantando canciones de amor” (A banda, 1966). La cosa cambió en 1968 tras estrenar su obra de teatro Roda Viva (“la historia de una joven estrella del pop a quien el público, literalmente, devora, pues durante la representación los actores ofrecían trozos de hígado al público”). Los extremistas del CCC (Comando de Caça aos Comunistas) invadió el teatro y golpearon a los actores. La obra fue prohibida inmediatamente. Chico ya no era el encantador joven de ojos azules y terminó exiliándose. Era, es, ante todo, una persona humilde, un poeta en el más amplio sentido de la palabra, un enorme compositor, “un fenómeno que ha logrado la unión perfecta de lo culto y lo popular”, en palabras de Vinícius de Moraes, con quien compuso la bellísima Gente humilde sobre una canción de Garoto que Baden Powell le pasó a Vinícius y que un día, en casa de Chico, ambos compusieron. Esta es la versión que figura en su álbum Chico Buarque de Hollanda N°4 (1970).

Tom Jobim continuó su excelente y ascendente trayectoria musical. De 1972 es una de sus mejores canciones, Aguas de março, que incorpora influencias de la samba y el maracatu y tiene una preciosa letra: “Un palo, una piedra, es el fin del camino, / es la chueca de un árbol cortado, un poco de soledad, / es un trozo de cristal, es la vida, es el sol, / es la noche, es la muerte, es un lazo, un anzuelo / (…) / Son las aguas de marzo al final de del verano, / es la promesa de vida en tu corazón”. Grabada por muchos artistas, ninguna versión supera la del propio Jobim y Elis Regina –posiblemente la más importante cantante brasileña de su época, cuya vida se truncó trágicamente a los 36 años en 1982 por culpa de una sobredosis de cocaína– en el álbum de 1974 Elis &Tom, considerado por muchos críticos musicales como uno de los mejores discos de bossa nova de todos los tiempos.

João Bosco es uno de los músicos más eclécticos e imaginativos de la música popular brasileira. Con letras de Aldir Blanc, escribió, hasta mediados de los ochenta, la mayoría de sus composiciones, muchas de las cuales fueron también grabadas por Elis Regina con gran éxito. Una de ellas –yo me quedo con esta– es O bêbado e a equilibrista (1974), canción que se convirtió en un himno contra la dictadura militar. Veamos a Bosco interpretarla en 2006 en concierto que dio en el Auditório Ibirapuera de São Paulo.

Terminamos con dos temas de 1974 bastante distintos entre sí. El primero es de Cartola (1908-1980), cantante, compositor, poeta y guitarrista carioca, para muchos el mejor sambista de la historia de la música brasileña, quien falleció casi tan pobre como nació y solo fue reconocido después de su muerte, cuando la samba hacía poco que había salido de las favelas y llegaba a las calles de Rio. Empezó a captar la atención nacional nada menos que en 1974, con 65 años, cuando lanzó el LP Cartola, al que siguió en 1976 otro titulado Cartola II, que contiene una de las canciones, a mi juicio, más delicadas y sensibles que conozco: O mundo é um moinho. Compuesta en 1974 para Creuza Francisca dos Santos, ahijada de su primera esposa, cuando era una niña la escuchamos en interpretación de Ney Matogrosso, uno de los mejores y más versátiles intérpretes de la música popular brasileira (vídeo extraído do DVD Ney Matogrosso Interpreta Cartola: Ao Vivo, 1985).

El segundo tema lo compuso Martinho da Vila, otro ‘sambista’ que hizo de la manida alegría brasileña una carta de presentación y una marca propia con canciones como Canta, canta, minha gente, Mulheres o Disritmia, tema contagiosamente alegre y euforizante ideal para terminar con la placentera sensación de sentirnos con vida y de pedir aquello de ‘otra, otra’. De todas las versiones de Disritmia me quedo con esta que interpretan Roberta Sá y Martinho durante un concierto de la primera en 2016 que contó con la participación especial del segundo y fue recogido en el DVD Delírio no Circo. El vídeo que incluimos, perteneciente al citado DVD, y añade el tema Me faz um dengo, también suyo.

Que les vaya bien (o lo mejor posible).