Reflexiones y aforismos de un servidor

Una bandera no es más un trozo de tela que siempre termina manchado de sangre.

De por sí es inútil conversar con quien únicamente actúa al dictado del amo. De por sí, pues, es inútil conversar.

La vida no es otra cosa que una terrible resaca producto de mezclar los deseos con las realidades, de buscar sentido al sinsentido cuando en este mundo el único sentido de todas las cosas es que no tienen sentido fuera de la abstracción.

Siempre que la autoridad, o el principio de autoridad, se cruza en mi camino es para negarme algo antes de que comience a hacerlo.

Podemos ser moribundos muchos años por haber dejado de vivir y seguir existiendo, como también se puede tener dos piernas y no poder correr. Ya lo dijo Hegel: el hombre es un “ser negativo que es únicamente en la medida que suprime el Ser”.

Crecer sí, por supuesto, pero en tamaño. ¿Qué significa eso de que hay que madurar? Maduran las manzanas, por ejemplo. ¿Y qué pasa entonces con ellas? Que de tanto madurar se pudren.

Si aquello que ofende al pudor o la decencia, es decir, a la dignidad y honestidad de nuestros actos, decimos que es algo obsceno, este es el siglo de la obscenidad.

El guión está escrito y los personajes principales repartidos de antemano. Puedes representar el papel que te han asignado o negarte. De ti depende.

La mayor utopía es creer que el orden social existente es inmutable.

Son muchas las ocasiones en que uno está solo cuando más acompañado cree estar. La cuestión radica en percatarse en el momento que sucede, o bien en no darse cuenta jamás.

Cuesta tanto sobrevivir que hemos olvidado hasta lo que vivir significa.

Solo hay un motivo para no tener dudas: estar equivocado.

Boris Vian

¿Quién fue Boris Vian?, ¿qué fue? ¿Un investigador-ingeniero convertido en escritor? ¿Un aprendiz de todo y maestro de nada? ¿Un aristócrata-anarco, un anarco-aristócrata? ¿Un agitador-alborotador harto todo y cabreado con todo el mundo? ¿Un personaje incendiario? ¿Un transgresor? ¿Un incomprendido? ¿Un poco de todo tal vez?, ¿un mucho? “Aceptar el principio del interés de la curiosidad, base de la evolución”, dijo quien siempre mostró un gran interés por conocer, por explorar la vida con los sentidos y el intelecto.

Boris Vian, que habría cumplido hoy cien años, murió a los 39 sin conocer, obviamente, la trascendencia que llegaría a alcanzar su obra y su compleja personalidad. Despreciado en su tiempo, hoy es aclamado por su ‘modernidad’.

Autor de la letra de la canción J’suis snob (1954, música de Jimmy Walte), de hecho fue todo lo contrario. En realidad, Vian es lo opuesto al esnobismo. Cantante de cabaret y trompetista de jazz, fue ingeniero y periodista, y también se dedicó al cine. Relacionado en cierto modo con el surrealismo y el existencialismo, dentro de la línea del absurdo de Alfred Jarry, su mundo de ficciones contribuye a dar una visión desintegradora y corrosiva de la realidad. Su obra causó en su momento un gran revuelo.

Vian era conocido en el París existencialista de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, cuando artistas y filósofos llenaban los cabarets y clubs de jazz instalados en las cavas de la Rive Gauche, llenos de humo y palabras. Allí actuaba con otras leyendas del jazz, como Miles Davis.

Fue su novela J’irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestras tumbas) –el escándalo que causó su publicación– la que lo hizo conocido para el gran público. Publicada en noviembre de 1946, escrita bajo el seudónimo de Vernon Sullivan y presentada como ‘traducida del estadounidense’, es un thriller crudo y enfurecido, erótico y atroz sobre el segregacionismo de Estados Unidos. El éxito fue enorme, tanto como el revuelo que provocó y la reacción de los censores. El libro fue prohibido, su ‘traductor’ –una vez que se supo el engaño– condenado por desprecio a la buena moral, luego fue indultado. La novela se publicó nuevamente, se prohibió nuevamente…

La provocación y la trasgresión acompañaron a Vian toda su vida, y con ellas el rechazo de las mentes biempensantes de la sociedad francesa y sus políticos. En el cabaret Les Trois Baudets, uno de los locales de moda, que cerraba más tarde que los demás, Boris Vian cantaba Le déserteur (1954), una canción antimilitarista creada durante la guerra de Indochina con la que provocaba toda clase de insultos y de cuya letra acabó por cambiar el final. En una primera versión este era “Señor presidente, / si me persigue / advierta a sus policías / de que llevo armas / y sé disparar”. Estos dos últimos versos se sustituyeron por “de que yo no tendré armas/ y que podrán disparar”. La primera versión jamás llegó a grabarse.

De su obra literaria destacan, o son destacadas, las novelas L’automne à Pékin (1947, El otoño en Pekín), L’ecume des jours (1947, La espuma de los días), L’herbe rouge (1950, La hierba roja), novela con tintes autobiográficos,  Et on tuera tous les affreux (1948, Que se mueran los feos), y L’arrache-cœur (1953, El arrancacorazones), que no fue precisamentee un éxito, así como las piezas teatrales Les bâtisseurs d’empire (1959, Los forjadores de imperios) y Le goûter des généraux (1962, La merienda de los generales). Esta última, una comedia antimilitarista, fue publicada por el Colegio de ‘Patafísica, del cual Vian fue miembro con el cargo de Sátrapa desde 1953.

De sus canciones –escribió la letra de más de cuatrocientas– se citan como más representativas, además de las ya mencionadas Le déserteur y J’suis snob, La complainte du progrès (1950, La endecha del progreso, música de Alain Goraguer) y Je bois (1955, Bebo, también con música de Alain Goraguer), una declaración amorosa de principios etílicos.

Y como quiera que de estas dos últimas publiqué sendos vídeos –con la letra traducida al castellano–, con ellas termino esta apresurada crónica, pues me he enterado de que hoy se cumplía el centenario hace unas horas.

Día del Sentido Común

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer y hoy es el Día Mundial del DJ (declaración de la Unesco de 2002). Y es que hay días para todos y para casi todo. ¡Será por celebraciones! Decido consultar en Wikipedia los días que han sido declarados de carácter internacional o mundial y el listado es inmenso. Estos son algunos de ellos por orden cronológico: Día Mundial de la Lucha contra la Depresión (13 de enero), Día Internacional de la Educación (24 de enero), Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), Día Mundial del Sueño (13 de marzo), Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo), Día del Árbol (21 de marzo), Día Internacional del Beso (13 de abril), Día Internacional de los Trabajadores (1 de mayo), Día Mundial de las Abejas (20 de mayo), Día Internacional del Orgullo LGBT (28 de junio)… Me detengo aquí. Me parece suficiente para hacernos una idea. Todos los días hay algo que celebrar o conmemorar; algunos incluso por partida doble: el 28 de septiembre es el Día Internacional de la Sordera y también el Día Internacional del Acceso Universal a la Información, y el siguiente el Día Mundial de la Rabia (¿la de los sordos por tan acertada coincidencia?). No hay problema, el 29 es el Día Mundial del Corazón (la rabia puede causar un ataque al corazón). Todo está previsto. Contamos con grandes mentes pensantes que no escatiman dedicación ni recursos en tan ardua tarea. Nada escapa a tan brillantes intelectos. Así, existe hasta el Día Mundial del Retrete (19 de noviembre, declaración de la ONU de 2013) o el Día de la Industrialización de África (20 de noviembre, declaración de la ONU de 1989), que yo más bien diría Día de las Oportunidades y Gangas. ¡Ah!, y todas las conmemoraciones propias del patridiotismo, que son también un montón.

Hay un día, sin embargo, que noto a faltar y me atrevo a pronosticar que nunca se celebrará: el Día del Sentido Común. Mucho ardor, mucha pompa, mucha magnificencia… Mucho ruido y pocas nueces. Y es que, como dijo Charles Maurice de Talleyrand, “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”. O como dice el proverbio que tantas veces le escuché decir a mi padre, “d’on no hi ha no es pot treure”. Aunque, bien pensado, creo que es mejor que no se celebre nunca. Seguro que la ONU, o la UNESCO, y sus bravos asesores en asuntos conmemorativos elegían el 28 de diciembre.