CORTOS ANIMADOS PARA PEQUES IV: CLÁSICOS CON LOS ANIMALES DE PROTAGONISTAS

Sigo con más vídeos para niños en estos días que no pueden salir de casa. Hoy, con unos fragmentos de composiciones de la llamada música clásica que tienen en común a los animales como protagonistas. Creía que iba a ser más fácil elaborar esta entrada, pero ¡qué va! Vídeos que cumplan la condición los hay a montones. Eso así, a cuál más infumable. Que ser niño no significa ser bobo. Bobos serán quienes los hacen y quienes se los ponen a los pobres.

No existe una música específica para niños, por mucho que las discográficas y las productoras de espectáculos musicales se empeñen en lo contrario. La música es sentimiento, vida, y hay música –independientemente del género al que se adscriba– que puede ser disfrutada por niños y adultos. Hay música alegre, divertida, tierna… y hay sentimientos, como la alegría y la ternura, que asociamos al candor e inocencia de los peques. Pero no son exclusivos de ellos. Existe la música, y punto. Por supuesto, una es más apta que otra para los oídos infantiles, ¡faltaría más! Pero insisto: no existe la “música para niños”.

Vamos a comenzar con El vuelo del moscardón (conocido también como «El vuelo del abejorro o el vuelo de la abeja”, un interludio orquestal escrito por Nikolái Rimski-Kórsakov para su ópera El cuento del zar Saltán (1900), pieza que cierra el cuadro I del acto III.

El “Dúo de Papageno y Papagena” pertenece a la ópera cómica de Wolfgang Amadeus Mozart La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Papageno es un ser mitad pájaro y mitad persona que lleva una gran jaula a sus espaldas enamorado de Papagena, una bella joven. El vídeo que sigue pertenece a la producción de la Ópera de París (Opéra National de Paris) de 2001. Detlef Roth es Papageno y Gaële Le Roi, Papagena.

El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux) es una suite musical que compuso en 1886 el compositor francés Camille Saint-Saëns. La concibió como un divertimento para un día de carnaval y en ella los instrumentos recrean los sonidos de animales de todo tipo: leones, gallinas, tortugas, canguros, burros, peces, pajaritos… De El carnaval de los animales incluimos los movimientos “Aquarium” y “Final”. El primero es una animación de Tom Scott, quien interpreta con su hermano Jonathan (Scott Brothers Duo) esta versión para piano obra del segundo. El segundo lo vemos en versión de L’Harmonie Laval (Quebec, Canadá) durante un concierto celebrado en mayo de 2013 con imágenes del filme de Disney Fantasía 2000.

En 1877 Piotr Ilich Chaikovski estrenaba en el Teatro Bolshói de Moscú el que posiblemente sea el ballet más popular de la historia, todavía uno de los más representados: El lago de los cisnes, un encargo que el Bolshói le había hecho dos años antes y cuyo libreto se basa en el cuento alemán Der geraubte Schleier (1782-1786, El velo robado), de Johann Karl August Musäus, que narra cómo un malvado mago convierte a jóvenes doncellas en cisnes. El hechizo solo puede ser vencido por el amor. De El lago de los cisnes contemplamos el número del segundo acto “Danza de los pequeños cisnes” (Allegro moderato) por el Ballet de la Ópera de París en una representación de 2005.

Y para terminar uno de los Cuadros de una exposición, una famosa suite de 15 piezas que compuso Modest Músorgski en 1874. La escribió en principio para piano, pero es más conocida en la orquestación y arreglos que hizo el compositor francés Maurice Ravel en 1922. Músorgski quiso con esta obra rendir un homenaje a su amigo Víktor Hartmann (1834-1873), inspirándose a tal efecto en la exposición póstuma de pinturas que nada más fallecer este se inauguró en San Petersburgo. Uno de estos cuadros da título a la pieza que escuchamos, “Ballet de polluelos en sus cáscaras”. El vídeo recoge la escenificación que de la pieza interpretó la New World Symphony de Miami en un concierto celebrado en el New World Center de dicha ciudad en 2012.

Confío en que le haya gustado esta selección y que, a ser posible, hayan compartido los vídeos con peques. Que pasen un buen fin de semana (o lo mejor posible).

Esa arbitraria y caprichosa muerte

La muerte no es como la vida, que se presenta siempre sin avisar, sin preguntar si la aceptas, si la quieres o la deseas. Es arbitraria. Sabe que es dueña y señora de todos nosotros, que estamos aquí mientras lo consienta, que nada más nacer ya estamos en sus manos. Y así actúa: con prepotencia, como todos los dueños y señores de todos los tiempos, con arbitrariedad, caprichosamente, pues nos tiene en sus manos, y nos tomará como quiera y cuando quiera, y de la forma que le apetezca. A algunos les envía antes un emisario. Ella ya está dentro de nosotros, pero ha decidido comportarse de manera cruel: unos análisis, unas pruebas que no comprendemos, así lo indican, y para explicárnoslas está su recadero, quien nos comunicará cuánto nos falta para tan, generalmente, poco deseado encuentro.

Acaban de condenarte a muerte y te lo han soltado así, sin ningún tipo de contemplaciones. Cierto que en el corredor de la muerte estamos desde que nacemos, pero el condenado, bien que no siempre –pues a veces ya está tan exhausto de morir en vida que ansía vivir la muerte– recibe sin duda la mayor tortura cuando se le comunica la aciaga noticia de su próximo fin.

Con otros es todavía más cruel, pues a veces ese plazo no se cumple y la incertidumbre y el desasosiego los acompañan un tiempo más, la mayoría de las ocasiones sumidos en el dolor y conscientes de ese terrible, y al parecer necesario, deterioro progresivo solo porque ella, la muerte, así lo ha dispuesto. Sus emisarios, confundidos, nunca saben qué hacer ni qué decir. Algunos te facilitan su encuentro, pues conocen dónde están sus dominios y cómo llegar a ellos, pero otros, que se consideran simples mensajeros cuya obligación consiste únicamente en comunicar las nuevas, se limitan a decir: es lo que hay.

En ese momento, que puede ser más o menos breve o durar una eternidad, pero que generalmente va unido a un progresivo y lamentable proceso degenerativo que alcanza tanto a las facultades físicas como a las intelectuales, es la muerte quien dispone, y eso es algo para lo que hemos de prepararnos desde que somos capaces de asimilar conceptos y expresarlos. Debería ser, esta, materia obligatoria en las escuelas. Al menos de ese modo, llegado el momento sabríamos con mayor precisión, creíble al menos, cómo afrontar el trance. Aunque igual no sirve de nada: nuestra mente se encuentra completamente expuesta y vulnerable a cualquier pensamiento.

Otros, pocos, son más afortunados: no saben nada, no hay recadero de por medio, la muerte llega como la vida, sin avisar, y se acabó. Los criterios por los que actúa, la muerte, de forma tan gratuita los desconozco. Lo cierto es que no elegimos cómo morir, como tampoco decidimos cómo nacer, pero a diferencia de cuando morimos al nacer no tenemos herramientas con las que defendernos, no porque no las haya, que las hay, sino porque nadie te avisa de que van a sacarte de allí; es un desahucio sin previo aviso, que no te da tiempo a recoger tus cosas, que te arroja a la nada sin tiempo para prepararte para ello.

Rebelión y revolución (Albert Camus)

En vez de matar y morir para producir el ser que somos, tenemos que vivir y hacer vivir para crear lo que somos.

‘Me rebelo, luego existimos’, decía el esclavo. La rebelión metafísica añadió entonces el ‘existimos solos’ de que vivimos todavía en la actualidad. Pero si estamos solos bajo el cielo vacío, si, por lo tanto, hay que morir para siempre, ¿cómo podemos existir realmente? […] Después de esto los pensamientos puramente históricos han venido a decir que ser era hacer. No éramos, pero debíamos ser por todos los medios. Nuestra revolución es una tentativa para para conquistar un ser nuevo, para hacerlo, fuera de toda regla moral. Por eso se condena a no vivir sino para la historia y en el terror. El hombre no es nada, según ella, si no obtiene en la historia, de grado o por fuerza, el consentimiento unánime. En este punto preciso se pasa el límite, y la rebelión es traicionada primeramente, y luego lógicamente asesinada, pues nunca ha afirmado en su movimiento más puro sino la existencia de un límite, justamente, y el ser dividido que somos: no es en su origen la negación total de todo ser. Es el rechazo de una parte de la existencia en nombre de otra parte que exalta. […] La negación total es la única que justifica el proyecto de una totalidad que conquistar. […] La reivindicación de la rebelión es la unidad; la reivindicación de la revolución histórica es la totalidad. […] Una es creadora, la otra nihilista. La primera se dedica a crear para ser cada vez más; la segunda está obligada a producir para negar cada vez más. La revolución histórica se obliga a hacer siempre, con la esperanza, sin cesar defraudada, de ser un día. ‘Obedeced’, decía Federico el Grande a sus súbditos. Pero en la hora de la muerte dijo: ‘Estoy cansado de reinar sobre esclavos’. […] La rebelión, en efecto, le dice y le dirá cada vez más frecuentemente que hay que tratar de hacer, no para comenzar a ser un día, a los ojos de un mundo reducido al consentimiento, sino en función de ese ser oscuro que se descubre ya en el movimiento de insurrección. Esta regla no es formal ni está sometida la historia; es lo que podemos precisar al descubrirla en su estado puro en la creación artística. Anotemos antes únicamente que al ‘Me rebelo, luego existimos’ y al ‘Existimos solos’ de la rebelión metafísica, la rebelión contra la historia añade que en vez de matar y morir para producir el ser que somos, tenemos que vivir y hacer vivir para crear lo que somos.

Albert Camus: L’homme révolté, 1951. Texto extraído de la edición española de 1996:  El hombre rebelde (edición de José María Guelbenzu).