Fumadores y coronavirus

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El doctor Zahir Amoura, jefe del departamento de Medicina Interna del Hospital Pitie-Salpetriére de París, centro público ligado a la Universidad de la Sorbona, avanzó hace unos días la hipótesis de que el porcentaje de fumadores entre los enfermos de Covid-19 es notoriamente inferior a la media. En un artículo que publica el diario El Mundo (24 de abril) leo: “De los 343 pacientes hospitalizados en su centro sanitario, con una edad media de 65 años, solo el 4,4% eran fumadores habituales. Y entre los 139 que han ido a consulta, edad media 44 años, solo el 5,3% tenía el vicio. Según el último barómetro de Sanidad Pública de Francia, un 30% de los franceses entre 45 y 54 es fumador. En la franja 65-75 años el 8,8% de las mujeres y el 11,3% de los hombres fuman”. Y un poco más delante, en el mismo reportaje: “Un estudio chino, publicado a finales de marzo en el New England Journal of Medicine, sobre más de mil contagiados recensaba un 12,6% de fumadores, muy inferior también al porcentaje de fumadores en China, 28%. […] La hipótesis es que la nicotina, al fijarse sobre el receptor celular que utiliza el coronavirus le impide hacerlo a él y, después penetrar en las células y propagarse”, es decir, la nicotina de los fumadores cierra al virus la puerta de entrada a las células porque estaba allí antes.

Se trata solo de una hipótesis, pero los datos están ahí. No han tardado en desmentirla otros médicos y diversas organizaciones sanitarias, como la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. Mas, con una diferencia, o eso al menos me parece a mí. Los detractores del doctor Zahir Amoura se limitan a repetir que el tabaco es muy malo y mata utilizando los manidos argumentos de siempre. No rebaten los datos con otros semejantes.

¿Qué quieren que les diga? Desconfío de la mierdicina, esa medicina de “la prostituida ciencia de estos días despreciables” (Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo), sometida a imperativos de rentabilidad económica. Me fío más de los datos. Y estos me han llevado a reflexionar acerca de los nocivos efectos del tabaco y a extraer mis propias conclusiones. Helas aquí:

No diré que fumar no mata. Por supuesto que lo hace, como otras tantas cosas: levantarse de noche y regresar a casa también de noche para trabajar ‘en lo que sea’ y ‘al precio que sea’, no poder llegar a fin de mes o siquiera comenzarlo, que te desahucien por no poder hacer frente al pago de la hipoteca a causa de una crisis de la que solo eres víctima, que tus hijos no tengan presente ni futuro alguno… Por ejemplo. No es la actual una existencia fácil y hay que ir con mucho tiento. Hay que cuidarse, pues, y analizar detenidamente los efectos perjudiciales de cada situación

Aclarado que el tabaco puede dañar la salud, aclarado también que en determinados casos –como en la actual epidemia de coronavirus– puede, por el contrario, protegernos, como muestran los datos que veíamos antes y nadie ha desmentido, hay que estar atentos y leer al pie de la letra los mensajes de las insanas autoridades sanitarias. Tal vez aquí resida el quid de la cuestión y aúne a defensores y detractores de la hipótesis de Amoura. Esta será, pues, mi gran aportación a la ciencia.

Verán. No toda cajetilla de tabaco es apropiada para todos. Hay que fijarse en las distintas leyendas que llevan impresas cada una de ellas, que para eso están. Si los cigarrillos son de una cajetilla en la que se indica que “obstruye las arterias” o “puede causar un infarto”, ni se le ocurra fumarse uno solo, siquiera una calada. Un poco de sentido común, ¡caray! Si son de una cajetilla que dice que “mata o perjudica gravemente su salud y las de los que están en su entorno” o “el humo es malo sus hijos, familia y amigos”, depende. Es cosa de afectos. Conozco un camarero –al que espero encontrar en el bar cuando este vuelva a abrir, si lo hace– que me decía “Yo de este. Menuda panda de buitres me rodea”. Si la leyenda es que “daña los dientes y encías”, es el adecuado para quienes usen dentadura postiza. Los que provienen de una cajetilla en la que se lee que “aumenta el riesgo de impotencia”, resulta indicado para los asexuales o los individuos de edad muy avanzada que ya pasan del sexo. Si la leyenda es que “aumenta el riesgo de ceguera”, pues para invidentes. Y si indica que “reduce la fertilidad”, para los que no quieren tener hijos. También hay para aquellos que ya están que cansados de vivir: los que pone que “acorta la vida”.

¡Ojo! Hay algunas leyendas con doble intención y ciertamente confusas. Como la de “fumar puede matar al hijo que espera”. ¿Qué significa esta frase? ¿Se refiere a un hijo/a que nacerá en unos meses o al hijo de uno en general? Porque esto no se aclara. Un día había quedado yo con mi hijo (39 añitos) y este se retrasaba, algo no habitual en él. Ambos somos muy puntuales. Decidí fumarme un cigarrillo para hacer más corta la espera y en eso me fijo en la cajetilla de cigarrillos. “Fumar puede matar al hijo que espera”, decía. Lo apagué inmediatamente. Llamé a mi hijo. No respondía. Otra vez. El mismo resultado. Pueden imaginarse la angustia que pasé hasta que por fin llegó. Ya no he vuelto a fumar más cigarrillos de ese tipo.

Por tanto, y concluyo, es necesario estar bien informados y saber descifrar e interpretar los distintos mensajes. Para ello nada mejor que el sentido común, o el sinsentido, como prefieran.

11 comentarios en “Fumadores y coronavirus

  1. No dudo que el tabaco ponga su granito de arena en fastidiar la salud, pero efectivamente, también matan los derivados del petróleo, la falta de economía, la contaminación, el hambre, la soledad, los productos experimentales, las guerras, las ventas de armas y un etcétera tan largo que me llevaría unas buenas jornadas matizarlo todo y, perdona, pero tengo que dejarte. Me voy al balcón a fumarme un cigarrito. Abrazos

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    • Puestos a tener que palmarla por culpa de la mierdecina y los oligopolios mejor hacerlo por lo que ellos llaman vicio y yo prefiero calificar como placer.
      Yo, como vivo solo, fumo donde me place. Por eso tengo muchas sábanas con agujerillos producto de las brasas del cigarrillo.
      Abrazos ahumados.

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  2. Iñaki de Villa

    Mala uva tiene la cosa…joder. Hace un poco tiempo que deje de fumar, espero que con lo que le metí al cuerpo no quede resquicio para el bichito. Lo de tu chico…magistral.Salud y saludos.

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    • Algo quedará por ahí. Como se suele decir, el que tuvo, retuvo.
      Lo de mi hijo fue terrible, una muestra más de la opresión unificadora que campa a doquier. ¡Malditos sean los muy cachoperros!
      Saludos, Iñaki, y ¡salud!

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  3. Cuando me veían fumar y me decían que el tabaco era un veneno muy malo, yo les decía que sí, que era tan malo que podías estar más de cincuenta años envenenándote con él y no morirte, y que el cianuro o el arsénico si que eran buenos venenos, pues al poco rato de tomarlos quedabas listo de papeles.
    Y no era coña del todo.
    Esta entrada de hoy ratifica dos de mis ideas, la del tabaco como sustancia menos tóxica, y la de la estupidez humana, esta última por la legión de necios que han salido prestos a contrarrestarla con argumentos del tamaño y peso propios de un bosón, sea este de Higgs o de Albacete.
    Otra de estas noticias y un poco más de reclusión, y me cargo de argumentos para retomar el tratamiento farmacéutico que me prescribió el Dr. Philips Morris.
    Sería una gran contribución a la estupidez humana arriba nombrada, una más, pero mía al fin y al cabo, que como dijo Pedro Ruiz, si algún día la cagas, que al menos la mierda sea tuya.
    Saludos
    P. D. De mis dos ideas al inicio nombradas, solo la segunda está demostrada, la primera más que una idea es un delirio de un antiguo, excesivo, y perverso placer.

    ,

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    • Los delirios suelen ser producto de excitación mental, y la mente solo se excita cuando se trabaja, cuando se reflexiona. Pueden, pues, contener más verdad que cualquier exposición sobre una supuesta realidad verdadera. Insisto en lo de supuesta.
      Más vale un perverso placer que un buen vicio. El primero gratifica, el segundo culpabiliza.
      Y totalmente de acuerdo con la frase de Pedro Ruiz.
      Saludos, Caito.

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