Adiós, mirlo, adiós (Bye bye Blackbird), nueva edición

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Una historia novelada, la misma que escribió Ken Follet en los tres tomos como tres ladrillos que constituyen la Trilogía del siglo, pero para mí mucho mejor (…) está mejor escrita, carece del tono didáctico y machacón de la trilogía de Follet, no tiene tanta paja y, sobre todo, tiene mucha más alma, más sentimiento, más emoción.

Da gusto poder comenzar una entrada para publicitar una novela con palabras como estas. Son de Rosa Berros Canuria y las publicó en la reseña que hizo de Adiós, mirlo, adiós (Bye bye Blackbird) en la revista MoonMagazine (2016). Pocas veces puede uno presumir de una valoración crítica tan elogiosa, por lo que, con el permiso de Rosa, las voy a utilizar hasta la saciedad.

Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) salió a la venta a mediados de septiembre de 2016. Fue terminar El corto tiempo de las cerezas y, el mismo día, volver a experimentar la misma sensación que conté ayer. Puede que Samuel no tuviese ya muchas cosas más que decir y hacer. Puede, que tampoco está tan claro. Pero ¿qué pasa con su hija, Camila?, ¿qué sería de ese nieto al que tanta ilusión tenía por conocer y no llegó a hacerlo? La historia tenía que continuar. Continuó. El resultado fue Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird), su secuela, publicada en 2016.

Aunque una y otra pueden leerse de forma independiente, forman una única unidad tanto en su trama como en su discurso y se enmarcan en el periodo histórico comprendido entre 1820 y 1990, es decir, desde los inicios de la industrialización a la caída del Muro de Berlín.

Ninguna de las dos, no obstante, pretenden contar la historia de una época a través de los hechos más sobresalientes, sino como algunos de estos fueron vividos por sus protagonistas y condicionaron sus vidas. Los personajes son el hilo conductor de los hechos, el elemento fundamental de la narración, en la que la música es un elemento narrativo más. Los hechos no se pueden modificar, siquiera en la ficción, pero la presencia de personajes inventados en su acontecer, junto a otros reales, permite ofrecer una visión en la que los acontecimientos se enmarcan en una realidad particular, aquella que es vivida. Un mismo hecho no influye por igual a todas las personas. Sus efectos sobre nosotros no son ajenos a nuestra voluntad, sea mediante la aceptación –Así es la vida…–, el rechazo, o la abulia, la apatía, la indolencia…

Y ahora, como hice ayer, incluyo el resumen del argumento que figuraba en aquella primera edición:

Sam Sutherland, un joven escritor neoyorkino, visita en Berlín a sus padres, músicos, que actúan en uno de sus clubs nocturnos más famosos con su propia big band. Es noviembre de 1929, el nazismo está en pleno ascenso y la crisis económica comienza a hacer estragos. Allí conocerá a Helmut, joven también músico, y a Martha, hija de un artista de cabaret que hace de travestido, con la que se casará y tendrá tres hijos. Menos Helmut, todos marcharán a Nueva York, donde Sam y Martha se implicarán en el movimiento de defensa de los derechos civiles. El primero acaba ante el Comité de Actividades Antiamericanas y migran a París. Allí, las cosas tampoco serán como creían y la abandonarán tras los hechos de Mayo del 68.

Una novela que abarca desde el final de la guerra de 1914-1918 a la caída del Muro de Berlín en la que Sam y los otros protagonistas –a los que hay que añadir a Lary, alto funcionario de la Administración estadounidense, y a Greg, director internacional de la Fundación Fairfield– se verán envueltos en una trama que incluye, además un misterioso asesinato, a simpatizantes y defensores de la República española, refugiados del nazismo, pasadores que les ayudaban a cruzar la frontera de los Pirineos, prisioneros de los campos de concentración españoles y de exterminio alemanes, nazis reciclados por el Gobierno norteamericano, agentes de la CIA, dirigentes e impulsores del Congreso por la Libertad de la Cultura…

El lector advertirá en muchas situaciones algunas de las circunstancias que nos han conducido a esta sociedad del pensamiento único.

También, al igual ayer decía respecto a El corto tiempo de las cerezas, el argumento sigue siendo el mismo. No he modificado el texto, simplemente he corregido las erratas y eliminado alguna que otra redundancia. He tratado de hacer una edición más atractiva, más manejable, con menos páginas –a causa de la nueva maquetación– y, así, sacarla a la venta a menor precio. Y me he servido de la crítica que de Rosa Berros Canuria tanto para el texto de la contraportada como para el vídeo.

Les dejo, pues, con esta nueva edición de Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird), y con el nuevo vídeo de promoción. Seguro que son muchos los que desconocen su existencia, o les ha pasado desapercibida. Deseo, espero, que suscite el interés suficiente en ellos y que la lean, es decir, que la compren. Está disponible en edición de papel y ebook. Para conseguirla cliquen aquí.

El corto tiempo de las cerezas (nueva edición)

P4Publiqué El corto tiempo de las cerezas a finales de junio de 2015, hace tres años y medio. No es que la edición se haya agotado, ya quisiera. Entre otras cosas porque es imposible en un libro editado en la modalidad impre-sión bajo demanda, como es el caso. ¿Por qué, entonces, una nueva edición? No voy a repetirme, los moti-vos los explicaba en la entrada Comenzar de nuevo. Dejémoslo aquí en un simple ¿y por qué no? Ha pasado bastante tiempo, el blog es otro, el número de seguidores también, su finalidad y su función están mucho más definidas. Por otra parte, mis conocimientos sobre este modo de editar, o de autoeditar, y de confeccionar vídeos es más precisa. Nada pierdo intentando llegar a más gente. ¿Tiempo? Para eso está.

¿Cómo se gestó El corto tiempo de las cerezas? En 1980 publiqué mi primer libro en solitario: Lucha de clases e industrialización. Llevaba un largo subtítulo que explicitaba claramente su propósito, o mejor debería decir su pretensión: La formación de una conciencia de clase en una ciudad obrera del País Valencià (Alcoi: 1821-1873). Tenía solo 136 páginas y era una síntesis de mi tesis de licenciatura, que había leído hacía poco más de un año.

Una vez terminé de escribir El viaje –cumpliendo así una aspiración que se remonta a mis primeros años de juventud: ser escritor de novelas–, se me ocurrió novelar los hechos que narraba en Lucha de clases. Redacté una primera versión que ya tenía a Samuel Valls como protagonista, pero terminaba en 1873. Sin embargo, algo que no sabría definir me impulsaba a continuar. Un personaje como Samuel no podía dejar de existir tan pronto, tenía muchas cosas más que decir y hacer. Así lo sentía. Y de este modo surgió El corto tiempo de las cerezas.

Este es el resumen de su argumento que figuraba en aquella primera edición:

Un límpido y soleado día, Samuel tomó la determinación de no volver a trabajar jamás en una fábrica ni a las órdenes de nadie. Tenía entonces entones trece años y vivía en la industriosa ciudad de Alcoi desde pocas semanas después de venir al mundo en 1849, al tener sus padres que abandonar el pequeño pueblo de Muro en busca de trabajo. No podía imaginar entonces que su decisión le llevaría a verse involucrado en los turbulentos conflictos políticos y sociales que desembocaron en la proclamación de la Primera República Española; a vivir la Revolución del Petróleo que tuvo lugar en Alcoi en julio de 1873; a sacar provecho de los negocios financiero-especulativos en la Barcelona del Ensanche mediante toda clase de estratagemas; a conocer los ambientes de las principales ciudades occidentales –Barcelona, París, Londres, Viena, Nueva York–, sus lujos y miserias, sus cafés y teatros; a montar su propio cabaret; a establecerse en el bohemio Montmartre; a entregarse en cuerpo y alma a la carrera artística de su hija, soprano; a timar a un príncipe ruso con la complicidad de su gran amiga La China; a enamorarse de una anarquista y de una grisette; a vivir, en definitiva, innumerables experiencias y vicisitudes en un mundo que se creía indemne a todo y parecía seguir la máxima que un día le dijo a Samuel el dueño de aquel cerezo bajo el cual tan a gusto se sentía: “aprovecha, muchacho, que el tiempo de las cerezas es muy corto”.

El argumento sigue siendo el mismo. No he modificado el texto, simplemente he corregido las erratas y eliminado alguna que otra redundancia. He tratado de hacer una edición más atractiva, más manejable, con menos páginas –a causa de la nueva maquetación– y, así, sacarla a la venta a menor precio. Y me he servido de la crítica que me hizo Rosa Berros Canuria tanto para el texto de la contraportada como para el vídeo. Pueden leerla completa clicando sobre su nombre.

Una última cosa. La versión de Le temps des cerises del vídeo es la de la película japonesa de animación Porco Rosso (1992), interpretada por Tokiko Katô. La he elegido entre todas las versiones que hay de la canción, y son muchas, porque en mi imaginación se ajusta perfectamente a la escena en que Camila la canta acompañada al piano por su marido, William.

Les dejo, pues, con esta nueva edición de El corto tiempo de las cerezas, y con el nuevo vídeo de promoción. Seguro que son muchos los que desconocen su existencia, o les ha pasado desapercibida. Deseo, espero, que suscite el interés suficiente en ellos y que la lean, es decir, que la compren. Está disponible en edición de papel y ebook. Para conseguirla cliquen aquí.