Imany

imany_1

“Imany (Martigues, noroeste de Marsella 1979) recorrió con su voz cálida, poderosa y llena de sutiles desgarros ‘cada escenario de París’ y, de un concierto en un local en el que solo estuvieron presentes los miembros de una misma familia —si bien numerosa, porque eran 10— pasó en seis meses a tener 100, fascinados con su música. Y de aquí, llegó a ser disco de platino una vez en Francia y Grecia y tres en Polonia con su primer álbum The Shape of a Broken Heart. Es una de las grandes promesas del soul. Ahora se la compara con Tracy Chapman por su forma de volcar el alma sin mesura en cada canción, pero su historia había comenzado de forma muy distinta. ‘Nadie me animó de pequeña en mi casa a ser cantante, no tuve el coraje’ (…). A Imany –nacida Nadia Mladjao en un hogar humilde de inmigrantes de las islas Comoras– la descubrieron en la capital francesa por casualidad y decidió probar la aventura neoyorquina para trabajar como modelo. Pasó siete años en Estados Unidos. Y en su porte elegante se notan esas vivencias, pero se cansó de la ‘lucha por pagar el alquiler’ y se dedicó a lo suyo con un puñado de canciones que había ido componiendo”.

El párrafo que acaban de leer corresponde al artículo de Flor Gracera de León “Imany: la voz que llegó de las pasarelas” publicado en el diario El País el 26 de junio de 2013, solo dos años después de que saliera a la venta el álbum mencionado: The Shape of a Broken Heart. Previamente, una de sus canciones, You Will Never Know, fue lanzada como sencillo en 2011. Fue su primera grabación. Comenzamos con ella.

Ese mismo año, 2011, salió también su primer Cd, The Shape of a Broken Heart, que incluía You Will Never Know y otras once canciones, como esta bella Take Care (con letra de Benoit Carré).

Escuchemos dos más: Kisses in the Dark y Pray For Help.

Tras este primer álbum, la directora de cine y actriz Audrey Dana le propuso que se encargara de la banda sonora de la película que tenía en proyecto y que se estrenó en 2014 Sous les jupes des filles (conocida fuera de Francia como French Women). “Audrey Dana escuchó mi primer disco. Al principio quería que compusiera un tema para los créditos y acepté enseguida. Luego me pidió toda la música”, declaró Imany a la revista francesa Le Parisien con motivo del lanzamiento del álbum homónimo (Sous les jupes des filles) el mismo año.

La película no ha sido muy bien recibida por la crítica. Hay quien ha afirmado que “no la habría hecho mejor ni el más irredento de los misóginos” (Jordi Costa en El País) y quien la ha tachado de “sobreescrita, sobredirigida y salvajemente sobreactuada” (Horacio Bernades en Página/12). Pero no es esta la que nos interesa sino su música. Fantástica. Imany superó con creces el reto que tanto temía: “escribir para otros cantantes, otras voces, diferentes de la mía, muchas de las cuales no conocía”. Los dos vídeos que siguen recogen sendos temas que interpretó ella misma: la deliciosa y contagiosa Try Again y The Good, the Bad & the Crazy. Esta última durante una de las emisiones del programa de la televisión francesa Les enfants du patrimoine (2104).

Finalizamos con otro momento de la intervención de Imany en el mismo programa interpretando una canción que no es suya ni ha grabado: T’es beau, excelente tema de la cantautora francesa Pauline Croze.

Pocas cantantes con tan escasa discografía han alcanzado el reconocimiento de que goza Imany hoy en día, quien desde You Will Never Know ha actuado en numerosos escenarios europeos y norteamericanos y se la considera una de las grandes voces del folk-soul contemporáneo.

Que les vaya bien.

TIEMPO DE CEREZAS

wp-1452875185126

Ilustración de María M. Míguez

Gracias mil a María M. Míguez.

MARIA M.MIGUEZ

Poema e ilustraciones inspirados en la novela de Manuel Cerdá, El corto tiempo de las cerezas. Y aunque he leído muy poco (una cuestión de tiempo), os aseguro que es una lectura que promete y totalmente recomendable.

Es tan corto
el tiempo de las cerezas
que apenas percibes su paso
mientras te alejas
sin apenas degustar,
pero sin olvidar jamás
el dulce sabor que en la boca nos deja.

 

Texto e ilustración de María Míguez

Ver la entrada original

Ballet: el arte de la juventud

bayadera

Svetlana Zakharova en “La Bayadère”. Fotografía de Damir Yusupov.

“El arte del ballet es el arte de la juventud, los jóvenes son flexibles y moldeables como la cera”, declaró a El País (3 de septiembre de 2009) el famoso coreógrafo ruso Yuri Grigorovich. Y es que esta danza escénica –eso es el ballet, una danza escénica muy evolucionada y estructurada que se armoniza con la música creando un espectáculo plástico– requiere a quienes la practican unas más que notables condiciones físicas, un alto grado de especialización y una disciplina constante. Por ello se recomienda iniciarse en su aprendizaje a edad muy temprana: cinco, seis, siete, ocho años… Es evidente que el ballet es muy beneficioso para el desarrollo físico y psíquico de los niños, y así lo ven muchos padres que matriculan a sus hijos en una escuela de danza antes incluso de que terminen la etapa de educación Infantil. Ahora bien, cuando ello no es otra cosa que una actividad extraescolar más no se sabe muy bien con qué finalidad –pues a los padres eso de la danza en el fondo se la trae al pairo– o, por el contrario, estos anhelan que su hijo sea un Nuréyev o su hija una Plisétskaya, los beneficios pueden convertirse en un suplicio. De ahí que, a juicio de un servidor, deba potenciarse sobre todo el aspecto lúdico. Los niños necesitan jugar. Dejémosles que se diviertan, que sean ellos, no intentemos formar profesionales a toda costa. Démosles los medios, no se los impongamos, no les frustremos, que ya tendrán tiempo para ello. Por millones, muchos millones, se cuentan los niños que practican el fútbol y muy pocos son los que llegan ya no a ser Messi sino a vivir siquiera del mismo. Pero… !y lo bien que se lo pasan! Pues lo mismo.

Desde esta perspectiva, hemos seleccionado para la entrada de hoy varios conocidos números de famosos ballets clásicos con el deseo de que hagan las delicias de peques y adultos. Ningún niño de las edades antes mencionadas va a acceder a este blog y menos aún a leer esto, pero sí sus padres, sus tíos, sus padrinos, sus seres queridos en general. A estos, pues, más que a los niños, nos dirigimos. Para que compartan juntos bellos momentos, para que disfruten con la maestría de sus ejecutantes, su buen hacer, la maravillosa música que envuelve sus movimientos, pero teniendo siempre en cuenta que no todos pueden llegar ahí ni tienen por qué hacerlo.

Como solemos hacer, hemos ordenado los vídeos elegidos en función del año en que se estrenó la obra que registran, por lo que empezamos con dos conocidos números –aunque todos los seleccionados lo son– de Coppélia, ballet con música de Léo Delibes que se estrenó el 25 de mayo de 1870 en la Ópera de París. Son estos la mazurca del primer acto y el “Vals de las horas”, del tercero y último. Ambos corresponden a la producción de Coppélia del Bolshoi Ballet de Moscú de 2011, con la coreografía que creó Marius Petipa a finales del siglo XIX y Natalia Osipova como Swanilda.

También a Delibes se debe la música de Sylvia, que se estrenó igualmente en la Ópera de París, con coreografía de Louis Mérante, el 14 de junio de 1876. Su número más popular es, sin duda, la polca Pizzicato, que bailan los solistas del Ballet de la Ópera Estatal de Viena –en una filmación efectuada en el palacio Liechtenstein de la capital austriaca– e interpreta la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Daniel Barenboim, durante el Concierto de Año Nuevo de Viena de 2014.

La Bayadère (La bayadera) es un ballet en tres actos estrenado en el Teatro Mariinski de San Petersburgo el 23 enero de 1877 con música de Ludwig Minkus y coreografía de Marius Petipa. La escena del segundo acto “El Reino de las sombras” es el número que incluimos en un momento de la gala homenaje a Marius Petipa que la cadena de televisión ARTE France retrasmitió desde el Teatro Mariinski el 31 de diciembre de 2009. Petipa nació en Francia (en Marsella) en 1818 y emigró a Rusia, donde en 1858 fue nombrado maestro de baile del Ballet Imperial ruso. Puede que, según la edad –caso de que haya peques con ustedes viendo esto– el número les resulte demasiado largo. Si es así, para eso están las opciones de avanzar (o retroceder), que no pasa nada. La coreografía, de todos modos, es una maravilla.

Este que sigue es todo lo contrario que el anterior en cuanto a duración –no llega a los dos minutos– pero no menos fascinante. Hablamos de la “Danza de los pequeños cisnes” (Allegro moderato), del segundo acto de El lago de los cisnes, ballet que Piotr Ilich Chaikovski estrenó en el Teatro Bolshoi de Moscú en 1877, que se lo había encargado dos años antes. Posiblemente sea el más popular de la historia y es todavía uno de los más representados. Lo interpreta el Ballet de la Ópera de París en una representación de 2005.

Seguimos con Chaikovski, con El cascanueces, un ballet –o cuento de hadas-ballet– cuya música compuso también por encargo del director de los Teatros Imperiales de Rusia en 1891 y se estrenó en 1892 en los días previos a las Navidades (el 18 de diciembre). Es uno de los ballets recurrentes de la época navideña. Del mismo vemos el famoso número del segundo acto “Vals de las flores” y la no menos conocida “Danza del hada de azúcar”, penúltimo número antes del final. Ambos, con coreografía Petipa, los interpreta el Bolshoi Ballet; el primero durante una presentación en el Royal Opera House de Londres en 2012, el segundo, con Nina Kaptsova, en otra representación anterior que tuvo lugar en Moscú en 2010.

Habrán observado que todos los números que hemos visto hasta ahora pertenecen al periodo musical del Romanticismo, la época dorada del ballet clásico. Cerramos la entrada, sin embargo, con uno que estrenó el Ballet Kirov en Perm (Rusia) el 9 de diciembre de 1942. Nos referimos a Gayanéh, ballet en cuatro actos con música de Aram Jachaturián y coreografía de Nina Anísimova. La partitura fue revisada en 1952 y en 1957, con un nuevo libreto. De esta última versión es la famosa “Danza del sable”, movimiento del acto final, que vemos por el Ballet Mariinski, como pasó a denominarse el Kirov tras el derrumbe de la Unión Soviética. Anteriormente, en la época zarista, era conocido con el nombre de Ballet Imperial. No obstante, Gayanéh conserva –a pesar de las innovaciones musicales– ese nacionalismo musical tan propio del periodo romántico. El momento que recoge el vídeo corresponde a una representación del ballet en el mismo Teatro Mariinski en 2014.

Que pasen un buen día.