Sentir / consentir

Michael Bilotta Conceptual fine art Photographer

Michael Bilotta / Tutt’Art ©

Siendo el hombre el ser más imperfecto de cuantos hay en la naturaleza, dice que siente cuando en realidad consiente. Cree en normas, reglas, dictámenes, leyes, constituciones, sin cuestionarse el porqué de su germen, ni el sentido de sus disposiciones, ni a quién sirven y para qué. La inmutabilidad del dogma. Así todo es más fácil. Los dogmas carecen de significado intelectual. Cuestión de fe. No hay que ejercitar la razón. Normas, leyes, preceptos. División entre los que se benefician de ellas, los que creen beneficiarse y los que aspiran a tal beneficio, excluyendo a quienes se resisten a aceptar sin más. La vida en sociedad, lejos de hacernos más libres, nos ha esclavizado cada vez más. Día a día aumenta la infelicidad, es el infortunio de un existir vacuo, ajeno y extraño a las voluntades, disfrazado de metáforas y alegorías, un mundo de ilusión, que no ilusionante, de imágenes perfectamente encuadradas sobre selección previa de sus distintas maneras de ser representado. Aceptación de la negación, no somos por nosotros mismos, no existimos más allá de la consideración de los demás. Es en el desorden y la desigualdad que sentimos reconocer otros semejantes a nosotros mismos. Y, lo más importante, el ánimo se reconforta al ver que la situación de muchos es peor que la nuestra.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2016/11/29/sentir-consentir/

Escribir es como respirar

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“Mini self portrait” / Joel Robison ©

Escribir es como respirar. En según qué circunstancias el aire viciado te lo impide, pero hay que seguir respirando, si no te mueres. Aun así, acabamos contaminados por la atmósfera que nos rodea sin siquiera darnos cuenta y conformamos la realidad a través de nuestro ánimo adulterado. Solamente en la ficción somos capaces de soportar nuestras renuncias y asentimientos, evadirnos y ser otro. Aunque ¿qué otro? El que la existencia, nuestra existencia, demanda. Siempre somos otro. ¿Qué es ficción, qué no? ¿Qué hemos vivido en verdad fuera de nuestra imaginación? Llegados a este punto todo se vuelve frustración. Aun así, prefiero la ficción, al menos puedo cabrearme con quien quiera, destruir lo que considere y construir lo que crea. Luego viene el choque con la realidad, no tanto por la divergencia que pueda darse entre lo fantaseado y lo concreto como por la dificultad para distinguir ambos extremos. La libertad para actuar es una falacia, nadie es libre, somos lo que somos y lo que la historia nos ha hecho.

Sam Sutherland, protagonista de mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2016/11/22/escribir-es-como-respirar/

En el campo de Miranda de Ebro

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Prisioneros del campo de concentración de Miranda de Ebro (invierno de 1937).

Llegaron en un par de automóviles seis hombres, a los que acompañaban tres mujeres, con sus camisas azules recién planchadas sobre cuyo lado izquierdo llevaban bordados el yugo y las flechas y con la boina roja de los carlistas. Algunos completaban el aderezo con correajes y botas de montar. Ellas también vestían camisa azul, una también boina roja, coquetamente ladeada hacia la izquierda.

Mandaron a unos confinados que quitaran las maderas de las letrinas y colocaran encima de la zanja un poste, de parte a parte. A continuación lo untaron con jabón. En un extremo dispusieron un palo y en su parte superior pusieron una gran morcilla de Burgos. Mientras, en un camión llegaron unos músicos, que se situaron detrás de los falangistas y sus acompañantes, instalados en una especie de palco que habían montado a una distancia prudencial para evitar el olor nauseabundo que salía de la zanja. Una vez todo listo, con los músicos interpretando un pasodoble, uno de ellos, megáfono en mano, anunció que iba a empezar el “concurso”. ¿Concurso? Sam se acercó a un corrillo de compañeros de barracón, todos extranjeros. Tampoco sabían en qué consistía el concurso que aquel tipo de fino bigote y pelo engominado peinado hacia atrás, caricatura del prototipo falangista, anunciaba, aunque se temían lo peor vista la escenografía. Un español que ya llevaba tiempo internado y conocía la perversa forma con que aquellos sujetos se divertían, les corroboró que iban a asistir a un grotesco espectáculo.

―Claro que no hay espectáculo sin actores ─añadió─. Lamentablemente demasiados se prestan. El hambre es muy mala consejera. A ver quién es el desgraciado que aguanta el hambre o tiene suficiente dignidad para no intentar coger los distintos alimentos que van colgando.

Se formó una cola ─otra más─ en el extremo contrario al palo del que pendía la morcilla. Uno a uno, los hombres trataban de cruzar la zanja sobre el poste enjabonado. Lógicamente había quien resbalaba y caía en las letrinas. Seguían estruendosas carcajadas, gritos de ánimo para el próximo intento, burlas y chanzas de todo tipo, no solo por parte de los organizadores, también de muchos “espectadores”. Uno por fin se hizo con la morcilla. Le hincó el diente nada más descolgarla. Los falangistas aplaudían entusiastas; ellas se mostraban más recatadas y trataban de ahogar la risa tapándose la boca con el pañuelo con que se cubrían la nariz cuando alguien caía en la zanja y esparcía el olor de los excrementos al aplastarlos con su cuerpo. Luego colocaron un pan, blanco, de harina de trigo, simple recuerdo para muchos, a saber cuánto tiempo hacía que no habían visto un pan como ese. Más intentos. Unos frustrados ─abucheos─, otros fructíferos: aplausos. Risas en todos los casos. Así estuvieron hasta que se agotaron el suministro que llevaban consigo. Marcharon de allí al son de otro pasodoble.

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2016/11/14/en-el-campo-de-miranda-de-ebro/