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yo-yo-yo

Natasum Photography ©

Las penas son menores con la edad, aunque los placeres también. Envejecer es cada vez más parecido a morir en vida. Somos como muebles, trastos viejos que ya no sirven y como tales se nos arrincona en los desvanes de la memoria. Aunque eso nunca les sucederá a nuestros hijos, al menos a Hannah y Bill. Nacieron viejos, ya lo eran en 1968, ellos y la mayoría de cuantos protestaban por un mundo que tachaban de injusto, banal, vacío, pero al que, a pesar de todo, se han acomodado perfectamente. Tanta hostia para descubrir que solo se trataba de una rebelión del yo frente al nosotros. ¿No te has dado cuenta que siempre empiezan las frases con “yo”? Yo pienso, yo creo, yo opino… Yo, yo, yo. Nosotros utilizábamos el plural. Después de lo que ha pasado en este tiempo ya nada será igual, dijo Cohn-Bendit en junio de 1968. Es verdad, nada ha sido igual, el individualismo es hoy uno de los principales rasgos de nuestra sociedad, otro la fragmentación del conocimiento y, un tercero más, la división de la vida en esferas concéntricas que nunca se encontrarán.

Sam Sutherland, protagonista de mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Puede adquirirla en edición en papel o electrónica.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2016/12/05/yo-yo-yo-y-nosotros/