Oberturas de operetas

De la ópera, de cuyas oberturas se ocupaba la entrada de ayer, a la opereta. Hoy siete oberturas de conocidas operetas que he seleccionado siguiendo los mismos criterios que ayer: mi propio gusto; la existencia de vídeos que se puedan insertar y tengan una calidad de audio e imagen aceptable, y que la interpretación sea también de mi agrado. También las he ordenado cronológicamente según el año en que se estrenaron.

La primera es la obertura de Orphée aux enfers (Orfeo en los infiernos), de Jacques Offenbach, estrenada en París en 1858, la primera opereta larga de la historia, pues las operetas anteriores constaban de un solo acto ya que la legislación francesa no permitía otra cosa. Esta, sin embargo, tenía nada menos que cuatro. La versión que sigue corre a cargo de la MÁV Symphony Orchestra de Budapest, dirigida por Balázs Bánfi, en un concierto celebrado en el Hungarian National Museum (Budapest) en 2016.

Seguimos con Offenbach. De 1864 es una de sus mejores operetas: La belle Hélène (La bella Elena). El licencioso mensaje de la obra escandalizó en el momento de su estreno. La obra cuenta la historia de Elena de Esparta, esposa de Menelao, mujer caprichosa y un tanto atolondrada, bella como pocas, o como ninguna, que vivía atada a las rígidas normas de comportamiento que imposibilitan su amorío con Paris y, en soledad, lloraba sus penas mientras en su interior luchaba por llevar adelante sus deseos frente al papel que, como reina y mujer casada, estaba obligada a representar. Nada nuevo. Pero Offenbach invirtió los roles y montó una extravagante historia en la que Elena no era más que una frívola mujer, Menelao un cornudo y el sumo sacerdote un corrupto. Una orquesta de jóvenes músicos, la Portland Youth Philharmonic Alumni Orchestra, bajo la batuta de David Hattner, hace que suene así de bien en el vídeo que sigue, grabado en el Arlene Schnitzer Concert Hall de Portland (Oregon) el 26 de diciembre de 2012.

Leichte Kavallerie (Caballería ligera), de Franz von Suppé, es una de las oberturas de opereta más interpretadas por orquestas y bandas de música, lo que ha convertido en tremendamente popular. Se estrenó el 21 de marzo de 1866 en el Carl Theater de Viena. Vemos a continuación la versión de la Orquesta de Cleveland, dirigida por Franz Welser-Möst, en un concierto que tuvo lugar en enero de 2012 en Cleveland (Ohio).

Durante años, Johann Strauss dudó de sus posibilidades como compositor de operetas –creía no estar a la altura– pero su esposa, la ex cantante de ópera Henriette Challupetzky, conocida como Jetty –que fallecería en 1878– le animó a hacerlo. Gracias a ello llegó su opereta más celebrada: Die Fledermaus (El murciélago), que se estrenó el 5 de abril de 1874 en el Theater an der Wien de Viena. Escuchamos su obertura por la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Georges Pretre durante el concierto de Año Nuevo de 2010 de la capital austriaca.

También de Strauss es la obertura de opereta que sigue, correspondiente a Der Zigeunerbaron (El barón gitano), estrenada el 24 de octubre de 1885 en el Theater an der Wien. Al igual que la anterior, Der Zigeunerbaron suele formar parte de los conciertos de Año Nuevo de Viena. A uno de ellos, el de 1992, pertenece el vídeo que sigue, en el que vemos a la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida esta vez por Carlos Kleiber.

Y de austriaco a austriaco, de Strauss a Lehár, otro de los grandes compositores de opereta. Su opereta Die lustige witwe (La viuda alegre) es una de las más conocidas y representadas. También una de las mejores que se han compuesto, con melodías de fácil audición, llena de hallazgos musicales y momentos inspirados, perfecta para iniciarse en el fascinante mundo de la opereta (algo así como La Traviata respecto a la ópera). Vamos a escuchar su obertura en un concierto de la Orchestra giovanile di fiati dell’EUREGIO (comunidad entre cerca de 130 ciudades de Alemania y Países Bajos) celebrado en 2016, con dirección de Wolfgang Rosenberger.

Un salto en el tiempo y finalizamos con Gustavo Dudamel dirigiendo la Filármonica de Viena, que interpreta la obertura de la opereta de Leonard Bernstein Candide (1956), basada en la novela homónima de Voltaire, estrenada ese mismo año en Broadway. La actuación tuvo lugar durante el Summer Night Concert de 2019, frente al Palacio Schönbrunn de Viena.

Que la vida sea amable con ustedes.

Oberturas de ópera

Vamos hoy con seis oberturas de óperas, esas piezas instrumentales que suelen dar inicio a las obras y nos introducen en ellas. Los criterios para haber elegido estas seis son, ante todo, mi propio gusto; la existencia de vídeos que se puedan insertar y tengan una calidad de audio e imagen aceptable, y que la interpretación sea también de mi agrado. Fueron compuestas entre 1805 a 1875 y las he ordenado cronológicamente según el año en que se estrenaron.

Hasta el estreno de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart Don Giovanni (1787), las oberturas poco tenían que ver con la música de la propia obra. No es esta, sin embargo, una de mis oberturas preferidas. Sí lo es, en cambio, la que posiblemente sea la ópera menos convencional de las elegidas y de todas las del siglo XIX: Fidelio, la única que compuso Ludwig van Beethoven, cuyo estilo musical no se adecuaba a los rígidos cánones que comenzaban a dominar el mundo de la ópera por entonces. Por ello fue objeto de varias versiones entre la fecha de su estreno, el 20 de noviembre de 1805 (Theater an der Wien de la capital austriaca), y 1814, la que se convirtió en definitiva. Influido por los ideales de la Revolución Francesa y por el elevado concepto que Beethoven tenía del amor, Fidelio narra la historia de Leonora, quien disfrazada de hombre y con el nombre de Fidelio acude a la prisión para ganarse la confianza del carcelero y liberar a su marido, preso por motivos políticos. La interpretan la Orquesta y Coro de la Ópera de Zúrich (2004), con dirección de Nikolaus Harnoncourt.

Muy distinta –aunque no menos lograda– es la obertura que sigue, la de la ópera bufa en dos actos de Gioachino Rossini El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia), que se estrenó en el Teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816. Rossini era un bon vivant al que le gustaba tomarse las cosas con tranquilidad y solía dejar los encargos para el último momento, por lo que muchas veces se copiaba a sí mismo. Este es caso de la obertura de El barbero de Sevilla, que ya había sido utilizada por el compositor como obertura de dos obras anteriores. La ópera cosechó el día de su estreno un fracaso absoluto, con silbidos y abucheos incluidos, pues esta primera representación fue un desastre y se produjeran diversos accidentes en escena: al cantante que hacía de Almaviva se le rompió una cuerda de la guitarra nada más empezar la obra, uno de sus intérpretes se cayó… La segunda representación ya fue bien y desde entonces el éxito a acompañado a la ópera de Rossini. La versión que figura bajo estas líneas corre a cargo de la Tonkünstler-Orchester Niederösterreich (Orquesta Sinfónica de la Baja Austria) durante el Festival de música que tiene lugar todos los veranos en la ciudad austríaca de Grafenegg (edición de 2012). El director es el colombiano Andrés Orozco-Estrada.

Don Pasquale, ópera bufa en tres actos con música de Gaetano Donizetti, sí triunfó desde el primer momento, si bien fue un éxito más de crítica de que de público. Se estrenó en el Teatro de los Italianos de París el 3 de enero de 1843 y se considera la última de las grandes óperas bufas italianas. El vídeo que sigue recoge la versión de la obertura de Don Pasquale durante el Concierto de Año Nuevo celebrado en 2006 en el teatro La Fenice de Venecia con la orquesta del teatro dirigida por Kurt Masur.

Lohengrin es una ópera romántica en tres actos, con música y libreto en alemán de Richard Wagner. Wagner es sin duda uno de los compositores más influyentes de la música occidental. Con él no hay término medio: o se le venera o se le aborrece. Yo soy más bien de los primeros. Lohengrin –de la que se dice que es la más “italiana” de sus óperas– se estrenó en 1850 en el Teatro Großherzoglichen de Weimar, siendo dirigida por Franz Liszt. La historia del personaje homónimo está tomada de un romance alemán medieval, especialmente el Parzival de Wolfram von Eschenbach y su secuela, Lohengrin, escrita por un autor diferente, a su vez inspirada por la épica de Garin le Loherain. Escuchamos la obertura de Lohengrin de la mano de la Filarmónica de Berlín, dirigida por Simon Rattle, en un concierto celebrado en la Berlin Philharmonie el 13 de noviembre de 2012.

La Traviata, de Giuseppe Verdi, es otra ópera cuyo estreno fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público asistente cuando se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara la soprano Fanny Salvini-Donatelli, que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. La versión que sigue corresponde a la Orquesta Sinfónica de Milán dirigida por Xian Zhang en el concierto Viva Verdi durante los Proms de 2013, año en que se conmemoró el segundo centenario del nacimiento del compositor.

Poco faltó para que las representaciones de Carmen, la célebre ópera de Georges Bizet basada en la novela homónima de Prosper Mérimée, publicada en 1845, se suspendieran a los cuatro días de su estreno. Tuvo lugar este en el en teatro de la Opéra-Comique de París el 3 de marzo de 1875 y recibió muy malas críticas. Aguantó en cartel hasta las cuarenta y ocho funciones, pero al final el teatro se llenaba porque las entradas se regalaban. ¿Es posible que el fracaso contribuyera a que Bizet sufriera un ataque al corazón a consecuencia del cual falleció el 3 de junio de 1875, a los 36 años de edad? Poco después del deceso, en octubre de 1875, se representaba en Viena y, entonces sí, público y crítica se volcaron en ella y comenzó su popularidad mundial. La versión de la obertura de Carmen, con la que finaliza esta entrada, es la que ofreció la Orchestre de Radio France durante el concierto celebrado en 2015 Hommage à Myung-Whun Chung, pianista y director de orquesta surcoreano. Es él quien dirige.

Que la vida sea amable con ustedes.

Todos somos negros

O al menos muy oscuros. En origen todos los seres humanos fuimos, si no negros, oscuros de piel. Lo explica muy bien Marvin Harris (Nuestra especie, 1991). Todo depende en buena parte de la melanina, un pigmento al que debe la coloración la piel y cuya función es proteger las capas cutáneas superficiales del sol. La radiación solar convierte las sustancias grasas de la epidermis en vitamina D, imprescindible para una correcta absorción de calcio, el cual, como es sabido, resulta fundamental para la fortaleza de los huesos. La vitamina D está en presente solo en algunos alimentos, especialmente en los aceites e hígados de los peces. Los pueblos alejados de la costa no podían obtener la cantidad necesaria de vitamina D de los peces hasta tiempos relativamente recientes, por lo que esta dependía de los rayos del sol. Por eso, los esquimales no tienen la piel clara, pues su hábitat es rico en vitamina D.

A medida que los humanos fueron desplazándose desde África a otros lugares, y según se iban trasladando más al norte, la piel tuvo que adaptarse a los distintos climas. La necesidad de que fuese oscura para protegerse de los rayos del sol disminuía, así, según la latitud. Con una piel más clara, los humanos podían producir una suficiente cantidad de vitamina D. Hasta hace tan solo 10.000 años –puede que 12.000– negros y blancos compartimos el mismo color. Hasta esa fecha no existió la que denominamos “raza blanca”, y es posible –aunque esto sea solo una hipótesis– que el homo sapiens original no fuese tampoco lo que ahora entendemos por “negro”, sino –como decíamos al principio– muy oscuro de piel.

El cambio de pigmentación entre los humanos debió empezar, según Harris, hace unos 5.000 años y alcanzaría los niveles actuales poco antes de la era cristiana. Los pobladores de la Europa septentrional tenían necesariamente que vestir abundantes ropas para protegerse de los fríos inviernos. “Solo un circulito del rostro del niño –afirma Harris– se podía dejar a la influencia del sol, a través de las gruesas ropas, por lo que favoreció la supervivencia de personas con las traslúcidas manchas sonrosadas en las mejillas”.

La selección cultural completó el proceso. Cuando los humanos comenzaron a plantearse qué niños alimentar y cuáles descuidar, los de piel clara cobraron ventaja, ya que la experiencia mostraba que se criaban más altos, más fuertes y más sanos que los de piel oscura (al poder su piel absorber la vitamina D). Los de piel oscura, en cambio, no podían crecer igual si no tenían una alimentación rica en aceites e hígados de pescado, lo cual era imposible para las poblaciones alejadas de la costa. Así, en Europa, “el blanco era hermoso porque era saludable”.

¿Y en el resto? El periodo comprendido entre el 9.000 y el 4.000 a.C. –lo que conoce como Mesolítico– fue el último de la larga era glacial y empezó hace 100.000 años. El color de la piel de los diversos pueblos que poblaban la tierra fue adaptándose a las nuevas condiciones climatológicas, más cálidas, que permitieron el aumento de los bosques y la biodiversidad (aunque también provocó la inundación de amplias zonas costeras). Y, por supuesto, a los cambios que esto conllevó en su comportamiento y en su cultura material.

La evolución de la piel negra siguió el mismo camino, pero al revés. “Con el sol gravitando directamente sobre la cabeza la mayor parte del año y al ser la ropa un obstáculo para el trabajo y la supervivencia, nunca existió carencia de vitamina D […] Los padres favorecían a los niños más oscuros porque la experiencia demostraba que, al crecer, corrían menos riesgo de contraer enfermedades mortales y deformadoras. El negro era hermoso porque el negro era saludable”.

De ese modo, los humanos comenzamos a dividirnos también en función del color de nuestra piel. Y en esas seguimos. Solo que ahora sabemos que todos provenimos del mismo tronco genético y continuamos, de forma espuria, dividiéndonos en base a lo indivisible.