Medianoche con las estrellas y contigo. Un dulce romance que recordaré toda mi vida. Toda mi vida me acompañará el recuerdo de aquella medianoche a tu lado bajo las estrellas.
Midnight with the stars and you (Medianoche con las estrellas y contigo) es una canción
que compusieron Harry M. Woods (música) y Jimmy Campbell y Reg Connelly (letra)
y grabó por primera vez la orquesta de Ray Noble con la voz de Al Bowlly en 1934.
Las imágenes del
vídeo son de la película Lost in
Translation (2003), dirigida por Sofia Coppola, con Bill Murray y Scarlett
Johansson.
Y Roger Vadim
creó a Brigitte Bardot. Puestos a atribuir la creación de la mujer –y del
hombre– a alguien, prefiero la Brigitte Bardot que creó, o recreó, Vadim en la
película Et Dieu… créa la femme (1956)
que la Eva que según los cristianos es obra de Dios, esa Eva veleidosa que por
una puñetera manzana –tiene cojones la cosa– condenó a la humanidad, eternamente
a una vida de aflicción y dolor, ni más ni menos. Menuda chapuza hizo. Aunque
el resultado de su ‘experimento’ era de cajón que no podía salir bien. ¿A quién
se le ocurre poblar el mundo a partir de únicamente dos personas? Desde luego
que a nadie con dos dedos de frente. ¿No sabía que para que la especie continuase
era preciso recurrir al incesto?, ¿que los descendientes debían necesariamente
ser fruto de las relaciones sexuales entre hermanos? Y luego entre primos hermanos,
y así hasta ahora. ¿Y que eso reduce la variabilidad genética y aumenta
considerablemente el número de tarados? Vean, si no, los linajes de las familias reales. Imposible que no lo supiera. Es omnisciente.
¡Ay!, las prisas por descansar…
Claro que, por
otra parte, tal vez sea cierto el asunto este de Adán y Eva. Explica mejor de
ninguna otra posibilidad el enorme número de tarados que rigen el destino de la
humanidad (reyes, presidentes, ministros, consejeros, alcaldes, concejales y
cargos varios) desde unas instituciones que conforman el Estado y están al
servicio del que ha mostrado ser el único dios que veneran estos tarados, el
mercado, y que regulan los mercaderes-financieros, sumos sacerdotes de todo este
tinglado. Con el apoyo de más tarados, obviamente. Pues como decía Boris Vian (Traité de civisme, 1950), “¿Un general
sin soldados es peligroso?, “¿un comisario o un prefecto de policía sin
agentes?, “un papa sin cardenales, sin arzobispos y sin curas? Los ingleses lo
saben: un rey sin poder es maravillosamente inofensivo”.
Estas pajas
mentales me las hacía mientras subía a YouTube el vídeo que figura al principio,
el cual recoge varias escenas de la película de Vadim –algunas de ellas consideradas
sumamente escandalosas en su momento, y en posteriores (en España no se estrenó
hasta 1971)– con una más que sensual Brigitte Bardot, sensualidad que acentúa la
música de Paul Misraki, autor de la banda sonora. Mientras esperaba a que me indicase que ya estaba
listo para ser publicado, pues tarda un montón. Y como aún me sobraba tiempo se
me ha ocurrido buscar en internet información acerca de Adán y Eva y su
descendencia. ¡La leche! ¡La de artículos, escritos de diversa índole, fórums, comentarios,
etc., que hay! Me reconforta comprobar que hay quien práctica el onanismo
mental mucho más asiduamente que yo.
Buen fin de semana.
Para ascender desde la colina de Montmartre a la basílica del Sacré Coeur hay que subir nada menos que 197 escalones. Un verdadero suplicio para los miserables, para aquellos que solo conocen la pobreza y la necesidad. Sin embargo, para los enamorados puede ser un acogedor cobijo. En lo alto, las aspas de los molinos (el Moulin Rouge, el Moulin de la Galette…) los protegen de toda intromisión. Allí en lo alto fue donde transcurrió esta historia de amor entre un poeta y una desconocida que nos cuenta la canción.
Bella y conmovedora canción, nostálgica,
melancólica, amorosa, triste, pasional, emotiva, poética…, y magnífica versión que
ofreció Zaz acompañada de la excelente SWR big band (atención al solo de
trombón de Marc Godfroid) durante su actuación en la edición de 2015 del
festival Jazzopen Stuttgart. Buen vídeo, pues, el que figura sobre estas
líneas. La canción, como habrán podido leer en su título, es La complainte de la Butte (La canción triste
de la Butte). La música es de George Van Prys (1902-1971), compositor
cinematográfico (más de trescientas partituras de filmes, entre ellas
reconocidos clásicos del cine francés), de operetas (uno de los grandes últimos
compositores del género) y de música ligera. Compuso la melodía de La complainte de la Butte para la película
French Cancan (1955). Su director, el
magnífico Jean Renoir (1894-1979), hijo del conocido pintor Pierre-Auguste
Renoir, escribió la letra. Ambos consiguieron –a mi entender al menos– algo
verdaderamente difícil: La complainte de
la Butte respira todo el sabor de la chanson
la Belle Époque y en nada desentona de temas otros clásicos del momento de su
banda sonora.
La Butte es el punto más alto de París, la colina sobre la que se asienta Montmartre, el Montmartre de aquellos tiempos con sus cafés, cabarets, talleres de pintores postimpresionistas, su carácter campestre y bucólico… Butte significa colina, y por eso, en prácticamente todas las versiones de la canción se traduce como colina. Yo he preferido dejar La Butte.