I Will Survive

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Si la casualidad no hubiera hecho que el otro día viese en televisión la película El bar Coyote (Coyote Ugly, 2000), no creo que se me hubiese ocurrido confeccionar este vídeo. I Will Survive es una de las canciones incluidas en su banda sonora, una buena canción, de ritmo trepidante y de lo más pegadiza, pero la música disco no me dice gran cosa. Seguro que la habré bailado alguna vez en alguna fiesta de pueblo; en una discoteca estoy convencido de que no.

Peper Perabo.

De todos modos, no fue la película en sí, ni la canción, lo que me motivó a hacer el vídeo, sino su actriz protagonista: la estadounidense Piper Perabo (1976). No la había visto jamás, pero llamó poderosamente mi atención y a la mañana siguiente busque en internet información sobre ella, y sobre el filme. Entonces me encontré con que no solo a mí me había cautivado esta mujer. El crítico estadounidense de cine, ya fallecido, Roger Ebert escribió: “Hay una razón para ver la película, y esa razón se llama Piper Perabo” (leído en Filmaffinity). Completamente de acuerdo. También con otro crítico, Fernando Morales, este de El País: “Correctísima cinta rodada con gran habilidad técnica (…) Gran interpretación de Piper Perabo”.

Peper Perabo.

Y bueno, espero que disfruten el vídeo con fragmentos de algunas escenas de la película y la estupenda y pegadiza I Will Survive. La versión que suena es la del single original de 1978 que grabó Gloria Gaynor.

El pájaro despistado

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“Visitando la ciudad” (2013). Jacqueline McIntyre.

Nada queda. El barrio ─unas cuantas calles─ es otro. Yo también. Pero ahí seguimos, entre el cementerio y el tanatorio, rodeados de zombis. Si la muerte es ausencia de vida, lo somos desde hace mucho tiempo, zombis. Murió Vladimiro, el zapatero; Joaquín vendió su camión y marchó con su esposa al pueblo de esta; cerró Pilar, la pescadera; también Olegario, que tenía una tienda de ropa, y Casimiro (cada vez había menos niños que compraran las chucherías y tebeos de su kiosco). La pequeña fachada roja de su reducido puesto persiste no obstante; unos pakistanís han instalado allí una frutería y la repintaron del mismo color. Murió también doña Amalia, que sabía cómo hacer desaparecer las verrugas simplemente frotándolas un instante con los dedos de su mano, y se fue el olor a jazmín que salía del patio de su casa; sus hijos la vendieron, hoy es un edificio de pisos, de seis alturas. Nos dejó El Gran Hogart, el mago ─en realidad se llamaba Vicente─, que seguía fascinando a propios y extraños con sus trucos en el bar de Valentín a cambio de una copa. Las acacias las cortaron tiempo ha. Aun así, de vez en cuando todavía se ve algún pájaro. Siempre hay despistados.

Manuel Cerdà: El viaje (2014, nueva edición 2019).

Entrada publicada en mi blog Música de Comedia y Cabaret el 21 de diciembre de 2014.

La romance de Paris

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La romance de Paris es una canción de Charles Trenet (1913-2001), el llamado padre de la canción francesa, quien la escribió para la película de Jean Boyer Romance de Paris (1941). Para componer la música contó con la colaboración de Léo Chauliac.

“Romance” en español significa, entre otras cosas, ‘relación amorosa pasajera’, es decir, una simple aventura ocasional entre dos personas. Podría, pues, haber traducido ‘la romance de Paris’ como ‘el romance de París’, pero creo que en español no reflejaría bien lo que la canción dice. De ahí que haya preferido la expresión ‘los amoríos de París”.

Zaz grabó el tema en 2014 con Thomas Dutronc, pero a mí me gusta más esta versión en directo que ofreció durante el concierto que dio en el festival Jazzopen Stuttgart el 11 de julio de 2015 con la SWR Big Band. Llena de ritmo, con este toque swing que le imprimen Zaz y la SWR, es simplemente una delicia. Hay que destacar las intervenciones de Guillaume Juhel (guitarra), Jean Marc Reyno (voz) y Claude Egéa (trompeta). Averiguar sus nombres ha sido lo más difícil con diferencia, pero creo que es de justicia que figuren.

Mis novelas

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Para más información y cómo conseguirlas clique sobre el título de cada una de ellas que figura bajo estas líneas:

EL VIAJE

EL CORTO TIEMPO DE LAS CEREZAS

ADIÓS, MIRLO, ADIÓS (BYE BYE BLACKBIRD)

PRUDENCIO CALAMIDAD

Sobre mi trayectoria profesional véase Wikipedia o las diversas entradas de la sección de este blog Sobre mí.

Il mondo

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El otro día, por casualidad, vi en televisión About Time (2013, Una cuestión de tiempo). No la conocía y lo cierto es que me pareció una película simpática, fresca y bastante divertida. Busqué información sobre ella al día siguiente, puesto que la pillé ya empezada, y me pareció muy acertada la apreciación del crítico del diario ABC Antonio Weinrichter: “Rachel McAdams es todo lo adorable que se puede ser sin provocar la envidia de las diosas”.

Como la canción Il Mondo juega un papel esencial en la película y suena completa en la escena final –con esa inolvidable boda, tan caótica que resulta genialmente divertida–, se me ocurrió hacer este vídeo con dicha escena, si bien intercalando un par de breves fragmentos de otros momentos del film y ‘limpiando’ el sonido para que la canción –que es la protagonista del vídeo– se escuchase sin el sonido de ambiente. Il Mondo es una canción –con letra de Gianni Boncompagni y música de Jimmy Fontana y Carlos Pes– de 1965 que Jimmy Fontana grabó ese mismo año. Esta es la grabación que he incluido. Estoy seguro de que todos ustedes la han escuchado más de una vez y de que a quien más y a quien menos le traerá algún que otro recuerdo.

C’est magnifique

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Cuando llega el amor y te lleva a dar una vuelta, C’est magnifique! Cuando cada noche tu amor te abraza fuerte,  C’est magnifique! Cuando se aleja, ¡oh¡, eso es terrible. Mas cuando de nuevo susurra Je t’adore!, ¡oh¡, C’est magnifique!

C’est magnifique! es una canción del musical de Cole Porter Can-Can (1953), el penúltimo que estrenó en Broadway. Pocos años antes, la crítica –siempre tan perspicaz– consideraba que su carrera estaba acabada y pocos eran quienes apostaban por él. Obviamente, no fue así y resurgió cual ave fénix en 1948 con Kiss me Kate, que se representó más de mil veces ininterrumpidamente, y prosiguió el éxito con Can-Can, que se mantuvo en cartel durante casi novecientas representaciones seguidas. Can-Can incluye canciones tan conocidas como “It’s All Right with Me” y “C’est magnifique”, además de “I Love Paris”, de la que ya confeccioné un vídeo con la versión de Zaz durante el festival Jazzopen de Stuttgart de 2015.

La versión que he elegido de C’est magnifique! para el vídeo que les presento es de Kay Starr (1922-2016), cantante estadounidense de música pop y de jazz que alcanzó gran notoriedad en las décadas de 1940 y 1950.

Que tengan un buen fin de semana. C’est magnifique!

Culpa, dominación y sumisión.

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Ser sumisos es un mecanismo perfecto de dominación, tan inmejorable que incluso cuando dejas de creer en dioses y la Superioridad y en todos los sofismas en base a los cuales se ha construido tal artificio siguen exis-tiendo marcas en lo más recóndito del espíritu que la razón no alcanza a borrar. Hemos de sentirnos culpables, infracto-res, pero ahí está el todopoderoso, los todopoderosos, para concederte el perdón.

Te perdonarán. Si te arrepientes. Si no lo haces de nuevo. Resígnate pues. Sé paciente. En este mundo sufrirás, sometido a los que están por encima de ti. Así es la vida, que no te angustien las calamidades, ya tendrás tu recompensa. Llegará en el otro mundo. O, si perseveras, incluso en este, te dicen los omniscientes definidores encargados de formar ciudadanos, es decir, seres dóciles.

Culpa. Hay que sentirse siempre culpable de algo, por algo, es la base de todo poder. Sin culpa no hay miedo.

Culpa. Remordimiento. Vergüenza. Confesión (declaración). Juicio. Arrepentimiento. Pena. Acatamiento. Claudicación. Otra vez.

Lo único que nos queda es la renuencia. La defección ante la epidemia espectacular y la aceptación de la inutilidad de cualquier aspiración es la única resistencia posible, la soledad la única compañera fiable. No erraba de pequeño al preferir mi mundo, si es que de un mundo propio puede hablarse en medio de la locura egotista. Un asedio permanente, sin embargo, contaminaba y degradaba toda experiencia, lo que producía en mí una cada vez mayor aversión por los elementos distorsionadores que impedían su natural evolución, elementos siempre debidos a la acción del hombre, o a su inacción, tanto da.

El fiasco, el desengaño, la indignación, la frustración, la impotencia fueron así absorbidos y superados por la aversión. No hay otra salida posible.