Rebelión y revolución (Albert Camus)

En vez de matar y morir para producir el ser que somos, tenemos que vivir y hacer vivir para crear lo que somos.

‘Me rebelo, luego existimos’, decía el esclavo. La rebelión metafísica añadió entonces el ‘existimos solos’ de que vivimos todavía en la actualidad. Pero si estamos solos bajo el cielo vacío, si, por lo tanto, hay que morir para siempre, ¿cómo podemos existir realmente? […] Después de esto los pensamientos puramente históricos han venido a decir que ser era hacer. No éramos, pero debíamos ser por todos los medios. Nuestra revolución es una tentativa para para conquistar un ser nuevo, para hacerlo, fuera de toda regla moral. Por eso se condena a no vivir sino para la historia y en el terror. El hombre no es nada, según ella, si no obtiene en la historia, de grado o por fuerza, el consentimiento unánime. En este punto preciso se pasa el límite, y la rebelión es traicionada primeramente, y luego lógicamente asesinada, pues nunca ha afirmado en su movimiento más puro sino la existencia de un límite, justamente, y el ser dividido que somos: no es en su origen la negación total de todo ser. Es el rechazo de una parte de la existencia en nombre de otra parte que exalta. […] La negación total es la única que justifica el proyecto de una totalidad que conquistar. […] La reivindicación de la rebelión es la unidad; la reivindicación de la revolución histórica es la totalidad. […] Una es creadora, la otra nihilista. La primera se dedica a crear para ser cada vez más; la segunda está obligada a producir para negar cada vez más. La revolución histórica se obliga a hacer siempre, con la esperanza, sin cesar defraudada, de ser un día. ‘Obedeced’, decía Federico el Grande a sus súbditos. Pero en la hora de la muerte dijo: ‘Estoy cansado de reinar sobre esclavos’. […] La rebelión, en efecto, le dice y le dirá cada vez más frecuentemente que hay que tratar de hacer, no para comenzar a ser un día, a los ojos de un mundo reducido al consentimiento, sino en función de ese ser oscuro que se descubre ya en el movimiento de insurrección. Esta regla no es formal ni está sometida la historia; es lo que podemos precisar al descubrirla en su estado puro en la creación artística. Anotemos antes únicamente que al ‘Me rebelo, luego existimos’ y al ‘Existimos solos’ de la rebelión metafísica, la rebelión contra la historia añade que en vez de matar y morir para producir el ser que somos, tenemos que vivir y hacer vivir para crear lo que somos.

Albert Camus: L’homme révolté, 1951. Texto extraído de la edición española de 1996:  El hombre rebelde (edición de José María Guelbenzu).

Día del Sentido Común

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer y hoy es el Día Mundial del DJ (declaración de la Unesco de 2002). Y es que hay días para todos y para casi todo. ¡Será por celebraciones! Decido consultar en Wikipedia los días que han sido declarados de carácter internacional o mundial y el listado es inmenso. Estos son algunos de ellos por orden cronológico: Día Mundial de la Lucha contra la Depresión (13 de enero), Día Internacional de la Educación (24 de enero), Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), Día Mundial del Sueño (13 de marzo), Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo), Día del Árbol (21 de marzo), Día Internacional del Beso (13 de abril), Día Internacional de los Trabajadores (1 de mayo), Día Mundial de las Abejas (20 de mayo), Día Internacional del Orgullo LGBT (28 de junio)… Me detengo aquí. Me parece suficiente para hacernos una idea. Todos los días hay algo que celebrar o conmemorar; algunos incluso por partida doble: el 28 de septiembre es el Día Internacional de la Sordera y también el Día Internacional del Acceso Universal a la Información, y el siguiente el Día Mundial de la Rabia (¿la de los sordos por tan acertada coincidencia?). No hay problema, el 29 es el Día Mundial del Corazón (la rabia puede causar un ataque al corazón). Todo está previsto. Contamos con grandes mentes pensantes que no escatiman dedicación ni recursos en tan ardua tarea. Nada escapa a tan brillantes intelectos. Así, existe hasta el Día Mundial del Retrete (19 de noviembre, declaración de la ONU de 2013) o el Día de la Industrialización de África (20 de noviembre, declaración de la ONU de 1989), que yo más bien diría Día de las Oportunidades y Gangas. ¡Ah!, y todas las conmemoraciones propias del patridiotismo, que son también un montón.

Hay un día, sin embargo, que noto a faltar y me atrevo a pronosticar que nunca se celebrará: el Día del Sentido Común. Mucho ardor, mucha pompa, mucha magnificencia… Mucho ruido y pocas nueces. Y es que, como dijo Charles Maurice de Talleyrand, “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”. O como dice el proverbio que tantas veces le escuché decir a mi padre, “d’on no hi ha no es pot treure”. Aunque, bien pensado, creo que es mejor que no se celebre nunca. Seguro que la ONU, o la UNESCO, y sus bravos asesores en asuntos conmemorativos elegían el 28 de diciembre.

Ellos y yo

Dicen ellos que no. Yo digo que sí.

Dicen ellos que sí. Yo digo que no.

Ellos mandan. Yo no.

Ellos disponen y establecen. Yo no.

Ellos son respetables, decentes, honorables, superiores, depositarios de la verdad absoluta. Yo no.

Dicen ellos que sí. Yo digo que no.

Dicen ellos que no. Yo digo que sí.

Ellos obedecen. Yo no.

Ellos delegan y alquilan sus vidas. Yo no.

Ellos son previsores, se metamorfosean cual camaleones y mimetizan conductas y hábitos con probada pericia. Yo no.

No me matriculé en la escuela indicada. O, insolente como puede que sea, orgulloso tal vez, no quise.

Ellos son ellos. Yo soy yo.

Ellos mienten, defraudan, son vanidosos, miserables y mezquinos. Yo no.

Ellos no saben qué es el sufrimiento. Yo sí.

Ellos acatan y se doblegan. Yo no.

Ellos niegan. Yo afirmo.

Vivimos un mismo mundo. El que ellos quieren, el que no quiero yo.

Ellos desean una existencia apacible. Yo no.

Ellos no quieren una vida de quimera. Yo sí.

Ellos son ellos. Yo soy yo.

Moriré diciendo no y ellos sí.

Ellos que sí. Yo que no.