¿Y a mí que me importa qué clase de comunista es usted?

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Un policía golpea a un manifestante en Union Square (Nueva York, 27 de febrero de 1933).

«Había una vez un mitin comunista en Union Square. La policía vino a romperlo, y pronto los agentes empezaron a utilizar sus porras. Uno de los manifestantes objetó que no era comunista sino anticomunista. ‘No me importa qué clase de comunista es usted’, dijo el funcionario, y continuaron golpeándolo».
Jason Epstein, “The CIA and the Intellectuals”, The New York Review of Books, 20 de abril de 1967.

Esta cita de Jason Epstein abre mi última novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Creo que es muy representativa lo que trata de trasmitir esta. Por eso, como se puede leer en la contraportada, “el lector advertirá en muchas situaciones algunas de las circunstancias que nos han conducido a esta sociedad del pensamiento único”.

Jason Epstein es un escritor y editor estadounidense. Fue uno de los fundadores de la revista bimensual The New York Review of Books, desde la que destapó algunas de las operaciones de la CIA para conformar “un aparato de intelectuales seleccionados por sus correctas posiciones respecto a la guerra fría como una alternativa a lo que podríamos llamar un mercado intelectual libre donde la ideología se presume que cuenta menos que el talento individual y el logro”.

En la XXII edición de la Festa del Llibre de Muro

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El pasado viernes 26 de mayo tuve el tuve el honor y el placer de pronunciar la conferencia inaugural de la XXII edición de la Festa del Llibre de Muro. Como allí manifesté, uno ha dado infinidad de conferencias en muy diversos foros, especialmente como historiador. Sin embargo, esta la afrontaba como si fuera la primera de mi vida, pues se trataba de mi pueblo, el lugar donde nací y me crié. Cuando a los 18 años marché a Valencia a estudiar tenía ya –como la mayor parte de las personas a esa edad– el carácter formado, unas idees, unas ilusiones, que iban a acompañarme y a influir intensamente en las decisiones más importantes de mi vida. Como escribió Henri Bergson, “¿qué somos, qué es nuestro carácter sino la condensación de la historia que hemos vivido desde nuestro nacimiento?”. Es con nuestro pasado como deseamos, queremos y actuamos. Somos producto de las experiencias vividas desde que la memoria comienza a tener la capacidad de almacenar recuerdos, y los primeros son el sustrato sobre el que se tejerá nuestra existencia.
Quiero agradecer a la organización, a Sergi Silvestre, concejal de Cultura y Tradiciones, y a Carmina Prats, bibliotecaria y amiga desde hace muchos años, esta invitación gracias a la cual pude dirigirme a mis paisanos –entre ellos muchas caras conocidas y otras más jóvenes que resultaban nuevas para mí, aunque seguro que no lo serían sus familias–, a mis familiares y reencontrarme con amigos de siempre a los que hacía tiempo que no veía. Fue, pues, un acto emotivo y, además, vendí bastantes ejemplares de las dos novelas que se presentaban –El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird)–, si bien esto, sinceramente, era lo de menos.

Les dejo con el vídeo que se grabó del acto. Dura poco más de hora y cuarto y por un problema técnico, supongo, se inicia con la conferencia ya empezada, faltando la presentación y los primeros minutos de la misma. Esta, con las preguntas y opiniones de los asistentes que quisieron intervenir, termina en el minuto 53. El resto recoge la firma de libros y saludos de lectores, amigos y conocidos. Obviamente, hablo en valenciano –o en catalán–, mi idioma nativo y habitual, y la lengua en que siempre nos hemos expresado mureros y mureras.

Recuerdos, jirones, retazos del pasado, de eso estamos hechos

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“The Maze” (1953). William Kurelek.

Recuerdos, recuerdos de tiempos que no volverán, que han perdido toda significación. Los tiempos son otros, nosotros también, las condiciones han cambiado, nosotros hemos cambiado. Hemos ido vaciándonos de espíritu. La banalidad, la anécdota, el detalle frente al discernimiento y la razón. Al final de nuestra existencia solo podremos dar cuenta de las cosas no hechas. Recuerdos, jirones, retazos del pasado, de eso estamos hechos, incompletos siempre, moviéndonos entre un impersonal tiempo pretérito y un futuro que no está en nuestras manos, intentando recordar para demostrarnos que aún estamos vivos, tratando de afrontar que lo peor está siempre por venir por si así sucede. Nuestra existencia presa del absurdo en que consiste tratar de conseguir el equilibrio en un permanente desequilibrio, nuestra existencia individual y nuestra existencia colectiva. Pérdida de tiempo, justificación de nuestras miserias.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).