Clásicos para los peques con los animales de protagonistas

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Pensando en los peques, hemos seleccionado cinco temas de cinco composiciones de la llamada música clásica, cinco breves fragmentos de ellas más concretamente, que consideramos pueden ser un excelente vehículo para ampliar el horizonte musical de los niños. Claro que estos, por su cuenta, no accederán a la entrada ni llegarán a leer esto. Así, la complicidad de los adultos deviene, lógicamente, esencial. No creo que sea un gran sacrificio, pues no sé quién disfrutará más con ellos, si los peques o los mayores. En todo caso, hagan la prueba. Lo hemos dicho otras veces y no nos cansaremos de repetirlo: no existe una música específica para niños, por mucho que las discográficas y las productoras de espectáculos musicales se empeñen en lo contrario. La música es sentimiento, vida, y hay música –independientemente del género al que se adscriba– que puede ser disfrutada por niños y adultos. Hay música alegre, divertida, tierna… y hay sentimientos, como la alegría y la ternura, que asociamos al candor e inocencia de los peques. Pero no son exclusivos de ellos. Existe la música, y punto. Por supuesto, una es más apta que otra para los oídos infantiles, ¡faltaría más! Pero insisto: no existe la “música para niños”.

Vamos a comenzar con el “Dúo de Papageno y Papagena”, de la ópera cómica de Wolfgang Amadeus Mozart La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Papageno es un ser mitad pájaro y mitad persona que lleva una gran jaula a sus espaldas enamorado de Papagena, una bella joven. El vídeo que sigue pertenece a la producción de la Ópera de París (Opéra national de Paris) de 2001. Detlef Roth es Papageno y Gaële Le Roi, Papagena.

El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux) es una suite musical que compuso en 1886 el compositor francés Camille Saint-Saëns. La concibió como un divertimento para un día de carnaval y en ella los instrumentos recrean los sonidos de animales de todo tipo: leones, gallinas, tortugas, canguros, burros, peces, pajaritos… “El autor, según parece temeroso de que la obra resultara demasiado frívola y pudiera perjudicar su reputación de compositor serio, prohibió que esta obra se editara mientras él viviera (con excepción de una sola pieza: ‘El cisne’). Solo se dieron interpretaciones privadas para un círculo de amigos íntimos, como Franz Liszt. Sin embargo, Saint-Saëns dispuso en su testamento que la suite podría ser publicada tras su muerte, y desde entonces se ha convertido en una de sus obras más populares.” [Wikipedia]. De El carnaval de los animales incluimos esta recreación con el “Gran final” en versión de L’Harmonie Laval (Quebec, Canadá) durante un concierto celebrado en mayo de 2013.

En 1877 Piotr Ilich Chaikovski estrenaba en el Teatro Bolshói de Moscú el que posiblemente sea el ballet más popular de la historia, todavía uno de los más representados: El lago de los cisnes, un encargo que el Bolshói le había hecho dos años antes y cuyo libreto –se cree que de Vladimir Petrovich Begichev y Vasily Geltser– se basa en el cuento alemán Der geraubte Schleier (1782-1786, El velo robado), de Johann Karl August Musäus, que narra cómo un malvado mago convierte a jóvenes doncellas en cisnes. El hechizo solo puede ser vencido por el amor. De El lago de los cisnes, cuya duración –según versiones– oscila entre las dos y tres horas, contemplamos el número del segundo acto “Danza de los pequeños cisnes” (Allegro moderato) por el Ballet de la Ópera de París en una representación de 2005.

Cuadros de una exposición es una famosa suite de 15 piezas que compuso Modest Músorgski en 1874. Este la escribió en principio para piano, pero es más conocida en la orquestación y arreglos que hizo el compositor francés Maurice Ravel en 1922. Músorgski quiso con esta obra rendir un homenaje a su amigo Víktor Hartmann (1834-1873), inspirándose a tal efecto en la exposición póstuma de pinturas que nada más fallecer este se inauguró en San Petersburgo. Uno de estos cuadros da título a la pieza que escuchamos, «Ballet de polluelos en sus cáscaras». El vídeo que la recoge es obra de Natasha Turovsky, que recrea la pintura en que se basó el compositor ruso. La música corre a cargo de la orquesta de cámara I Musici de Montréal, dirigida por Yuli Turovsky.

Finalizamos con Pedro y el lobo, composición sinfónica de Sergéi Prokófiev (Op. 67) escrita en 1936, que es una historia para niños con música y texto adaptado por él mismo y con un narrador que acompaña a la orquesta y explica el argumento: Pedro, un niño que vive con su abuelo, en un pueblo ruso, quiere liberar a sus amiguitos (un gato, un pájaro, un gato) del lobo, que quiere comérselos. No solo lo consigue sino que, además, convence a los cazadores que van en su búsqueda para que no lo maten y lo lleven al zoo. La obra está escrita para una flauta, un oboe, un clarinete en la, un fagot, 3 trompas en mi, un timbal y cuerdas (para la alegoría de los personajes principales), y un acompañamiento de trompeta, trombón, triángulo, pandereta, platillos, castañuelas, tambor de caja, y bombo en la orquestación. Cada personaje de la historia tiene asignado un instrumento y un tema musical: Pedro los instrumentos de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo); el abuelo, el fagot; el pájaro, la flauta travesera; el pato, el oboe; el gato, el clarinete; el lobo, la trompa, y los cazadores, los timbales y el bombo. Ya dedicaremos una entrada con en la obra completa (poco más de 25 minutos) en los próximos días. Hoy vamos con esta síntesis por la Orquesta Filarmónica de Holanda en un concierto celebrado en 2003.

¿Han adivinado los instrumentos? ¿Han conseguido identificarlos con cada personaje? ¿Han podido explicárselo a los peques? En todo caso, prueben jugando clicando en el siguiente enlace:

http://www.euskadikoorkestra.es/web/juegos/aula_musica/es/juego05.html

Que pasen un buen día. Y si los peques han disfrutado con la entrada también lo pasará servidor de ustedes. Para ellos la he escrito.

Cinco arias de ópera

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Dentro de esta serie que empezamos hace unas semanas sobre cinco temas musicales nos ocupamos hoy de la ópera, en concreto de las arias, y dentro de estas de las vocales, pues la aria –habitualmente acompañada de orquesta– puede ser vocal o instrumental. Originariamente, y en la acepción más genérica, aria era sinónimo de melodía instrumental o vocal y designaba pequeños fragmentos, incluso ciertas danzas, de esencia generalmente melódica. En el sentido actual aparece en el mundo de la ópera a principios del siglo XVII, si bien su gran momento tiene lugar un par de siglos más tarde con el auge, en las primeras décadas del XIX, del movimiento operístico italiano y su posterior y rápida expansión.

Las cinco que hemos seleccionado son todas de compositores italianos. Ha sido pura coincidencia, simple cuestión de gustos. Como siempre, ordenamos los temas cronológicamente, según el año en que se estrenó la ópera a que pertenecen cada uno de ellos. Comenzamos, así, con “Casta diva”, de la ‘tragedia lírica en dos actos’ de Vincenzo Bellini Norma, estrenada en 1831. Su intérprete en el vídeo que figura bajo estas líneas es la soprano ruso-austriaca Anna Netrebko, a quien acompaña la Orquesta Sinfónica de la SWR Baden-Baden y Friburgo, dirigida por Marco Armiliato, en un  momento de la Opera Gala de Baden-Baden de 2007.

Vamos ahora con “Una furtiva lagrima”, de la ópera de Gaetano Donizetti L’elisir d’amore (1832, El elixir de amor). La escuchamos por el tenor franco-mexicano Rolando Villazón, uno de los más destacados cantantes líricos de la actualidad, en la producción de 2005 de la Ópera Estatal de Viena.

“Caro nome” –aria por la que uno siente especial predilección– suena en la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto (1851) casi al final del primer acto. “Caro nome” es perfecta para el lucimiento de cualquier buena soprano de coloratura, como es la alemana Diana Damrau. Suya es la interpretación en la versión que de Rigoletto montó el Metropolitan Opera House de Nueva York en 2013.

Más Verdi. Su aria “Libiamo ne’ lieti calici”, de La Traviata (1853), es considerada uno de los más brillantes momentos de su obra y de la historia de la ópera en general. Y es que “Libiamo ne’ lieti calici”, y La Traviata en conjunto, es una de esas composiciones que resultan del agrado de hasta quienes no gustan de la ópera. Son sus intérpretes la soprano italiana Désirée Rancatore y el tenor albanés Saimir Pirgu durante el Concierto de Año Nuevo que se celebró en el Gran Teatro La Fenice de Venecia en 2013.

Finalizamos con la aria de Madama Butterfly “Un bel dì vedremo” (Un buen día). Madama Butterfly es una ópera de Giacomo Puccini que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. En esta ocasión el vídeo no recoge, como los otros cuatro, una actuación en directo, pero es que la versión que de “Un bel dì vedremo” grabó Maria Callas en 1954 es de esas que no se olvidan.

Feliz domingo.

Cinco valses (siglo XX)

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A medida que avanzaba el siglo XX el vals, como baile, fue perdiendo el preeminente lugar del que hasta entonces había disfrutado en favor de otros ritmos que llegaban de Estados Unidos. Ello no significó, ni mucho menos, su ocaso. Siguió presente en la ópera, en la opereta, en el teatro musical y en la música sinfónica en general. Más tarde, lo abrazó también la música pop-rock. Take This Waltz (1988), la bella canción de Leonard Cohen, es una ejemplar muestra de ello. No es de estos valses, sin embargo, de los que vamos a ocuparnos. Siguiendo las pautas que establecimos en la entrada “Cinco valses (siglo XIX)”  –esta es una continuación de aquella y una más de la serie “Cinco…”– los que incluimos son todos valses sinfónicos, o valses para concierto.

Vamos ya con los cinco que hemos seleccionado ordenados cronológicamente, pues no sabría con cuál quedarme si tuviera que elegir. Lo cierto es que con todos ellos y con algunos más. El primero, de 1902, es de Franz Lehár, quien además de las operetas, que le hicieron famoso, compuso  sonatas, poemas sinfónicos, marchas y algunos valses. Gold und Silber (Oro y Plata) pude que sea el más popular. Lo escribió para el baile Oro y Plata de la princesa Metternich. Gold und Silber no deja de ser un clásico vals vienés, pero en cierto modo presagia ese tiempo que suele denominase con la expresión francesa fin-de-siècle durante el cual se sentaron las bases que llevaron al final de la Belle Époque. La versión que insertamos corre a cargo de Orquesta Sinfónica de Viena, dirigida por Vladimir Fedoseyev, en un concierto celebrado el 9 de mayo de 1998 en el Musikverein de la capital austriaca.

Valse triste (Vals triste) fue compuesto por Jean Sibelius en un principio como parte de la música incidental para la obra de teatro Kuolema (Muerte) de su cuñado Arvid Järnefelt en 1903, aunque es mucho más conocida como pieza de concierto. Ahora bien, la versión que conocemos es resultado de la fusión que, en 1906, llevó a cabo el propio Sibelius de los números 2 y 3 de la mencionada obra. Lo escuchamos por la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca dirigida por Rafael Frühbeck de Burgos en el concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York en 2011.

También como música incidental, en este caso para la producción de la obra de teatro de Mijaíl Lérmontov Masquerade (1835) –que se estrenó en 1941 en el Teatro Vakhtangov de Moscú–, compuso Aram Khachaturian este hermoso vals del mismo título con el que se abría la obra. En 1944 Khachaturian seleccionó cinco de sus movimientos con los que conformó la suite que tituló del mismo modo y cuyo primer movimiento era el mencionado vals. La versión que escuchamos corre a cargo de la Orquesta de Cámara de Moscú, bajo la batuta de Constantine Orbelian, en un concierto que tuvo lugar en la capital rusa en 2004.

Uno de los más famosos valses del siglo XX es el Vals número 2 de Dmitri Shostakovich, sobre todo desde que Stanley Kubrick lo incluyera en la banda sonora de la película Eyes Wide Shut (1999). Suele citarse como parte de la Suite para orquesta de jazz n.º 2 (1938), pero no es así. En realidad corresponde la Suite para orquesta variada, compuesta en 1956. Es Riccardo Chailly quien conduce a la Orquesta Filarmónica de Berlín durante el concierto anual que esta celebra todos los años en el Berliner Waldbühne (Teatro del Bosque de Berlín) como cierre de la temporada, en este caso la de 2010-2011.

Finalizamos con un vals de Leonard Bernstein, breve, de de poco más de dos minutos, pero inmenso, como toda su producción. Forma parte de su obra –es su segundo movimiento–, de 14 minutos de duración, Divertimento para orquesta, que compuso en 1980 para conmemorar el centenario de la Orquesta Sinfónica de Boston. Lo escuchamos por la Orquesta Sinfónica de Israel, dirigida por el propio Bernstein, en un concierto de 1982.

Que pasen un buen día.