Ev’ry Time We Say Goodbye

Damage 2

Jeremy Irons y Juliette Binoche en ‘Damage’ (1992).

Ev’ry Time We Say Goodbye (Siempre que nos decimos adiós) es una gran canción de Cole Porter, autor –como en todas sus canciones– de música y letra. Decir que es una gran canción es algo que puede aplicarse a todas las de Porter, compositor por quien siento una gran admiración. “Si alguien inventa algún día una máquina del tiempo, quiero que me lleve justo al lado de Cole Porter”, escribió el escritor, guionista y director de cine español Ray Loriga. Espero que, si se da el caso, me haga un sitio.

Ev’ry Time We Say Goodbye fue compuesta en 1944 para su musical Seven Lively Arts y, como otras tantas suyas, proto se convirtió en un estándar de la llamada música popular, siendo interpretada y grabada por gran número de cantantes y músicos instrumentistas como Chet Baker, Shirley Bassey, Tony Bennett, John Coltrane, Ella Fitzgerald, Diana Krall, Carmen McRae, Oscar Peterson, Sarah Vaughan, Rufus Wainwright, y un largo etcétera.

La versión que he elegido para el vídeo es la que grabaron Ray Charles y Betty Carter en 1961 y se incluye en el álbum Dedicated to You, de dicho año. En cuanto a las imágenes corresponden a la película Damage (1992), dirigida por Louis Malle, con Jeremy Irons y Juliette Binoche.

I love Paris

Sin título

Zaz y Rhiannon Giddens interpretando ‘I love Paris’ (Jazzopen Stuttgart, 11 de julio de 2015).

I love Paris es una canción de Cole Porter perteneciente a su musical Can-Can, el penúltimo que estrenó en Broadway, en 1953. Can-Can se mantuvo en cartel durante casi novecientas representaciones seguidas e incluía canciones tan conocidas como “It’s All Right with Me”, “C’est magnifique” y “I Love Paris”. Esta última, incomprensiblemente, pasó a un segundo plano en la adaptación cinematográfica, que se estrenó en 1960 con el mismo título, dirigida por Walter Lang, y con un reparto encabezado por Frank Sinatra, Shirley MacLaine, Maurice Chevalier, Louis Jourdan y Juliet Prowse.

I love Paris, una ‘declaración’ de amor a la capital francesa, invita al optimismo, al goce, como el cancán. Por eso me encanta esta versión de Zaz –cantante cuya fuerza vocal y frescura transmiten alegría, inyectan vida, como la canción– que ofreció durante el concierto que dio en el festival Jazzopen de Stuttgart el 11 de julio de 2015. Un concierto de lujo para el que contó con el acompañamiento de la SWR (Radio Alemana del Sudoeste) Big Band, una magnífica orquesta con músicos altísima calidad y, para el tema que nos ocupa en concreto, también de Rhiannon Giddens, cantante, violinista e intérprete de banjo, estadounidense, con la que se marca un excelente scat.

En fin, que lo disfruten. No me cabe duda de ello.

Esas adorables personas pequeñas

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…Y esas descerebradas personas grandes, debo añadir. Verán. Me encantan esas personas pequeñas que llamamos niños. Esté donde esté, si hay algún peque cerca de mí, o simplemente si pasa a mi lado, es imposible que no haga algún gesto, algún ademán, que intente arrancarle una sonrisa o una mueca de complicidad. Imposible. Lo he dicho muchas veces y espero seguir diciéndolo hasta el fin de mis días. Cuando alguien juzga o califica mi comportamiento de infantil, cuando alguien me dice que hago cosas de críos o que actúo como uno de ellos –o peor–, me siento elogiado, y si me apuran diría que sobrevalorado.

Como puedo pasarme horas y horas absorto en su mundo, en el que quisiera penetrar más aún, se me ocurrió hacer este vídeo. Vídeos sobre niños hay para aburrir. De niños ya no tanto. Aun así, me descargué un montón de ellos con tal finalidad.

Más allá del hecho de que su vida personal se divulgue públicamente, lo que no sé si yo haría con un hijo mío, al visualizarlos percibí que, sobre los pobres peques, los satisfechos grandes perpetran –sí, perpetran– toda clase de barrabasadas y barbaridades con la única finalidad de exhibirlos –en redes sociales para más inri la mayoría de las veces– y reír las gracias que, se supone, deberían hacernos reír.

Pues no, señores papás (y/o señoras mamás), a mí no me hace ni pizca de gracia ver cómo los asustan a propósito, cómo dejan que –por poner ejemplos de cosas que he visto– su cabeza se quede atrapada entre unos barrotes, cómo se quedan impasibles cámara en mano esperando a grabar el momento en que se caen de bruces, cómo –en definitiva– se divierten sobresaltándoles y gastándoles ‘bromas’ de dudoso gusto. Insisto en que más allá de consideraciones morales acerca de su exhibición pública en redes sociales y similares. De lo contrario no hubiera hecho este vídeo.

En fin, que lo que prometía ser un plácido rato visualizando la inocencia, el candor, la naturalidad o la espontaneidad propia de los peques acabó volviéndose en algo molesto e irritante, y yo haciendo de censor de lo censurable. ¡Pobres peques!

¡Ah! La música es de Beethoven, el segundo movimiento de la Sonata para piano núm. 5 (Primavera). Sus intérpretes, Esther Abrami (violín) e Iyad Sughayer (piano).