El color de la contradicción

rojo

Rojo, el color del amor. Dicen.

El de la sangre también,

de la que nos hace vivir

o de la que otros derraman para que sigamos viviendo.

Rojo, el color de la pasión,

el delirio, el frenesí, el deseo desenfrenado,

el sufrimiento y el padecimiento.

Rojo, el color de la revolución,

y el del terciopelo de los tapizados de pomposos teatros y ostentosas mansiones.

Rojo,

el color de la contradicción.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/09/15/el-color-de-la-contradiccion/

Zapatero remendón

beauvoir

«Studiyng doll’s shoes» (1921), óleo de Norman Rockwell.

Zapatero, zapatero, zapatero remendón,

arregla este zapatito de mi muñeca, por favor.

La encontré en la calle y me hizo mucha ilusión.

Es mi muñeca preferida, el azar me la regaló.

Un simple descuido y el zapatito se rompió.

La trato con mimo y cariño, tiene toda mi atención.

Aseguran mis padres que hay otras,

más hermosas. No sé yo.

Que no me preocupe, dicen,

que un descuido es propio

de la humana condición.

Mas no quiero otra muñeca,

quiero esta. Es mi pasión.

No es solo un juguete. Es lo que me explican

que para ellos soy yo.

Zapatero, zapatero, zapatero remendón,

arregla el zapatito de mi muñeca, por favor.

Publicada originalmente en:  https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/09/08/zapatero-remendon/

 

Los corchos también se hunden

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Abatido por el peso de los pensamientos que, como siempre, se presentan sin avisar, de los recuerdos que anclan mi identidad a un espacio y tiempo determinados, a una historia que no es la mía, dejo de ser consciente y me duermo. No sé a qué hora, nunca miro el reloj, es un detalle del que siempre prescindo. Si no miro la hora no hay tiempo, no puedo medirlo.

Despierto cuando el sol ya debe estar harto de contemplar cómo todo, lo pertrechado durante la noche o lo improvisado en el momento, se va desmoronando bajo su luz. Me ducho, desayuno, me visto y me dirijo a donde siempre: a ningún sitio.

Por el camino encuentro miríada de personas que van al mismo lugar. Como el corcho sobre el agua deambulan, dejándose llevar. Flotan, las aguas están calmadas. Nada hace predecir la catástrofe. De repente, una inesperada crecida. Nadie sabe qué hacer. Es imposible seguir deambulando. Todo el mundo trata de agarrarse a cualquier saliente, pero no hay bastantes. Mas cuando la gran mayoría elige los del mismo tipo. La deriva se convierte en el único e insalvable motor, un motor asíncrono que se alimenta de la inercia y la pasividad, que jamás había dejado de funcionar pero que ahora tiene mayor energía que nunca. El caos es absoluto y las grietas del ánimo, que permanecían poco profundas, se abren cada vez más y afloran a la superficie, presagiando un hundimiento irremediable.

Publicada originalmente en:  https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/08/27/los-corchos-tambien-se-hunden/