El funeral del abuelo

Por favor, si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

No recuerdo haberme reído tanto y enternecido al mismo tiempo como hace unas noches viendo la película Nuestro último verano en Escocia (2014, What We Did on Our Holiday), concretamente con la secuencia que recoge el vídeo que figura sobre estas líneas, cuando los niños organizan un sentido y emotivo funeral a su abuelo.

Les pongo en antecedentes por si no han visto la película. Un matrimonio a punto de divorciarse viaja con sus tres hijos –dos niñas de cuatro o cinco años (la pequeña) y unos nueve (la mayor) y un niño de seis– a las Highlands escocesas para celebrar una lujosa fiesta con motivo del cumpleaños del padre de él. Va a tener lugar en la residencia de su hermano, un millonario escocés, y va a ser la última vez que pueda festejar su cumpleaños, pues padece un cáncer terminal.

Cierto que, al poco de empezar, la comicidad decae y la película se vuelve un tanto sensiblera, pero momentos después los niños –motor esencial del filme– vuelven a entrar en acción y la locura, el disparate, regresan, haciéndolo de forma magistral en la secuencia del funeral del abuelo. Este hace inmediatamente muy buenas migas con sus nietos, les cuenta historias sobre los antiguos vikingos y las huellas que dejó su presencia en las Highlands, y se los lleva de excursión a la playa, a un lugar donde todavía quedaban restos de sus actividades, entre ellas de sus particulares funerales. El abuelo muere en la playa y los niños –después de que la mayor vaya a la residencia de su tío a contar lo sucedido y nadie le preste atención, atareados como están con sus problemas y con los preparativos de la fiesta– deciden organizarle un funeral vikingo, como deducen que a él le hubiera gustado. Este es el momento que plasma el vídeo.

He creído conveniente –pues llega a sonar brevemente en la película– acompañar este de un fragmento de la banda sonora de la película de Fleischer Los vikingos (1958), que compuso Mario Nascimbene. Es esta una película, por otra parte, que recuerdo con especial cariño. Yo tendría cinco años cuando la estrenaron en el cine de verano mi pueblo y mi abuelo me llevó con él. Era un tanto miope y le gustaba sentarse en las primeras filas. En una de ellas nos sentamos los dos. Empezó la película y al rato –no puedo determinar el tiempo transcurrido a estas alturas– la pantalla se llenó con el rostro de un enfurecido vikingo que gritaba con todas sus fuerzas y tenía una presencia pavorosa. Menudo miedo daba. Salté de la silla y ‘pies para qué os quiero’. Eché a correr y no paré hasta llegar a casa, a casi un kilómetro de distancia. Al poco llegó mi abuelo, jadeante, preocupado y un tanto alterado. Cosas de niños.

Que la vida sea amable con todos ustedes.

El lado lúdico de la muerte

Hoy 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos, día en que el cristianismo rinde culto a los santos y justos en general. La conmemoración –estrechamente relacionada con antiguas tradiciones paganas de origen celta– parece ser que fue instituida en el mundo cristiano por el papa Gregorio IV, quien ordenó en el año 835 honrar a todos los santos del cielo en esta fecha y recordar a los difuntos.

La creencia tradicional es que el 1 de noviembre los vivos visitan a los muertos y el 2 de noviembre los muertos visitan a los vivos. Cuando yo era pequeño vivía muy mal la noche del 1 al 2 de noviembre temiendo que el fantasma de algún difunto se me apareciera de repente. Y eso a pesar de que mi pueblo, Muro d’Alcoi (Alicante), dista solo cinco kilómetros de Cocentaina, donde desde 1346 se celebra la Fira de Tots Sants, antigua feria de ganado que fue evolucionando y, ya entonces –les hablo de hará unos cincuenta años– había, además de productos agrícolas y/o industriales, atracciones recreativas, circo, puestos de venta de dulces y de chucherías, etc.

Pero, así y todo, Todos los Santos no dejaba de ir asociado a la muerte, que era algo tétrico. Tal vez por ello –y considerando el peso que tenía el catolicismo en la España franquista– Halloween –cuyo aspecto festivo sobresale sobre todos los demás– ha terminado por imponerse.

No en todos los países la muerte se relaciona tan estrechamente con lo siniestro y lo tenebroso. El Día de los Muertos de México y las diversas maneras en que se celebra la festividad en muchos países latinoamericanos nada tienen que ver con mis vivencias. El color y los motivos alegres son sus protagonistas. Aun así, Halloween tiene cada vez más relevancia, además de en España, en países como Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y, general, el conjunto de Centroamérica.

Hecha esta introducción –que ha quedado bastante más extensa de lo que en un principio pretendía– vamos con lo que es la entrada en sí: cinco cortos animados que hemos seleccionado con motivo de estas fechas en los que el aspecto lúdico de la muerte prima sobre el tétrico. El primero de ellos es todo un clástico: The Skeleton Dance (La danza de los esqueletos), un corto animado de 1929 que produjo y dirigió Walt Disney con dibujos de Ub Iwerks y música de Carl Stalling.

La Danse macabre (Danza macabra) es el título de una breve composición sinfónica que compuso en 1874 Camille Saint-Saëns inspirándose en un poema de Henri Cazalis. Se estrenó en París en enero de 1875 y nos presenta a la Muerte tocando el violín a media noche con los esqueletos bailando a su ritmo. Hasta el amanecer, cuando con el canto del gallo, y como dice la leyenda, los muertos regresan a sus tumbas. La pieza de Saint-Saëns ha sido tema recurrente de las bandas sonoras de películas y de cortometrajes. De los últimos, nos quedamos con este que realizó S.E. Henderson en 2010.

Día de los Muertos se titula el corto que viene a continuación, cuyo argumento se centra en una niña que visita la tierra de los muertos, donde aprende el verdadero significado de la fiesta mexicana Día de Muertos, que también se celebra en otros países de América Central. Fue realizado por Ashley Graham Kate Reynolds y Lindsey St. Pierre como trabajo de final de graduación en el Ringling College of Art and Design (Sarasota, Estados Unidos). La música es de Corey Wallace. Fue galardonado con el Oscar Estudiantil a Mejor Corto Animado en 2013, año de su producción.

Trick or Treat es obra de Brad Chmielewski con dibujos de Ethan Barnowsky, Brad Chmielewski y Jake Williams, y se realizó en 2012. Trick or Treat, que podríamos traducir como “Travesura o golosina” –no como “truco o trato”, pues con treat lo que los niños piden es un regalo, como unas chucherías o unos caramelos, por ejemplo–, nos ofrece una divertida situación con unos peques que van de casa en casa y que al final solo se asustan cuando ven al adulto de verdad, sin disfraz.

Finalizamos la entrada con The Ritual, primer cortometraje de Mike Gambardella que resultó ganador del concurso MODO Halloween que convoca en Londres The Foundry para aquellos cortometrajes realizados con su programa de animación MODO.

Embraceable you

Embraceable You es una bellísima canción que compusieron en 1928 George Gershwin (música) y su hermano Ira (letra). Dos años después fue incorporada a su musical de Broadway Girl Crazy (1930). La interpretaba Ginger Rogers. Era su debut y fue también su lanzamiento a la fama. Pronto se convirtió en un estándar que ha conocido innumerables versiones, estupendas la mayoría, de músicos como Chet Baker, Nat King Cole, Bill Evans, Billie Holiday, Charlie Parker, Sarah Vaughan, Ben Webster o Dianne Reeves.

La versión de Embraceable You que he elegido para este vídeo es la que grabaron en 1984 Frank Sinatra y Lena Horne y que se incluye en el magnífico álbum Frank Sinatra and Lena Horne. No solo porque es una de las mejores versiones, sino también porque creo que se adapta perfectamente a las imágenes del par de secuencias de las que me servido para elaborar el vídeo, pertenecientes a la película Don’t Look Now.

Acerca de esta, cuentan las crónicas rosa de Hollywood que alguien le preguntó a Warren Beatty, entonces pareja de Julie Christie, qué le parecía la alta carga erótica de la escena que su mujer estaba rodando en Londres con Donald Sutherland. Era en 1972. Betty sabía, obviamente, que Julie estaba en Londres rodando la película Don’t Look Now, dirigida por Nicolas Roeg. Quiso entonces averiguar más detalles acerca de la escena en cuestión y, cuando se enteró de que tórrida era poco para describirla, cogió tal cabreo que voló enseguida a Londres y exigió que fuera eliminada del montaje final de la película. No lo consiguió y Don’t Look Now se estrenó al año siguiente, 1973, con la famosa escena. Era un coito simulado, no una escena de sexo real, aunque lo parecía, y de lo más explícita. Tanto que la British Board of Film calificó el filme con la X reservada al cine pornográfico.

Igual yo hubiese reaccionado del mismo modo que Betty, pues en aquellos momentos tenía 17 años y estaba prendado de Julie Christie tras haberla visto en Doctor Zhivago. Pero no me enteré. En España la película no se estrenó hasta febrero de 1975, con el título Amenaza en la sombra, y sin la escena (eliminada por la censura), escena que nunca había visto hasta que la descubrí cuando se me ocurrió confeccionar este vídeo.