El Zyklon B

Prisioneros del campo de concentración de Auschwitz son conducidos a la cámara de gas (verano de 1944).

Prisioneros del campo de concentración de Auschwitz son conducidos a la cámara de gas (verano de 1944). / The Auschwitz Album.

El Zyklon B era un gas compuesto por cianuro de hidrógeno cristalino. Se almacenaba en envases completamente sellados que se abrían para verterse en las tuberías de las cámaras de gas, a donde conducían los nazis a los prisioneros de los campos de exterminio haciéndoles creer que iban a ser desinfectados. Su muerte se producía tras unos 20-25 minutos de atroces sufrimientos.

Ya en 1941, una investigación desveló un cártel entre la Standard Oil estadounidense de John D. Rockefeller y la IG Farben (IG Farbenindustrie AG), un conglomerado alemán de compañías químicas fundado el 25 de diciembre de 1925 al fusionarse las compañías BASF, Bayer, Hoechst. IG Farben llegó a tener una filial en Auschwitz donde se producían las mayores cantidades de gasolina sintética y goma que necesitaba el ejército alemán. Sus instalaciones eran más grandes que el propio campo. Llegó a tener una mano de obra de trescientos mil “esclavos”, de los que murieron al menos treinta mil. IG Farben fue el mayor apoyo de Hitler. Nada más finalizar la guerra, las investigaciones del gobierno estadounidense determinaron que sin IG Farben no hubiera sido posible. Ya un año antes de que Hitler se hiciera con el poder, IG Farben donó nada menos que cuatrocientos mil marcos al partido nazi. Iniciada la guerra, sus responsables aseguraron a Hitler que podían fabricar gasolina artificial, solucionando así el problema de la escasez de petróleo, y todos los explosivos y toda la gasolina sintética que empleaba la Wehrmacht procedían de IG Farben. Es más, cuando se ocupaba un territorio, automáticamente IG Farben se hacía cargo de sus industrias. El poder de la Farben era, pues, enorme, y su rama farmacéutica llegó incluso a experimentar sus medicamentos en los presos. Sin embargo, su director, Otto Ambros, declarado culpable en Nuremberg de esclavización y asesinatos en serie, fue condenado solo a ocho años de prisión y acabó trabajando en la US Army Chemical Corps. No fue el único, ni mucho menos.

Used Zyklon B canisters in Auschwitz museum

Latas de Zyklon B utilizadas por los nazis para llevar a cabo la “solución final”. / Museo estatal Auschwitz-Birkenau.

Extracto de la conversación entre Helmut Schneider (músico, superviviente del campo de exterminio de Mauthausen), Kurt von Lewinski (directivo de IG Farben) y Sam Sutherland (principal protagonista de mi novela Adiós, mirlo, adiós):

―Si estoy aquí es porque le vi en Mauthausen, asistí a varias de las fiestas que organizaban los jerarcas nazis y en las que parecía ser un invitado de honor.

―¿Qué dice ahora?

―Le vi. Era uno más de ellos, y le trataban muy bien.

―Tonterías. Eso que dice son tonterías. Yo solo era un químico que dirigía una empresa, una parte de una empresa, ridícula.

―Que fabricaba el Zyklon B ─precisó Sam.

―Que fabricaba Zyklon B, sí. ¿Y?

―Ese gas sirvió para asesinar a millones de seres humanos. Usted controlaba su fabricación en Auschwitz, adecuaba la producción a las necesidades de los nazis, con quienes mantenía excelentes relaciones. Tenemos pruebas suficientes que le incriminan.

―¿Quiénes? ¿Quiénes tienen pruebas?

―Trabajo en el Centro de Documentación Judía que dirige Wiesenthal.

―Acabáramos. Entiendo su animadversión, sus ansias de venganza. Pero yo no tengo nada que ver con eso que llaman “solución final”.

―Usted no solo fue un colaborador necesario, sino uno de sus artífices.

―¿Por haber desarrollado unos conocimientos estrictamente profesionales? ¡Por favor!

―Profesionales, sí. Fue usted un excelente profesional. De la muerte.

―¿Yo? Seamos serios, señores, que ya no son unos jovencitos. ¿Y el plutonio que se usa en la fabricación de bombas atómicas? ¿Es su descubridor el culpable, pues, de lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki? ¿Lo es acaso Einstein por sus investigaciones en energía nuclear? Yo no he matado a nadie en mi vida. Pero, en fin, vayamos al grano. ¿Quién está detrás de ustedes? ¿Los israelís? Pueden matarme ahora mismo. Para eso han venido, ¿no?

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Nueva edición 2019. Para conseguirla (edición en papel y ebook) clique aquí.

Democracia versus capitalismo

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Cuando se afirma que esta es una sociedad democrática, en realidad se está diciendo que las instituciones, los partidos, las leyes del capitalismo, la forma de vida que este ofrece, eso que ahora está tan de moda denominar Estado de bienestar, es la única alternativa posible. O eso, o el totalitarismo. Quieren identificar democracia con capitalismo, y no es así: la democracia, tal como yo la entiendo, y presumo que tú también, se acerca más a una sociedad comunista que a una capitalista. De ahí el interés de identificar comunismo con estalinismo. Claro que, todo sea dicho, Stalin está poniendo las cosas muy fáciles para que así sea. No duda en utilizar métodos fascistas para acabar con cualquier oposición. Una burocracia se ha instalado en la Unión Soviética, ha usurpado el poder a los obreros y olvidado que la revolución socialista ha de tener necesariamente un carácter internacional. Ahora bien, si las personas no cambiamos, abrazamos unos valores y defendemos unos derechos que estimamos irrenunciables porque sin ellos no podemos, no sabemos vivir, poca cosa haremos.

Sam Shuterland, protagonista de mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Nueva edición 2019. Para conseguirla (edición en papel y ebook) clique aquí.

No me importa qué clase de comunista es usted

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Cita de Jason Epstein que abre mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Jason Epstein es un escritor y editor estadounidense. Fue uno de los fundadores de la revista bimensual The New York Review of Books, desde la que destapó algunas de las operaciones de la CIA para conformar “un aparato de intelectuales seleccionados por sus correctas posiciones respecto a la guerra fría como una alternativa a lo que podríamos llamar un mercado intelectual libre donde la ideología se presume que cuenta menos que el talento individual y el logro”.

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Nueva edición 2019. Para adquirir la novela (edición en papel y ebook) clique aquí.