Ver y no ver (al mismo tiempo)

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Héctor González (hg-art / DeviantArt)

No se trata de lo que uno ve, sino de lo que ve la mayoría. Da igual la certeza del hecho, que haya tenido o no lugar, es este extremo del todo irrelevante. Uno puede ver un asesinato en lo que otros estiman que fue un acto de legítima defensa, percibir violencia en lo que es defensión, considerar falta de apetito la inanición, falta de sed la causa de muerte por deshidratación, holgazanería la búsqueda infructuosa de trabajo, incompetencia lo que solo es renuencia, depravación lo que para otros es simple disfrute, la mentira más vil en lo que para otros tantos es la verdad revelada.

Fragmento de mi novela El viaje (nueva edición 2019). Disponible en Amazon.

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Democracia versus capitalismo

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Cuando se afirma que esta es una sociedad democrática, en realidad se está diciendo que las instituciones, los partidos, las leyes del capitalismo, la forma de vida que este ofrece, eso que ahora está tan de moda denominar Estado de bienestar, es la única alternativa posible. O eso, o el totalitarismo. Quieren identificar democracia con capitalismo, y no es así: la democracia, tal como yo la entiendo, y presumo que tú también, se acerca más a una sociedad comunista que a una capitalista. De ahí el interés de identificar comunismo con estalinismo. Claro que, todo sea dicho, Stalin está poniendo las cosas muy fáciles para que así sea. No duda en utilizar métodos fascistas para acabar con cualquier oposición. Una burocracia se ha instalado en la Unión Soviética, ha usurpado el poder a los obreros y olvidado que la revolución socialista ha de tener necesariamente un carácter internacional. Ahora bien, si las personas no cambiamos, abrazamos unos valores y defendemos unos derechos que estimamos irrenunciables porque sin ellos no podemos, no sabemos vivir, poca cosa haremos.

Sam Shuterland, protagonista de mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). Nueva edición 2019. Para conseguirla (edición en papel y ebook) clique aquí.

¿Qué mueve a la gente a aceptar la sumisión?

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Robert Koehler: “The Strike” (1886)

No soy ningún filósofo ni he recibido instrucción alguna más allá de leer y escribir, y de aquella manera, (…) pero me ha intrigado siempre, desde que a los trece años vi reflejada la indiferencia en los rostros de quienes trabajaban con nosotros, la apatía y la más absoluta indolencia ante la injusticia, qué mueve a la gente a aceptar la sumisión y qué les conduce a creer que las desigualdades forman parte del ordenamiento natural. Piensan que hay quien nace pobre y quien tiene más suerte y lo hace en el seno de una familia rica, ¡qué le vamos a hacer!, así son las cosas, siempre habrá unos que manden y otros que tengamos que obedecer. He visto esos rostros de los que te hablaba antes transmutar de repente y revelar el odio hacia quienes les habían estado explotando durante años y años, y he visto luchar en nombre de esas ideas por un futuro mundo igualitario, hasta matar por ellas. Y luego el fracaso, y con él de nuevo los rostros, doblegados, sumisos como siempre. Me he preguntado por ello toda mi vida, he buscado en los libros la respuesta de acuerdo con mi propio albedrío y he sacado mis propias conclusiones, que pueden ser acertadas o no, pero es lo que siento. Conforme pasan los años, todo va a un ritmo cada vez más acelerado, se suceden los inventos, se mejoran toda clase de técnicas, es el progreso, dicen. Todo cambia, a mejor o a peor es cosa que no voy a discutir ahora, y lo hace cada día más aprisa, pero hay cosas que siempre permanecen. Conozco algunas grandes ciudades y todas ellas tienen en común por encima de cualquier otra cosa uno o más barrios miserables de los que esos rostros resignados forman ya parte del paisaje. Siento tristeza al contemplarlos, y rabia. Viendo esa multitud podría estar de acuerdo contigo en que un día se recogerán los frutos de tanto sacrificio. Pero no me lo creo, el hombre no puede nunca ser justo con él mismo, acepta que siempre ha de haber superiores y aspira a acercarse a ellos, los más osados a formar parte de su club. A la gente le da igual que el mundo sea injusto o desigual, lo que quiere es salir de la parte desdichada de este, lo demás le trae sin cuidado.

Manuel Cerdà: El corto tiempo de las cerezas (nueva edición 2019). Disponible en Amazon.