Los zoos humanos

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Por mi edad, nací en julio de 1954, todavía podría haber visto de niño un zoo humano en plena actividad. Eso sí, siempre y cuando mis padres me hubieran llevado a Bruselas a visitar en 1958 la Exposición Universal que allí tuvo lugar del 17 de abril al 19 de octubre, pues en ella se exhibió el último zoológico de estas características.

En los zoos humanos mostraban grupos de seres humanos, adultos y niños, en las mismas condiciones que los animales, encerrados entre rejas u otro tipo de valla. Estuvieron muy de moda desde principios de década de 1870 hasta la de 1930, manteniéndose en algunos casos –como el de Bruselas– hasta hace poco más de medio siglo. Llamadas “exposiciones etnográficas” o “aldeas negras”, exhibían aborígenes de diversos lugares del planeta colonizados por los blancos en su “estado natural”, recreando su entorno a modo de decorados teatrales –en los que representaban sus danzas y rituales– y justificando así que fueran desnudos o semidesnudos. Eran toda una atracción que congregaba un enorme número de visitantes. Familias enteras acudían a observar estos “especímenes”, como los calificaba la Sociedad Antropológica de Paris, que habían quedado atrás en la evolución biológica y los comparaban con los monos que habían visto antes. Muy pocos se escandalizaban y criticaban lo contemplado.

París, Londres, Berlín, Bruselas, Madrid, Nueva York, fueron algunas de las capitales que ofrecían este tipo de atracciones cuyos visitantes se contaban por centenares de miles. La ocupación de vastos y lejanos territorios puso de moda lo exótico al despertar la curiosidad –el morbo si se quiere– por lo desconocido, que a los ojos de los occidentales resultaba extraño y estrafalario al tiempo que reafirmaba su superioridad. Primero se exhibieron animales. Pronto, avispados empresarios circenses –los encargados de proveer de animales a zoológicos y circos– descubrieron un auténtico filón con las “exposiciones etnográficas”. Para ello contaban con el beneplácito y colaboración de los gobiernos y de las principales sociedades científicas.

Carl Hagenbeck –zoólogo, domador y director de circo alemán– fue el primero en exhibir, en el zoológico de Berlín, seres humanos (hombres, mujeres y niños samoanos y lapones) en 1874. Su iniciativa obtuvo un rotundo éxito y no tardó en ser seguida por otros. El Jardín de Aclimatación de París organizó en 1877 dos “espectáculos etnológicos” con indígenas africanos de involuntarios protagonistas. El éxito fue aún mayor. Más de un millón de personas visitaron las “exposiciones”, que se prolongaron hasta 1912. La cifra no fue nada comparada con la que alcanzaron las exposiciones universales de París desde 1878, en las que uno de los platos fuertes era este tipo de muestras. Así, la 1889 presentaba una “aldea negra” con más de cuatrocientos africanos capturados a tal efecto. La de 1900 mostraba un cuadro viviente de la isla de Madagascar que contó con más de 50 millones de visitantes. Y en la última, la de 1931, el “zoo humano” que se montó alcanzó los 34 millones de visitas.

Por supuesto, decíamos, este tipo de “espectáculos” no se limitó a Berlín y París, sino que se extendió a las principales ciudades occidentales de uno y otro lado del Atlántico. En el zoológico de Nueva York, en 1906, llegó a colocarse un pigmeo congoleño junto a un orangután con el cartel “El eslabón perdido”.

Fuera de su medio y, por tanto, expuestos a contraer todo tipo de enfermedades para ellos desconocidas, malnutridos, tratados como el resto de animales –la gente les arrojaba comida o chucherías–, objeto de giras como los circos ambulantes, muchos fueron los que perecieron. ¿Pero qué más daba? Al fin y al cabo, para nuestros contemporáneos de principios del pasado siglo no eran humanos.

En mi novela El corto tiempo de las cerezas el protagonista, Samuel Valls, conoce en 1902 casualmente en Londres a un tal Skull, que se dedicaba a este tipo de actividades. Este es el fragmento:

―Permítame que me presente. Me llamó, Skull.

―¿Skull? –preguntó Samuel extrañado–. No me cuadra con su acento. ¿De dónde es usted?

―Soy argentino, señor mío. Skull es como me conocen todos aquí, así que ese es mi nombre. ¿No sabe qué significa Skull? –Samuel se encogió de hombros–. Cráneo, amigo, significa cráneo, cabeza.

―Por su sensatez, supongo. Veo que sabe obrar con cautela.

―No señor, no. ¡Sensatez! –y soltó una enorme risotada–. Con eso no hubiera llegado a ningún sitio. Por las cabezas de los demás. ¿No ha oído hablar de los coleccionistas de cráneos?

Samuel le miró de arriba abajo. Advirtió el machete.

―¿Se dedica a cortar cabezas humanas? –preguntó atónito.

―¿Humanas? ¡Jamás! ¡Andá a la reconcha de tu madre! ¿Por quién me toma usted? De todos modos, cabezas ya no se cortan apenas, ahora se prefiere el bicho entero. No me confunda con uno de esos desesperados aventureros que están a la que caiga. Soy un hombre de negocios. Verá. Yo era cazador de animales y los vendía a los zoológicos, pero pronto la gente se cansó de ver fieras, ya no era novedad, quería otras cosas. Me dediqué entonces, le hablo de hará unos veinte o veinticinco años, a lo que algunos ignorantes llaman zoos humanos. Tiene narices la cosa. ¿Humanos? Si así fuera, quien acudiera a ver a los salvajes es que no se diferencia de ellos. No, amigo, no. Yo cazo bichos de apariencia humana.

―Recuerdo haber visto en París…

―¿En París? Entonces, sí. Debe haber visto en el jardín de no sé qué…

―El Jardín de Aclimatación.

―Eso es, amigo. ¡Un éxito! Estuvo usted allí, claro. Todo el mundo pasó por el dichoso jardín ese. ¿Qué vio?

―No recuerdo el nombre de su… ¿especie?

―Digamos especie. Está bien.

―Aunque a mí me parecieron tan humanos como nosotros, el color de su piel algo rojizo, pero por lo demás…

―Creo adivinar que no le gustó.

―No. La verdad es que no. Había quienes les arrojaban alimentos o cualquier cosa para ver cómo reaccionaban. Reían a todo pulmón con su manera de comportarse. Vi cómo un grupo se desternillaba al ver una mujer enferma temblequeando en su choza.

―Serían los galibis, seguro. Fue un gran éxito. Pero le entiendo. Es usted una persona sensible. Mal asunto, amigo mío, este mundo no es para los sensibles. De todos modos, no se engañe, no son seres humanos. No es que se lo diga yo, lo dice la ciencia, y la razón. ¿Cree usted que un estado como el francés consentiría los asesinatos? Y no crea que es exclusivo de Francia, exhibiciones de este tipo se pueden contemplar en Hamburgo, Londres, Barcelona, Nueva York, Ginebra… ¿Se han vuelto todos locos acaso?

La mirada de Samuel reflejaba el desconcierto que sentía oyendo a Skull, no tanto por lo que decía como por la manera en que lo hacía.

―¿Le sorprende que hable así? –prosiguió Skull–. Aquí donde me ve, tengo mi cultura y mis estudios de antropología. Unos empresarios circenses se pusieron en contacto conmigo precisamente por esto último. La gente estaba harta de ver animales, como le decía, ya no eran novedad alguna. Y así empezó la cosa. Luego me independicé. Nada de intermediarios, directamente con los máximos responsables. En 1881 el profesor Virchow, de Berlín, me encargó la captura de un centenar de primitivos de la Tierra del Fuego. Por supuesto, con el beneplácito de los gobiernos chileno y alemán. Era una misión científica. Primero fueron expuestos en diversas ciudades y, después, sirvieron para la experimentación en laboratorios y hospitales. Hasta el rey Leopoldo II de Bélgica me mandó a una misión para la Exposición Universal de Bruselas de hace cuatro o cinco años. Nada menos que casi trescientos negros del Congo, de todas las edades. Le traje también otros animales. En fin, un negocio como otro cualquiera, aunque duro y arriesgado, se lo aseguro. Qué hago en un antro como este, se preguntará. Reclutar gente para la próxima expedición. A África.

―Bueno, yo he de marcharme.

―Como quiera, amigo, pero antes acabe el vaso ¿no?

Samuel apuró el whisky de un trago e inmediatamente el camarero, desde detrás del mostrador, volvió a llenarlo.

Esta entrada fue publicada originalmente en mi blog Música de Comedia y Cabaret el 15 de julio de 2015.

21 comentarios en “Los zoos humanos

  1. Cuan sobrevalorada ha estado siempre la piel lechosa y/o sonrosada y cuántas barbaridades se han cometido a cuenta de poseer más o menos pigmentación y hasta de estándares biométricos humanos… ¡Si hasta hace bien poco hubo un bosquimano disecado en una esquina penisular como atracción museística…!

    Salud y a terminar bien el domingo.

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    • Disculpa el retraso en contestar, pero por motivos personales no he podido hacerlo hasta ahora.
      El racismo y la xenofobia siempre han estado presentes en las sociedades occidentales desde hace mucho tiempo, siendo múltiples sus manifestaciones y diverso su grado según el momento, teniendo como principal premisa la desigualdad, la no equivalencia y el trato desigual a los seres humanos. En momentos de crisis, cuando la inestabilidad económica amenaza la estabilidad individual/familiar, puede llegar a vincularse con la violencia. El resultado: auge del totalitarismo que supone el triunfo del pensamiento único.
      Salud y ya casi buen fin de semana.

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  2. Es asombroso comprobar que tan sólo hace un siglo las sociedades occidentales consideraban animales a los habitantes de países africanos. Progresivamente fueron desveladas las barbaridades que los belgas a iniciativa de su rey cometieron en el Congo para robar su caucho pero costó muchos años que los propios belgas las creyeran..El progreso actual es grande aunque las relaciones de Europa con esos países sigan arratrando esas historias terribles.
    Un saludo

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  3. Después de la cantidad de visitas que tuvieron estas prácticas, una vez más constatar lo que le cuesta el ser humano el vislumbrar lo que esta mal, la continua evolución de la moral, y como nos creamos defensas y justificaciones para esos comportamientos (ciencia en este caso…). En cuanto se mete por medio el negocio, todo se justifica..

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    • Así es, Oscar. Como dice la canción de la película “Cabaret” “Money, money”, “El dinero hace girar el mundo. / Un marco, un dólar o una libra. / Es lo que lo hace girar. / Ese sonido metálico es lo que lo hace girar. / Dinero, dinero, dinero, dinero. / Si eres rico y quieres diversión, puedes permitirte una juerga. / Si eres rico y estás solo, puedes llamar a la criada. / Si eres rico, te deja tu amante y estás triste, / puedes llamar un taxi y recuperar tu yate de catorce quilates. / El dinero hacer girar el mundo, / de eso estamos seguros / porque somos pobres. / Dinero, dinero, dinero, dinero. / Cuando no tienes carbón y te hielas en invierno, / cuando no tienes zapatos y te faltan quince kilos, / si vas a ver al cura te dirá que ames más al prójimo. / Pero cuando el hambre llama a la ventana, / el amor huye por la puerta. / El dinero hace girar el mundo”.
      Disculpa el retraso en contestar, pero por motivos personales no he podido hacerlo hasta ahora.

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  4. Uuuuf¡ . No es que me extrañe nada de los hechos que relatas, pues la raza humana que se ha creído superior a las demás, ha sido capaz de las mayores atrocidades , pero que estuvieran vigente hasta 1930 incluso hasta más tarde me pone los pelos de punta. Nadie levantó la voz?. Que mundo más asqueroso.

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    • Nadie levantó la voz, Azurea, como tampoco nadie la levanta ahora con esos millones de personas que, bajo el poder de las multinacionales y los grandes grupos financieros, siguen siendo tratados como animales. Sí, ¡qué mundo más asqueroso!
      Disculpa el retraso en contestar, pero por motivos personales no he podido hacerlo hasta ahora.

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  5. No entiendo porqué no se habla en Europa de lo que sucedió en los zoologicos humanos. No solo murieron de enfermedades físicas sino que muchos de ellos eran nómadas morían de pena por la privación de libertad. En el caso de selk’nam, tehuelche y kawesqar vi no hace mucho un documental en el que unos descendientes de los kawesqar viajaron hasta Suiza para recuperar sus huesos, guardados en cajas en un museo. Al menos pudieron recuperarlos, darles la sepultura adecuada y pudieron regresar a su tierra, al lugar dónde un mal día fueron secuestrados. Muy fuerte, muy triste, porque en el caso de los selk’nam no sobrevivió ni una sola persona. Crímenes coloniales, crímenes del ser humano que se han borrado por culpa del olvido y que como injustamente no se habla, parece que no existe. Un abrazo Manuel

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    • Crímenes que siguen ocurriendo. No olvidemos que Occidente sigue tratando como a animales a millones y millones de personas de todo el mundo, encerrados como ellos tras las verjas de las multinacionales y los grandes grupos financieros.
      Un abrazo y disculpa el retraso en contestar, pero por motivos personales no he podido hacerlo hasta ahora.

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    • Gracias, Iñaki. Disculpa el retraso en contestar, pero por motivos personales no he podido hacerlo hasta ahora.
      A veces creo que es posible que quienes deberían estar en los zoos somos todos nosotros para que el resto de los animales pudieran contemplar que somos la peor especie de todas.
      Abrazo. Salud y saludos.

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  6. Violeta

    La espantosa condición humana.
    Ya lo dejó claro el Conde de Lautreamont y otros visionarios de la época.
    Gracias Manuel, por mostrarnos y recordarnos, hacernos reflexionar.
    Todo mi cariño.

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  7. María Elena Lobeira

    Manuel que gusto leerte , no solo por el contenido sino significa que estás bien y sigues en este Mundo con todo y sus terribles hechos, ya nada me es extraño , el llamado ser humano es capaz de crear las cosas más bellas quizá para ayudar al espíritu a sobrevivir a tantas atrocidades , si antes fue lucrar con exhibir seres que ellos solo consideraban curiosidades carentes de valor , hoy en pleno SigloXXI el espectáculo son la trata de blancas , mujeres prisioneras de la crueldad y el cortar cabezas ya no es para achicarlas sino para dejarlas botadas como advertencia , tienes razón el Mundo es un asco , más aquí estamos y tenemos que sobrevivir , unos más afortunados que otros , .Tu cumpleaños es el día 17 de Julio lo tengo presente , saludos con cariño y mejores deseos

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