El pájaro despistado

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Nada queda. El barrio ─unas cuantas calles─ es otro. Yo también. Pero ahí seguimos, entre el cementerio y el tanatorio, rodeados de zombis. Si la muerte es ausencia de vida, lo somos desde hace mucho tiempo, zombis. Murió Vladimiro, el zapatero; Joaquín vendió su camión y marchó con su esposa al pueblo de esta; cerró Pilar, la pescadera; también Olegario, que tenía una tienda de ropa, y Casimiro (cada vez había menos niños que compraran las chucherías y tebeos de su kiosco). La pequeña fachada roja de su reducido puesto persiste no obstante; unos pakistanís han instalado allí una frutería y la repintaron del mismo color. Murió también doña Amalia, que sabía cómo hacer desaparecer las verrugas simplemente frotándolas un instante con los dedos de su mano, y se fue el olor a jazmín que salía del patio de su casa; sus hijos la vendieron, hoy es un edificio de pisos, de seis alturas. Nos dejó El Gran Hogart, el mago ─en realidad se llamaba Vicente─, que seguía fascinando a propios y extraños con sus trucos en el bar de Valentín a cambio de una copa. Las acacias las cortaron tiempo ha. Aun así, de vez en cuando todavía se ve algún pájaro. Siempre hay despistados.

Manuel Cerdà: fragmento de mi novela El viaje (2014, nueva edición 2019).

20 comentarios en “El pájaro despistado

    • Uff! Vaya tema has sacado. Conservamos los recuerdos, pero el tiempo los disfraza, los transforma hasta que uno ya no tiene seguridad de nada, a veces incluso de si lo que pasó fue como lo recordamos. Los recuerdos únicamente pueden revivirse de manera consciente en el mundo de la fantasía, si no pueden volverse reales y joderte. Despiertan entonces emociones ya enterradas, remueven sentimientos olvidados. Si el recuerdo deja de ser pasado, si deja de representarse únicamente en la memoria, vuelve a ser presente. Es preferible, pues, que permanezcan en el mundo del ensueño y la imaginación. Así, los guardas, los atesoras, los mimas desde el momento en que te das cuenta que son cosas que no volverás a hacer, momentos que no volverás a vivir. En caso contrario, quieres más. Pero la realidad te lo niega.
      Esto es también de “El viaje”. Te contesto con este párrafo ya que representa el sentir de su protagonista.

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  1. María Elena Lobeira

    Seguiremos el viaje , pues que es la Vida sino un
    Viaje ,nunca lineal sino sinuoso y si permanece en nuestros recuerdos , quizá fantaseamos con ellos y otras como dices no sabemos si los soñamos , más a pesar de todo permanecen , en lo personal amo los recuerdos , no importa si algunos son buenos y otros no tantos
    Pues todo ello nos conforma y hace que seamos lo que hoy somos

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    • “No te preocupes. Al final llegarás a donde tenías que llegar. Sin sobresaltos ni grandes peligros. Puede que también sin regocijos. Pero no se puede tener todo. No te preocupes por averiguar el instante de tener que decidir por ti mismo. No es necesario. Sigue el camino. Es único. Ya llegarás a la meta, aunque atravesada la pancarta que así lo indica adviertas un paisaje del todo distinto al que creías que ibas a encontrar. ¿Hacerlo por tu cuenta? Ni se te ocurra. Eso está reservado para quienes pueden costear elevados peajes. Ellos poseen la inmunidad absoluta (que, todo sea dicho, no está reñida con la necedad). ¿Tú puedes? ¿No? ¿Sí? Marcho campo a través. Puedes, claro que puedes, pero tendrás que pagar un precio aún mayor. Otra opción es dormir hasta que te encuentren en avanzado estado de descomposición, o descompuesto del todo. Igual plantan sobre tus despojos un árbol, de algo habrás servido. Aunque lo más probable es que pases inadvertido, como todos, y unas máquinas allanen el terreno preparándolo para edificar zonas residenciales en donde otros puedan esperar más confortablemente el mismo desenlace, transformado el paisaje en un erial de cemento, gris como sus moradores, del que árboles y plantas ornamentales abominan (por eso siempre están marchitas)”.
      Esto es también de “El viaje”.
      Mis mejores deseos, María Elena.

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    • Ya lo dijo Séneca: “La mayor parte de los mortales (…) se queja de la malignidad de la Naturaleza, por habernos engendrado para un tiempo tan breve y porque este espacio de tiempo que se nos dio se escurre tan velozmente, tan rápidamente, de tal manera, que con excepción de muy pocos, a los restantes los destituye de la vida justo cuando para vivir se están preparando”.
      Un abrazo, Nilse.

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