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Dibujo de Marta Macho Stadler según el postulado del doctor Faustroll (Jarry) sobre la ‘superficie de Dios’ (2013).

Pues sí, resulta que hoy, 20 de junio, es San Dios. ‘San Dios, jubilado’, precisemos. Día de regocijo, de honrar al héroe que a todos –bueno, a todos menos los que han pasado ya por la Máquina de descerebrar– nos gustaría ser: alguien capaz de trabajar seis días y, luego –valga el retruécano–, ¡a vivir como Dios! Y no a vivir que son dos días, que decimos los mortales, no, ni dos, no cuatro, ni mil doscientos veintitrés, ¡qué va!, toda la eternidad. Jornada también para la reflexión y el recogimiento: ¡Oh, Dios! Tú me hiciste a tu imagen y semejanza. Me jubilo en unos días, compañero, paso a tener tu mismo estatus. No pido tanto. Me conformo con vivir como tú el resto de mis días.

¿Le llegará a Dios esta imploración? ¿Dónde demonios se ha metido desde que se jubiló? No sé ustedes, pero yo no recuerdo acción alguna por su parte desde que llegué a este mundo cósmico y cosmético.

Claro que, primero, tendremos que precisar quién es Dios, o quién es Dios a nuestro juicio. Dios es el punto tangente de cero y el infinito, aquella cantidad en la que las oposiciones se vuelven idénticas. No es esta una conclusión a la que haya llegado por mí mismo –ya quisiera–, sino a partir del cálculo de la superficie de Dios –cuyo algoritmo puede ver en la imagen que encabeza este artículo– que se desarrolla en el magnífico último capítulo de la obra de Alfred Jarry Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico.

Dicho cálculo no se basa en las matemáticas convencionales, sino en la ‘Patafísica. Conviene, pues, recordar que esta es “la ciencia de las soluciones imaginarias, que atribuye simbólicamente a los lineamentos de las propiedades de los objetos descriptivos por su virtualidad” (definición de `patafísica de Jarry en Gestas y opiniones…). En consecuencia, el centro vacío es un lugar que no considera al ser humano, sino que lo excluye. Dios existe en la medida en que nosotros no estamos, el “hombre es sólido y Dios espíritu”. Sin embargo, y respetando la ilógica de los contrarios, si el ser accede a ese centro vacío, si se independiza de esas almas que buscan un equilibrio racional, es Dios. Dios, al ser todo también puede ser nada y la nada es a su vez inextensa, infinita, una eterna espiral en que los conceptos se unen a su contrario (María Paz Lundin en Revista Laboratorio, núm. 9, 2017). De este modo pasamos de la nada al todo cuando se trata de esa entidad. Y es que “todas las cosas son iguales y sometidas a la ley de equivalencia de los contrarios”.

Todo calendario tiene su equivalencia en otro, que por pura lógica ha de ser necesariamente contrario, o desemejante si prefieren. Repetimos: “todas las cosas son iguales y sometidas a la ley de equivalencia de los contrarios”.

La diversidad de calendarios confeccionados por los pueblos evidencia la actitud particular hacia el tiempo de cada civilización y su grado de conocimientos astronómicos. Los calendarios son símbolos del poder (económico-político, económico-religioso…). Permiten controlar el futuro, las fiestas, los ritos, el cobro de impuestos… Un calendario, pues, es solo un sistema de cómputo del tiempo por medio de intervalos constantes basados en el movimiento de los astros: meses (lunaciones), semanas (fases de la Luna), y años (movimiento aparente del Sol por la elíptica), tomando como unidad básica el día (intervalo de tiempo que transcurre entre dos pasadas consecutivas del Sol por un punto determinado del meridiano).

Así las cosas, y puesto que si el ser accede a ese centro vacío del que hablábamos antes puede ser Dios, yo no aspiro a tanto, pero sí considero que tengo todo el derecho de regirme por el calendario que me simbolice, o al menos por el que crea que mejor representa mi ser. Este es el calendario patafísico, creado por el Colegio de Patafísica de París en 1948, que se basa en concepciones inventadas acordes al imaginario de Alfred Jarry y otros precursores de la ’patafísica, denominados arbitrariamente bajo las convenciones de los Fundadores del Colegio.

Según el calendario gregoriano hoy es 20 de junio de 2018.  Según el musulmán, el 6 de Shawwal de 1439. Según el Patafísico, el 20 de Gidouille del año 145 de la Era ‘Patafísica, Día de San Dios, jubilado.

Intrincados son los caminos del alma en su ascensión purificadora, unitiva y transformativa hacia Dios, o San Dios, jubilado.

¡Feliz día de San Dios!