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Niños refugiados custodiados por un policía griego en la frontera con Macedonia.

Vendrán más años malos

y nos harán más ciegos;

vendrán más años ciegos

y nos harán más malos.

Vendrán más años tristes

y nos harán más fríos

y nos harán más secos

y nos harán más torvos.

Con estos versos, el escritor, ensayista y novelista español Rafael Sánchez Ferlosio inicia un estupendo libro de aforismos, reflexiones, poemas y misceláneas titulado Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, publicado en octubre de 1993 por la editorial Destino.

Cual si fuera una predicción vinieron. Y, por lo que parece, para quedarse. Vivimos años malos, hace tiempo que vivimos años malos, y ciertamente nos hemos vuelto más ciegos, más malos, más fríos, más secos y más torvos. Y lo peor: seguirán viniendo más años malos.

Digo esto a raíz del infame acuerdo –contrario a todos los tratados internacionales sobre derechos humanos– que ha firmado la Unión Europea (UE) con Turquía, subcontratando con el régimen despótico de Erdogan la crisis de los refugiados por 6.000 millones de euros y otras concesiones políticas como la exención de visados a los turcos para viajar por la UE y acelerar el proceso de adhesión. Mediante el acuerdo, como es sabido, la UE podrá devolver a Turquía a cualquier migrante que llegue de manera ilegal –la única posible, no lo olvidemos– a las costas griegas y legalmente –es decir, no moviendo un dedo como hasta ahora– la UE recibirá a un número equivalente de quienes se encuentren en territorio turco.

La gestión del problema de los refugiados ha sido gestionada de forma cicatera, hipócrita y cínica por la UE. No cabía esperar mucho más de quienes practican una política al dictado de los intereses financieros del cada día más reducido grupo de privilegiados que controlan la economía y, en consecuencia, el poder. Pero la UE no es una entelequia independiente de las circunstancias históricas que la hacen posible.

Leo en la edición impresa de El País de hoy (9 de marzo), en un recuadro en negrita dentro de la noticia sobre cuáles son las mayores preocupaciones de los españoles, lo siguiente: “Los españoles no ven entre sus principales preocupaciones lo que hoy en día se considera el primer problema global: los refugiados. Ni un solo español (0,0%) lo sitúa entre los 39 principales problemas de España”. Tampoco entre los políticos la cuestión de los refugiados parece inquietarles demasiado. En estos días de debates y debates y más debates, las menciones a la crisis de los refugiados brillan por su ausencia.

Cuando los estadounidenses entraron en Berlín recién finalizada la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo pegaron carteles con fotografías que las tropas norteamericanas habían tomado al liberar el campo de concentración de Dachau en las que se veían montones de cadáveres esqueléticos apilados. Las imágenes eran de lo más explícitas y bajo ellas, en gruesos caracteres, figuraba impresa la pregunta ¿Quién es el culpable? Al lado, otro cartel respondía: ¡Esta ciudad es culpable! ¡Vosotros sois culpables!

Como ya dije en otra ocasión, la historia la hacemos entre todos con nuestro proceder cotidiano: renunciando explícitamente a buscar un lugar en el mundo y aceptando sin reservas el que se nos adjudica nada más nacer o bien oponiéndonos a él porque creemos que podemos construir uno mejor. Así pues, este indigno tratado lo hemos hecho entre todos. Dejémonos de hipocresías y admitamos nuestra parte de culpa, compartamos la vergüenza con quienes lo han firmado. Decía Baltasar Gracián que “hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos”. Sonrojémonos cuanto menos y aceptemos que cada día somos más ciegos, más malos, más fríos, más secos y más torvos.

Publicada originalmente en:  https://musicadecomedia.wordpress.com/2016/03/09/vendran-mas-anos-malos-y-nos-haran-mas-ciegos/