¡Feliz Navidad 2015 y próspero Año Nuevo 2016!

Abrid el champán y brindemos.

Por los cerebros atrofiados cuyas mentes eyaculan obscenas loas a la democracia del yo,

por los sentidos sincopados y los calzones que los resguardan de las inclemencias del vivir,

por la impudencia y el miedo.

Por las prisiones, las guerras, las rosas marchitas que jalonan el camino y el papel higiénico con que limpiamos la conciencia,

por el amor y la autoridad, el deseo, los cementerios, el sexo y el apocalipsis,

por los manicomios, las alucinaciones y la fe,

por la lobotomía del espíritu y la paz.

Por las puertas cerradas, los alambres y las fronteras,

por nuestras casas, nuestras familias y nuestros intestinos,

por el futuro y la nada,

por las vistas desde la ventana en noche oscura.

Abrid el champán y brindemos.

¡Por Moloch!

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!

Bon Nadal i feliç Any Nou!

Merry Christmas & Happy New Year!

Joyeux Noël et Bonne Année!

Frohe Weihnachten und ein frohes neues Jahr!

عيد ميلاد سعيد للجميع، وسنة جديدة سعيدة

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/12/22/feliz-navidad-2015-y-prospero-ano-nuevo-2016-2/

Miedo

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Miedo a no hacer lo correcto (entre otras cosas porque no sabía qué era lo correcto). Miedo a imaginar situaciones por si su protagonista, yo, actuaba de manera inadecuada. Miedo a no comprender, por mucha voluntad que pusiera, la manera de proceder de los adultos. Culpabilidad por lo que pudiera hacer antes de haber hecho nada. El mundo se ensanchaba, mi mundo, y con él la inseguridad, pues el otro, el de afuera, el de los mayores, se alejaba cada vez más, todo eran prohibiciones y obligaciones cuya significación nadie sabía explicar. Un miedo turbio, confuso, me hizo dudar hasta de la inviolabilidad de mi imaginación. ¿No habría alguien espiando mientras jugaba solo en el jardín? ¿Serían mis juegos observados? ¿Se podría jugar solo?

No podía entender en aquellos momentos que toda autoridad tiende a homogenizar actitudes y comportamientos, que todo poder ha de instalarse en el miedo. Nada sería igual sin el temor, sin la ansiedad que se siente frente a la posibilidad de perder las dádivas por él concedidas que creemos que son nuestras, sin sobrecogerse ante las múltiples e infinitas posibilidades con que cuenta para destruirnos, sea un dios, un representante suyo, sea el dinero, o un representante suyo. Vivir con miedo es asegurarse la existencia en un mundo exageradamente timorato, asustadizo de por sí; el miedo acompaña en todas las acciones a quienes no tienen poder, a la mayoría pues; de él no se puede escapar ni en sueños, por eso todos queremos ser poderosos.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/12/16/miedo-2/

Devanando hilo

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“Almacén de lino en Laren” (1887), óleo de Max Liebermann.

Samuel estuvo por primera vez en una fábrica recién cumplidos los dos meses de edad. Era a mediados de octubre de 1849 y su hermana, Marieta, lo llevaba en brazos todos los días para que su madre pudiese darle de mamar en el mismo lugar de trabajo. María marchaba de casa antes de las seis de la mañana y no regresaba hasta pasadas las siete de la tarde. Sus senos no podían contener tanta leche, muchas veces se le empapaba la ropa y se quejaba de dolor. No era, ni mucho menos, la única que se hallaba en esta situación. Algunas mujeres que no tenían con quien dejar la criatura o quien pudiese acercarla al trabajo la llevaban consigo a la fábrica o al taller. La madre le daba el pecho en las horas de las comidas y, junto a la máquina o artefacto a que estuviese adscrita, dejaba el bebé en un cajón de madera. Otras llegaban a trabajar con él en brazos y hasta le daban de mamar mientras hacían alguna tarea.

Trabajaba María de canillera en una fábrica textil. Consistía su tarea en devanar el hilo con la máquina del mismo nombre en una canilla para su posterior uso en los telares. No era complicado, pero sí cansado. Doce horas de pie, soportando el calor y la humedad. El hilo no debía romperse y puertas y ventanas estaban siempre cerradas. El aire era caliente, lleno de vapor cargado de polvo y pelusa.

Manuel Cerdà: El corto tiempo de las cerezas (2015).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/12/14/devanando-hilo/