No traigo a colación estos versos de Rafael Sánchez Ferlosio (de su excelente libro de aforismos, reflexiones, poemas y misceláneas Vendrán más años malos y nos harán más ciegos,publicado en octubre de 1993) como producto de una reflexión sobre el pasado que ha desembocado en la triste situación actual. No ha sido eso lo que me ha movido a hacerlo, sino el convencimiento de que lo peor está por venir, de que a esta “crisis del coronavirus” seguirá otra social que causará muchos más estragos. Sí, lo peor está por llegar. Vendrán más años malos. Y nos harán más ciegos.
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Precaución y Medicina

El Español
El principio de precaución comporta la adopción de medidas preventivas. No porque se tenga la seguridad de que son necesarias, no. Por si acaso lo fueran. La Medicina –o Mierdicina– nos dice que hay que ser precavidos. Y que no lo eres tendrás tu castigo. No abuses, contrólate, nada de extremos, no fumes, no bebas. Eso no tiene mérito, así cualquiera. Si te portas mal morirás. Medicina y religión se dan, pues, la mano. Miedo, amenazas, precaución. “Haga ejercicio, fume menos y reduzca el consumo de alcohol”, decía el último informe de Medicina laboral que me hicieron (años ha). Y sin pudor o vergüenza alguna acababa con un “apto para el trabajo”. ¡No te jode! Eso ya lo sabía yo. Para esa estupidez no me hace falta ningún médico, ningún gurú. Dejaros de chorradas y ayudad a la gente a disfrutar un poco de la vida: tome tal pastilla, o tal potingue, o venga una vez al mes, o cuando corresponda, y le desintoxicaremos, sin pagar, por la Seguridad Social (de otro modo ya puede hacerse; ya hay quien puede hacerlo, mejor dicho). No se preocupe, hemos avanzado mucho, tenemos remedio para que no deje el placer, el suyo, aunque no sea el mío. ¿La ciencia al servicio de la humanidad? ¿La Medicina aliada del placer? Imposible. Medicina preventiva, medicina laboral. Trabajo y luego descanso. Si no se descansa no se rinde, no se produce, y no puede darse la entente cordiale entre los que no han llegado alcanzar la luz, pero son los que suministran la energía, y los que disfrutan de un todo luminoso y tienen la llave del interruptor.
Es posible que esté siendo injusto con la Medicina. No en los términos en que a ella me refiero, sino al aislarla así de las otras ciencias, o disciplinas, o como se las quiera llamar. Quien puede permitirse un buen abogado podrá eludir penas, quien puede contratar un buen arquitecto tendrá una estupenda casa, un buen economista conseguirá que pague poco a Hacienda y le aconsejará como invertir el dinero negro, buenos profesores le garantizarán una buena educación. Ciencias, disciplinas, o como se las quiera llamar, abstracciones al fin y al cabo, pura metafísica, presuntas realidades intangibles. No es cuestión de profesiones, sino de profesionales.
Así que sea precavido, cuídese, trabaje, ahorre… Y que la rueda siga girando, que el espectáculo ha de continuar. Ahora bien, recuerde que el guión está escrito y los personajes principales repartidos de antemano, pero en su mano está representar el papel que le han asignado o negarse. De usted depende.
Saber y conocer

Horacio Cardo
Contrariamente a lo que hubiera cabido esperar, el acceso del hombre al conocimiento, que no al pensamiento, no ha supuesto liberación alguna para el ser humano. Las contradicciones afloran como si hubiesen estado ocultas en lo más hondo de la mayor profundidad, cual sombras chinescas que hastiadas de tanto luto necesitan luz y color, anunciando el fin de la historia, pues hemos llegado, dicen quienes así piensan, al mejor de los mundos posibles y, en consecuencia, a la última etapa de la evolución humana, lo que probablemente sea cierto, aunque por razones muy distintas de las que alegan argumentos a favor de tal extravagante razonamiento: la pérdida progresiva de valores por la abstracción de toda experiencia, la pasividad con que afrontamos el devenir, el desaliento, la aniquilación.
Hemos empobrecido intelectualmente, nuestra capacidad de pensar es cada vez más limitada. Las injusticias y desigualdades son tan habituales que ya forman parte del ordenamiento natural. Represión y prohibición atenúan la tolerancia –todo tiene sus límites, no todo puede hacerse, pretextan– y acrecientan la conformidad y la resignación. Es el tiempo inmóvil que vivimos, paradójicamente, de manera tan acelerada. Y es que una cosa es conocer y otra muy distinta es saber. Se pueden conocer muchas cosas, pero no saber nada de ellas.
Una versión anterior fue publicada en este blog el 1 de febrero de 2018.

