Preparados, listos… ¡Ya!

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Spencer Tunick ©

Terminaron las fiestas y los fastos. Pasaron los reyes y a unos les dejaron muchas cosas, a otros menos, a otros nada. Ahora volvemos a eso que llaman normalidad y adoptamos de nuevo nuestro estado natural. Y, así, sumisos y dóciles, indolentes y acomodadizos, dispuestos estamos a amoldarnos a lo que nos espera.

Me sumo a lo que dijo el periodista y político bonaerense Juan José Castelli (1764-1812): “Si ves al futuro, dile que no venga”. Pero, por si viene, que vendrá, pongo también el culo en pompa y me voy a la farmacia, a por vaselina.

Consumismo infantil

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Los niños, especialmente los del mundo occidental, son cada vez más objeto de grandes campañas que les incitan a consumir bienes diseñados especialmente para ellos, aunque sean totalmente inútiles y nada aporten a su desarrollo intelectual.

Se les inculca desde la más temprana edad valores mercantilistas e insolidarios, que valoran más el “tener” que el “ser” y que priorizan la cantidad de cosas a la calidad de vida.

Se les educa en la mentira y desde la incoherencia, pues no se les habla de la importancia que la austeridad y el compartir tienen en el mundo actual en la búsqueda de un desarrollo humano sostenible que atienda las necesidades de todos y no de unos pocos, al tiempo que se les habla de lo mal que está el mundo.

Se les somete a continuo chantaje y se les crea sentimiento de culpa al decirles repetidamente que los Reyes Magos o Papá Noel, o los dos, no les traerán nada si no se portan bien.

Se les crean falsas expectativas o innecesarias frustraciones al querer el niño algo que ha visto en la televisión y que no está al alcance del presupuesto de sus padres.

Dijo Jesucristo “Dejad que los niños se acerquen a mí… y no se lo impidáis”. O dicen que dijo. No sé. Igual la frase es de las grandes superficies comerciales.