…Y los árboles se suicidaron

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Raico Rosemberg ©

Hartos de que se les esquilmara y se les convirtiera en papel, de que sobre este se imprimieran informaciones y noticias interesadas y tergiversadas, opiniones travestidas de objetividad y análisis disfrazados de cientificidad, hartos de que se les usara en forma de libros, diarios y revistas para satisfacer bastardos intereses de tanto mediocre meritócrata, de ser vehículo de vanaglorias y vacuidades, antes de acabar llenos de polvo y moho en cochambrosos almacenes, los árboles entraron en una profunda depresión y terminaron suicidándose.

De acuerdo (casi) con Trump

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Agim Sulaj ©

Nunca imaginé que llegaría a manifestar, y menos por escrito, que estoy de acuerdo con una frase de Donald Trump. Eso sí, solo con una y sin entrar en más detalles, aislada pues, sin contexto alguno. La frase –que tomo de un artículo de John Carlin publicado hoy en El País– es la siguiente: “Descubrirán cuando lleguen a tener mucho éxito que la gente que les caerá mejor será aquella que es menos exitosa que ustedes. Porque cuando te sientas en una mesa les puedes contar todo tipo de historias maravillosas y te escucharán. ¿Tiene sentido lo que les digo? ¿Ok? Siempre hay que estar rodeado de gente sin éxito porque te respetarán”.

Uno mira a su alrededor y llega a la conclusión inmediata de que así es, de que la mediocridad intelectual y la miseria moral se han instalado en todas las instancias que tienen capacidad de decidir en esta sociedad que hace tiempo que ha dejado de cuestionarse a sí misma y acepta un modelo a todas luces injusto porque –dicen– otro no es posible. Da igual la instancia, da igual la escala político-administrativa, en todas encontramos quienes creen ser listos e inteligentes, letrados y eruditos, en contraposición a sus subordinados o sus administrados, ignorantes y faltos de criterio. Siempre tropezarás con alguno, con más de uno. Y cuando más desciendas en la escala más todavía. Al tiempo verás que son demasiado engreídos y presuntuosos y que jamás reconocerán este extremo. Y encontrarás a su alrededor un sinfín de gente gris que ha tenido menos éxito que ellos dispuesta a hacerles el caldo gordo para de ese modo beneficiarse de las sobras de las migajas que administran. La mediocridad viene, así, garantizada por los mecanismos del poder, se instala en él, se beneficia del mismo y lo sustenta.

Tolerancia

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“Drones” (2011) / Tommy Ingberg.

Seamos tolerantes. Con nosotros mismos y con los demás. Enseñemos a ser tolerantes, que todo el mundo sea tolerante: los que trabajan diez, doce o más horas a cambio de unos pocos euros al mes, los parados, los migrantes, los que huyen de la miseria, las víctimas de las guerras, los que carecen de techo, los que pasan hambre. Aprendamos todos a ser tolerantes. Desde nuestra más temprana infancia. Con un buen entrenamiento todo cabe. Está todo previsto, calculado, no debemos preocuparnos. Para ello están los guardianes de la tolerancia, expertos que administran ya desde la escuela dosis suficientes de catatonía que nos permitan ser tolerantes hasta con lo intolerable, pues al fin y al cabo ¿quién somos nosotros para decir qué es intolerable? Dejemos a los educadores, a los profesionales y a los políticos que hagan su trabajo y no nos preocupemos si alguna vez olemos la mierda, es un buen indicio: sabremos donde está y no nos mancharemos con ella.