“Somos seres intangibles, no tenemos cuerpo, adopté la forma del primer ser humano que vi. (…) Reconoced que hubiera sido mucho más difícil que me creyerais si no lo hubiera hecho de ese modo. Necesitaba una identidad que pudiera ser admisible en vuestro contexto conceptual, que pudierais identificar y relacionar con algo que por imposible que parezca no deje de ser creíble, aunque escape a la lógica, una apariencia. De eso los humanos sabéis mucho, de apariencias. Olvidáis pronto quiénes sois y de dónde procedéis”.
Lo dice Prudencio, o Argararemon, que tanto da que da lo mismo. Sin embargo, como quiera que se dirige a seres humanos, él mismo se sirve de la apariencia para que no se sepa quién, o qué, es en realidad: “las apariencias son para vosotros muy importantes, para los humanos quiero decir. No valoráis a la gente por lo que es, sino por lo que tiene”.
Dice una frase proverbial muy usada que “las apariencias engañan”. Que sea una frase hecha y forme parte de nuestro discurso convencional y, por tanto, la banalicemos, no quita que sea una verdad como un templo y que haga buena la aseveración de Maquiavelo en El príncipe (1513): “Este mundo se compone de vulgo, el cual se lleva de la apariencia, y solo atiende al éxito”. “La apariencia, [pues,] es el disfraz perfecto en nuestra sociedad imperfecta”.
Imagen que ilustra la reseña de Rosa Berros en MoonMagazine.
Tras esta larga ausencia motivada por la remodelación de mis, ahora, dos blogs –como explicaba en la entrada de ayer–, empiezo la tarea de ponerme al día con los comentarios, las publicaciones de los blogs a los que estoy suscrito, los correos, las novedades que tengan relación con las cosas que hago, etc. Y, he aquí, que me encuentro con una magnífica noticia, una de esas que halagan y endulzan la existencia y también –cómo no– refuerzan el ego. Me refiero a una reseña que publicó el pasado 12 de abril Rosa Berros Canuria en la “revista [digital] lúdico-cultural” MoonMagazine.
Ma ha encantado eso de que “es una mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora”. Eso y muchas cosas más, como el excelente resumen que hace del argumento, dejando al lector intrigado por conocer el desenlace, que se presenta totalmente imprevisible: “Argararemon, Prudencio para los amigos, aún guarda algún secreto y es que, en realidad, no es un genio, es un esente, y ya no os puedo contar lo que es eso porque destriparía la novela, cosa de la que no tengo ninguna intención. Solo deciros que, a partir de ese momento, el tema se pone cuántico y nuestro genio, perdón esente, tendrá que dar nuevas explicaciones a los tres amigos” [los tres jóvenes que, con Prudencio, protagonizan la novela, o lo que sea esto que he escrito: Robin, Johnny y Tomate].
Me hubiera gustado poder compartir con ustedes la reseña completa, pero MoonMagazine no da opción a compartir en WordPress. Así que les dejo con un par de frases de la misma y la posibilidad de que puedan acceder a ella clicando en el enlace que figura bajo estas:
Prudencio Calamidad es una novela por momentos, social; por momentos, filosófica; por momentos, negra; bastante cuántica, pero en todo momento, muy divertida. Una novela que alterna las reflexiones acerca de lo real y lo fantástico con las aventuras que corren nuestros amigos en su afán por dejar de ser pobres aprovechando los poderes de Prudencio Calamidad, pero sin dejar rastro de dichos poderes. (…) una mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora para mostrarnos, de manera divertida y desenfadada, la situación actual de los que tienen muy poco, pero mantienen intactos los deseos; de los que ya casi han perdido la esperanza, pero tan solo necesitan un genio que se la devuelva. Una novela sin pretensiones, divertida, sorprendente y muy fresca.
Una cosa más quiero agradecer a Rosa. Este jueves, día 20, he de presentar Prudencio Calamidad en mi pueblo –imposible decir que no a algo así, es mi pueblo, es mi gente– y su reseña me va a venir como anillo al dedo. Siempre es engorroso hablar de uno mismo, mejor hablar sobre lo que dicen otros. Por supuesto, ella era ajena a tal circunstancia.
¿Casualidad? No creo en las casualidades. Debe haber sido cosa de Prudencio, Prude para los tres amigos, Argararemon en su mundo, el de los genios, que no son genios sino esentes.
Que disfruten de un excelente día. Muchas gracias por su visita.
Prudencio Calamidad es mi cuarta novela desde que emprendí la aventura de dedicarme a escribir narrativa y dejar más o menos de lado –harto y cansado de moverme en un medio donde lo que prima es la meritocracia, el amiguismo y la corrupción intelectual de tanto mindundi servil del poder, por mucho que algunos se disfracen de progre– la historia social y la arqueología industrial, disciplinas que han centrado mi trayectoria profesional hasta hace unos años. Prudencio Calamidad se suma, así, a El viaje (2014), El corto tiempo de las cerezas (2105) y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).
Prudencio Calamidad quiere ser una sátira de ‘ciencia-ficción’, cuyo argumento transcurre en el presente, divertida, ácida y sumamente crítica con el sistema, o sistemas, de organización social en que se ha dotado la humanidad a lo largo de la historia. También políticamente inconveniente y que el lector se encuentre ante el dilema de corroborar o refutar estas palabras que Prudencio, Prude, o Argararemon, o quien finalmente sea el enigmático personaje que es, o se hace pasar, por genio, nos dijo (a los chicos y a mí): “Los humanos nunca estaréis preparados para entender comportamientos que no se adecuen a vuestro sentido de la normalidad, de lo que consideráis ‘normal’ y tratáis de justificar mediante la lógica o la ciencia”.
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