La evolución del género humano explicada por Argararemon (II)

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Homo sapiens

─ ¿Tan importante fue ese cambio?

─ Bueno… Digamos que hasta entonces los humanos no habíais necesitado reyes, ni presidentes, ni jueces, ni bancos, ni dinero, ni policías. Todo esto comienza con la vida en sociedad.

─ ¿No había maderos, ni guripas, ni picoletos? ¿No necesitaban el dinero?

─ Nada de todo eso. Aquellos humanos vivían en comunidades pequeñas y…

─ ¿En pueblecitos?

─ Efectivamente, aldeas, pueblos muy pequeños que no pasaban de las ciento cincuenta personas. La fortuna, la suerte, tenía entonces mucha importancia en sus vidas. Dependían sobre todo de la caza para comer, de lo que encontraran en los árboles que fuera comestible y de algunas pocas plantas que sabían cultivar. Vivían, pues, de lo que cazaban y lo que recolectaban. Un día le iba bien a uno; al siguiente, en cambio, al otro. Entonces, el que no tenía pedía al que tenía. Se compartía todo, la gente era generosa entre ella. Dar las gracias, por ejemplo, no existía; hubiera sido considerado una ofensa.

─ ¿Y no había nadie que mandara?

─ Digamos que una especie de cabecillas regulaban que la existencia trascurriese de forma que se cubrieran las necesidades para poder vivir. Gente que decidía… Bueno, decidía no es la palabra adecuada, digamos mejor que organizaba, que se preocupaba de si correspondía ir de caza, pues empezaba a escasear la comida, o si había que satisfacer cualquier otra necesidad o problema que pudiera surgir, cosas de ese tipo.  Pero carecía de autoridad, en el sentido de tener poder sobre los demás, y daba ejemplo de ser el más cumplidor y el más generoso.

─ ¿No había jefes?

─ Tal como ahora concebís el concepto, no.

─ ¿Cada uno hacía lo que le salía de la polla?

─ En absoluto, cada uno hacía lo que entre todos se consideraba lo más conveniente.

─ ¿Y el cabecilla ese qué coño pintaba?

─ El cabecilla ese que dices se suponía que era… ¿Cómo os diría? El que les parecía que tenía más sentido común de entre todos. Una cosa es que nadie mande, otra que nadie guíe a la comunidad, que mediante el acuerdo de todos dirija determinadas acciones encaminadas a procurarse una mejor existencia.

─ ¿Entonces qué era, el más listo?

─ Yo, en todo caso, diría el más sabio, el más inteligente. O, si queréis, el que creían que era el más sabio o el más inteligente.

─ ¿Y si se equivocaba?

─ Otro pasaba a desempeñar esa función.

─ ¿Y el otro qué decía?

─ Nada, ¿qué iba a decir? Veamos. Vosotros ─a Johnny y Tomate─, por lo que he podido observar, tenéis muy en cuenta la opinión de Robin. ¿Por qué?

─ Porque es un buen colega del que nos podemos fiar, y porque tiene ideas para solucionar cualquier apuro. Y nos ayuda, es el único que dispone de pasta. No siempre, pero cuando la tiene no le importa gastarla, comparte con nosotros birras y petas. Eso solo lo hace un tío legal.

─ Pero tenéis muy en cuenta su parecer, sus sugerencias. ¿Qué hacemos, Robin?, le preguntáis constantemente, y Robin dice: podríamos hacer esto, o lo otro. O le preguntáis ¿y si vamos al espigón?, por ejemplo, o a cualquier otro sitio. Y lo que él dice es lo que soléis hacer.

─ ¿Y qué? ¿Hay algo de malo en ello? ¿Qué quieres decir, que vamos besándole el culo porque somos unos mierdosos, unos tirahuevos? ─le recriminó Johnny, molesto por lo que consideraba una afrenta en toda regla.

─ En absoluto, hombre. No va por ahí el asunto, no te sulfures. Todo lo contrario: intento decir que sois lo suficientemente inteligentes para apreciar en él unas cualidades que os merecen respeto. Lo decías tú ahora mismo: es un buen colega, un tipo legal. Por eso le hacéis caso, no os impone las cosas, sugiere, da su opinión, pero no os obliga a hacer nada que no queráis. ¿Es así?

─ Sí.

─ Entonces lo que hacéis es respetarle, no obedecerle. No manda sobre vosotros, no tenéis por qué seguir sus designios, no puede obligaros. ¿Me explico?

─ Te explicas, pesao, persianero del bistec.

─ Ahora imaginad que, de pronto, Robin se pusiera a decir que tenéis que hacer cosas con las que no estáis de acuerdo y se empeñara en que debéis hacerlas como dice y solo como dice. Puesto que le tenéis en alta estima, él digamos que se lo cree y llega a pensar que es “superior” a vosotros, por lo que debéis obedecer todo lo que él determine. Ahora ya no son opiniones, son órdenes y tenéis que cumplirlas. ¿Qué haríais entonces?

─ Mandarlo a tomar pol culo.

─ ¿Y él, ¿qué podría hacer para evitar que lo mandarais a tomar pol culo y conseguir que le obedecierais?

─ ¿Él? Ya se las apañará, que le den, que se busque otros y que se la mamen de canto si quieren. ¡Será porque no hay comemierdas por ahí! Así ─Johnny juntó los dedos de su mano derecha al tiempo que la levantaba mirando a Prude─, así hay

─ ¡Eh, cabrones!, ¿se os va la olla o qué? Empezáis a tocarme los huevos ─a Robin, que evidentemente resultaba ser el más avispado de los tres y era consciente de ello, no le gustaba el rumbo que tomaba la disertación de Prude─. ¿Y tú a dónde quieres llegar, cometarros?

─ Pero, chicos, que susceptibles sois. Únicamente intentaba poneros un ejemplo de cómo puede uno, o unos, tener gran influencia sobre otros sin necesidad de usar la fuerza, simplemente por ser como es, o por lo que los demás consideran que es, porque ven que en él a una persona cabal y resolutiva. Tomate y Johnny te respetan por lo que eres, por cómo eres, hacen caso de tus opiniones porque consideran que normalmente son acertadas, tu “autoridad” sobre ellos es “moral”, no “física”.

─ ¡Ah! Así vale.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017).

La evolución del género humano explicada por Argararemon (I)

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Tribe of homo erectus making weapons

Grupo de homo erectus. / Christian Jegou/ Public Photo Diffusion/SPL.

─ En un momento determinado, hace mucho, muchísimo tiempo, el que era físicamente superior, el más fuerte, tenía más posibilidades de vivir que otros. Cuando empezó la vida en colectividad, es decir, cuando los humanos se agruparon en poblados, se hizo necesaria cierta organización y las cosas cambiaron. Poco a poco se crearon normas para regular la vida en común. Ahí empezó todo, si hay unas reglas hay que cumplirlas. Por supuesto siempre habrá quien no esté de acuerdo y prefiera otras. En tales circunstancias, es necesario un “aparato”, un conjunto de personas que gobiernen y haga que se respeten esas reglas. Así se inició vuestro modelo de sociedad, en el que siempre unos mandan y otros deben obedecer, y seguís igual. Es más, diría que vais a peor.

─ Eso que acabas de decir sí lo he pillado. Cada día peor, cada día más puteados, más jodidos.

─ Sois –enfatizó la palabra– así. Desde el origen de vuestra vida en sociedad.

─ ¿Cuándo fue eso?

─ Durante el tiempo que denomináis prehistoria. Os sonará de la escuela, ¿no?

─ No somos tan zopencos, tío. Claro ─dijo Johnny.

─ Pasó hace unos diez mil años.

─ ¿Solo? ─preguntó Johnny, socarrón.

─ Bueno, no es tanto.

─ No es tanto, dice. ¡Diez mil años! Si entonces ni siquiera sabrían limpiarse el culo, igual aún ni cagaban agachados. Como para acordarse.

Tomate y Robin rieron la ocurrencia de su amigo.

─ He ahí el problema, en parte al menos. Los humanos olvidáis pronto quiénes sois y de dónde procedéis. Si tenéis en cuenta que hace más de tres mil millones de años que se inició la vida y, por tanto, el proceso que dio lugar a la aparición del ser humano y que este ya cuenta con una existencia de dos millones y medio de años, yo diría que no es mucho tiempo.

─ La puta leche, Prude, hablas de años como los banqueros y políticos de pasta, en millones.

─ Pues ese es el tiempo. De acuerdo con vuestros cálculos ¿eh? Fue entonces cuando hicieron acto de presencia los primeros primates bípedos, de quienes procedéis los humanos actuales.

─ Los monos ─observó Tomate.

─ Los monos, sí, pero es más correcto decir simios. Los simios y los humanos procedéis de un mismo grupo de animales, un mismo orden de mamíferos, los primates. ¿De acuerdo?

─ Mejor así. Los primates. Que eso de venir de los monos… ¿Qué quieres que te diga? No me gusta mucho.

─ Entiendo tu analogía, Robin.

─ ¿Mi qué?

─ Que comprendo que no te guste eso de que descendéis de los monos. Así llamáis a los policías municipales. Es por eso, ¿verdad?

─ Hombre, ¡tú que crees! Como si a ti te dijeran que vienes de una boñiga.

─ Pero aún no nos has dicho por qué pasó.

─ Entre los primeros primates había uno que evolucionó hacia el homo erectus y…

─ Erectus. ¿Qué pasa, que siempre tenía la polla tiesa?

Rió Johnny su propia gracia. También sus amigos.

─ Erectus de ir erguido, de andar derecho, de caminar a dos patas.

─ Ya tío, ya. Te hemos pillado. Es que nuestra azotea no está acostumbrada a tanta palabra rara.

─ Comprendo. Sigo. Entre los erectus también había distintas especies y una evolucionó hacia el ser humano. De ella se originó vuestra especie. ¿Cuál fue? La que consiguió razonar. Por eso se domina a vuestros ancestros homo sapiens. Digamos que este, que tenía prácticamente el mismo aspecto que los humanos ahora, empleaba más la maña que la fuerza y el cerebro era su herramienta más importante. Su nivel de razonamiento aumentó, descubrió la agricultura y la ganadería. Empezó entonces a fabricar utensilios para cultivar la tierra o para cazar, como el arco y la flecha, que servirían también atacar y defenderse. La vida cambió con todos estos logros radicalmente, ya no era necesario ir de acá para allá, se volvieron sedentarios.

─ ¿Qué es eso de sedentarios? ─preguntó Johnny.

─ Que se apalancaron ─aclaró Tomate.

─ Mejor que pasaron a vivir en un lugar concreto, pero no permanecieron inactivos. Con la vida sedentaria se comenzó a construir viviendas permanentes, nació la idea de familia y el concepto de propiedad. La vida fue volviéndose cada vez más compleja. El humano había conquistado ciertas especies de animales, las domesticaba y dominaba a su antojo, el lobo pasó a ser perro, por ejemplo, el jabalí cerdo, o los toros salvajes bueyes. La tierra, por su parte, daba frutos no ya por ella sola sino por la acción del hombre. Los humanos ya no erais uno más entre las otras especies animales, sino el ser más poderoso de todos los seres que poblaban la tierra. La naturaleza empezaba a ser vuestra, eso creíais y eso seguís creyendo. Pensáis que, más que formar parte de ella, está a vuestro servicio, que podéis dominarla a antojo, en función de vuestras necesidades e intereses, y no es así. Este modo de vida comunitaria, la vida en sociedad, determinaría vuestra existencia para siempre.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017).

Aún resultará que tenemos la culpa nosotros. ¡No te jode!

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La madre de Johnny hacía todo lo posible para que [cuando llegase] su marido no le encontrase en casa. Le avisaba repetidas veces antes de salir. Me voy a hacer la compra, no te duermas. Te he puesto el despertador a las nueve, levántate, que no te pille tu padre en la cama, ya sabes cómo se pone. Frenético se ponía Pedro cada vez que encontraba a su hijo durmiendo a mitad mañana. Vago, holgazán, inútil, gorrón… Hacía tiempo, no obstante, que habían dejado de discutir.  Pedro se cabreaba y lanzaba su habitual retahíla de reproches. Mientras, Johnny se vestía ─pantalones vaqueros o de chándal, camiseta y zapatillas deportivas─ y abandonaba la vivienda, en silencio. Pedro se acostaba. Ya prácticamente era un ritual.

─ ¿Así cómo cojones vas a encontrar trabajo? Vago, maleante…  Mi padre también me suelta la misma cantilena, y mi madre.  Y eso que ellos están pelaos y a mi padre está punto de acabársele el paro. Si no fuera por la pensión de mi abuela… ─se quejaba Tomate

(…)

─ Estoy hasta los putos huevos. Aún resultará que tenemos la culpa nosotros, que no pegamos ni chapa. Eso será, seguro. ¡No te jode!

─ Ni así, ni asá, le digo yo. ¿Todavía no has dado cuenta de que no hay nada? A ver qué mierda de trabajo encuentras tú. Y me dice que él ya es mayor, que yo soy joven, que las cosas son distintas. Mueve el culo, agacha el lomo.

─ Ayer me salió un currelo, por eso no vine. Repartir propaganda. Cinco euros la hora, cinco putos euros, y tenía que pagarme yo el autobús. Acojonante. ¡Que se los metan por el ojete!

─ No hombre, no, que eso igual les gusta.

─ ¡Ah!, y cinco días, cinco putos días, no te lo pierdas. Eso sí, muy considerados:  me hacían contrato.  Pero me descontaban no sé qué hostias de retenciones para no sé qué. ¡Menuda panda de chorizos! Ellos seguro que no ganan cinco euros a la hora. ¡Qué hijos de la gran puta!

─ Hiciste bien, tío, yo también los hubiera mandado a la mierda.

─ No dije nada en casa. Si mi padre se entera que pasé hasta el culo de un currelo, por mierdoso que sea, me da de hostias.

─ Yo hubiera hecho lo mismo. Son un peñazo, siempre dando la brasa, siempre con la misma monserga. Si vivimos entre la mierda, en un mundo de mierda ¿qué quieren que seamos?, ¿qué quieren que hagamos? ¿Qué hacen ellos? Renegar. Mi padre se pone negro cuando ve las noticias en la tele y se caga en todo.  Que si los banqueros y los políticos se re parten el pastel y nos dejan en la miseria, que si son unos ladrones, unos hijos de puta, que si cabrones, que si la madre que los parió, y luego le da la venada y me echa a mí la bronca y dice que soy un vago. No sé si es un falseras o simplemente gilipollas, o las dos cosas.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017).

Un físico tan inteligente como cándido e ingenuo

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Fórmula

Ese físico se llama Peter Naive. Sus colegas lo consideran un chiflado, un excéntrico incapaz deslindar con claridad los límites que separan la ciencia de la filosofía. Cuando llegó a hacer público su convencimiento de que es la conciencia la que puede viajar a la velocidad de la luz y no la materia, le ignoraron. Su teoría apenas tuvo eco más allá de la parapsicología. También algunos defensores del creacionismo trataron de manipular sus tesis para defender la existencia de una inteligencia superior, la divina. Fue un duro golpe para Naive, pero él siguió trabajando en sus ideas y a punto estuvo de descubrir la fórmula que demostraría que la inteligencia no es exclusiva de ser humano y que existe vida inteligente fuera de nuestro plante, la cual, además, es superior a la nuestra.

Naive –que en castellano se puede traducir por cándido, o ingenuo– es, en verdad, un personaje de mi novela Prudencio Calamidad y a punto está de averiguar con su fórmula el modo en que una y otra podrían encontrarse. A ello ha contribuido la particular manera de actuar de Prudencio, ahora ya Argararemon, no un genio, sino un esente. Para el mundo de los esentes sería fatídico que tal cosa llegara a suceder. Por eso, el Esente Mayor llama al orden a Argararemon y mantienen una larga discusión de la que reproduzco parte acto seguido.

─ Los humanos, como bien sabes, siempre se han preguntado por el origen de la vida y del universo. De una intervención divina, un poder sobrenatural que crea y rige lo creado, poco a poco pasaron a buscar otras explicaciones más acordes con la ordenación universal. Algunas son ciertamente inverosímiles, pero otras se acercan bastante, mucho incluso, a la realidad que nosotros conocemos. Es el caso de Naive.  Siempre se ha interesado por el origen de la vida, de la vida consciente, ¿cómo apareció?, y sobre todo ¿qué la hizo posible?

─ Bueno, esa es la eterna pregunta entre ellos.

─ Sí, pero Naive, aunque afortunadamente no tiene la respuesta, la intuye. Las dudas le pueden. A medida que avanza en sus hipótesis, estas se van volviendo más intrincadas. De todos modos, defiende una teoría que, como verás, no puede dejarnos indiferentes. Cree, como otros científicos, en la existencia de último antepasado común universal, lo que ellos denominan Luca, Last Universal Common Ancestor. Luca habría surgido hace más de tres mil millones de años, probablemente con la aparición del oxígeno en la atmósfera. Hasta aquí nada diferencia el pensamiento de Naive de los demás expertos que aceptan la existencia de Luca. Con todos ellos está de acuerdo en que de Luca proceden todas las formas de vida que se conocen, pues las demás se extinguieron. Por supuesto que Luca no fue el primer organismo vivo con conciencia, no cuestiona eso, pero Naive va más allá: de este organismo surgió, dice, la vida inteligente. ¿Qué novedades introduce Naive? Bien. Sostiene que de Luca viene todo organismo viviente, pero también lo que él denomina First Universal Common Conscious Ancestor: Fucca. ¿Qué es Fucca? Pues, a juicio de Naive, ni más ni menos que un organismo unicelular del que vienen los esentes y los humanos. Por supuesto, él no habla de esentes. ¡Eso faltaba! Pero sí de que antes que la materia fue la conciencia. ¿Qué te parece? No, no digas nada, aún no he terminado. Para Naive, Fucca tenía conciencia propia, rudimentaria pero conciencia, que evolucionó en dos direcciones: una se mantuvo tal cual, es decir, unicelular ─lo que no significa que no evolucionara; son palabras suyas─ mientras que otra se mezcló con más células y de ahí vienen los primates. Ahora bien, la conciencia ya existía, al nivel que sea, pero ya existía. Naive denomina a los organismos que evolucionaron sin materia resistentes, mientras que a los que darían origen al ser humano y pasarían a convertirse en organismos pluricelulares, débiles. Entre estos organismos se produjo una selección natural, como después ocurriría también entre los primates, entre quienes Fucca pasó a ser una de tantas partes individuales diferenciadas de un único organismo que se necesitan mutuamente. ¿Te suena todo esto? Supongo que no es necesario que te explique lo que significa.

─ No, no es necesario.

─ Fue una partícula de Fucca, que él ha bautizado como mcd, siglas de lo que vendría a significar molécula capaz de distinguir, de discernir, la que hizo posible que esa conciencia desarrollara el intelecto, que los primates evolucionaran hasta el homo sapiens y se iniciase el proceso de adaptación cultural al orden natural. Esa “partícula inteligente” no es exclusiva del ser humano, sigue Naive. Esta, por fortuna, es la parte más débil de su teoría, la más difícil de demostrar y lo que hizo que sus colegas tacharan sus teorías de seudociencia. Ahora bien, como te habrás dado cuenta, apunta en la dirección correcta. Primero la conciencia. ¿Te suena esto también?

─ Por supuesto.

─ Hay muchas cosas que desconoce. Ignora qué nivel de conciencia, qué tipo de inteligencia desarrollaron esas células resistentes. De hecho, desconoce que existimos, de qué forma procedemos ni cuántos somos, por supuesto, ni de qué somos capaces ni hasta donde podemos llegar en conocimiento.

─ Habrá que actuar, pues, para que no siga investigando en esa línea, ¿verdad?

─ ¿A ti qué te parece? Hasta ahora la mayoría de los físicos, por no decir la totalidad, no dejan de pensar que es un chiflado, un excéntrico que no sabe deslindar con claridad los límites que separan la ciencia de la filosofía. Cuando llegó a hacer público su convencimiento de que es la conciencia la que puede viajar a la velocidad de la luz y no la materia, le ignoraron, su teoría apenas tuvo eco más allá de lo que los humanos llaman parapsicología. También algunos defensores del creacionismo trataron de manipular sus tesis para defender la existencia de una inteligencia superior. Fue un duro golpe para Naive, nunca más volvió sobre el tema y todo se olvidó, pero él siguió trabajando en sus ideas, y ha llegado a conclusiones que no dejan de ser preocupantes.

─ Ciertamente lo que dices, esente Mayor, es para alarmarse.

─ Para Naive las propiedades de Fucca resistente, por la presencia de la mcd, son semejantes a las del fotón. Naturalmente, solo en el sentido que su masa es cero y viaja a la velocidad de la luz. ¡Qué casualidad!, como nosotros. Mas, por si faltara poco, Fucca resistente dejaría rastro lumínico al viajar a esa velocidad. De nuevo como nosotros. Esa velocidad es, por supuesto, imperceptible a simple vista por los humanos, incluso con los aparatos más sofisticados del mercado, pero no con la tecnología del Instituto Internacional de Física de Partículas. Sin decir nada a nadie, cuando ya todo el mundo se había marchado, alegando que le quedaban cosas por resolver, lo que a nadie extrañaba dado el temperamento obsesivo de Naive, siguió trabajando. Su interés aumentó cuando, con su participación, un grupo de científicos del Instituto consiguió hace unos años medir el estado de un fotón sin destruirlo. Calló de nuevo, pero su conclusión fue: si es posible hacer esto con un fotón, ¿por qué no con Fucca? Al fin y al cabo, reflexionaba, su comportamiento es similar. No se atrevió a plantearlo, ya estaba harto de que le tomaran por un chalado, y del mismo modo y con la misma constancia prosiguió sus investigaciones en la más absoluta reserva hasta llegar a desarrollar la teoría que te explicaba acerca de la conciencia y la materia. Fucca para él viene a ser algo así ─olvidemos ahora los matices─ un fotón con conciencia. ¿Qué opinas?

─ No sabía nada de eso, pero de todos modos ¿no crees, esente Mayor, que le va ser difícil demostrar sus hipótesis? No le van tomar en serio.

─ Eso cree, por eso calla. Claro que no puede probar todo esto, tampoco lo pretende. Ya está escarmentado y actúa de manera ciertamente cautelosa. Se centra exclusivamente en poder demostrar la existencia de la mcd, y ha conseguido desarrollar una fórmula que está a punto de concluir gracias a tu intervención.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017). A la venta a través de Amazon y librerías que distribuyen libros editados en su plataforma CreateSpace.

Cuídate de las apariencias

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“Somos seres intangibles, no tenemos cuerpo, adopté la forma del primer ser humano que vi. (…) Reconoced que hubiera sido mucho más difícil que me creyerais si no lo hubiera hecho de ese modo. Necesitaba una identidad que pudiera ser admisible en vuestro contexto conceptual, que pudierais identificar y relacionar con algo que por imposible que parezca no deje de ser creíble, aunque escape a la lógica, una apariencia. De eso los humanos sabéis mucho, de apariencias. Olvidáis pronto quiénes sois y de dónde procedéis”.

Lo dice Prudencio, o Argararemon, que tanto da que da lo mismo. Sin embargo, como quiera que se dirige a seres humanos, él mismo se sirve de la apariencia para que no se sepa quién, o qué, es en realidad: “las apariencias son para vosotros muy importantes, para los humanos quiero decir. No valoráis a la gente por lo que es, sino por lo que tiene”.

Dice una frase proverbial muy usada que “las apariencias engañan”. Que sea una frase hecha y forme parte de nuestro discurso convencional y, por tanto, la banalicemos, no quita que sea una verdad como un templo y que haga buena la aseveración de Maquiavelo en El príncipe (1513): “Este mundo se compone de vulgo, el cual se lleva de la apariencia, y solo atiende al éxito”. “La apariencia, [pues,] es el disfraz perfecto en nuestra sociedad imperfecta”.

Prudencio Calamidad está a la venta a través de Amazon.

Prudencio Calamidad: “mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora”

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Imagen que ilustra la reseña de Rosa Berros en MoonMagazine.

Tras esta larga ausencia motivada por la remodelación de mis, ahora, dos blogs –como explicaba en la entrada de ayer–, empiezo la tarea de ponerme al día con los comentarios, las publicaciones de los blogs a los que estoy suscrito, los correos, las novedades que tengan relación con las cosas que hago, etc. Y, he aquí, que me encuentro con una magnífica noticia, una de esas que halagan y endulzan la existencia y también –cómo no– refuerzan el ego. Me refiero a una reseña que publicó el pasado 12 de abril Rosa Berros Canuria en la “revista [digital] lúdico-cultural” MoonMagazine.

Ma ha encantado eso de que “es una mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora”. Eso y muchas cosas más, como el excelente resumen que hace del argumento, dejando al lector intrigado por conocer el desenlace, que se presenta totalmente imprevisible: “Argararemon, Prudencio para los amigos, aún guarda algún secreto y es que, en realidad, no es un genio, es un esente, y ya no os puedo contar lo que es eso porque destriparía la novela, cosa de la que no tengo ninguna intención. Solo deciros que, a partir de ese momento, el tema se pone cuántico y nuestro genio, perdón esente, tendrá que dar nuevas explicaciones a los tres amigos” [los tres jóvenes que, con Prudencio, protagonizan la novela, o lo que sea esto que he escrito: Robin, Johnny y Tomate].

Me hubiera gustado poder compartir con ustedes la reseña completa, pero MoonMagazine no da opción a compartir en WordPress. Así que les dejo con un par de frases de la misma y la posibilidad de que puedan acceder a ella clicando en el enlace que figura bajo estas:

Prudencio Calamidad es una novela por momentos, social; por momentos, filosófica; por momentos, negra; bastante cuántica, pero en todo momento, muy divertida. Una novela que alterna las reflexiones acerca de lo real y lo fantástico con las aventuras que corren nuestros amigos en su afán por dejar de ser pobres aprovechando los poderes de Prudencio Calamidad, pero sin dejar rastro de dichos poderes. (…) una mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora para mostrarnos, de manera divertida y desenfadada, la situación actual de los que tienen muy poco, pero mantienen intactos los deseos; de los que ya casi han perdido la esperanza, pero tan solo necesitan un genio que se la devuelva. Una novela sin pretensiones, divertida, sorprendente y muy fresca.

Rosa Berros Canuria: “Prudencio Calamidad, de Manuel Cerdá”, MoonMagazine, 12 de abril de 2018 [lo que está en negrita es porque así figura en la reseña]

Una cosa más quiero agradecer a Rosa. Este jueves, día 20, he de presentar Prudencio Calamidad en mi pueblo –imposible decir que no a algo así, es mi pueblo, es mi gente– y su reseña me va a venir como anillo al dedo. Siempre es engorroso hablar de uno mismo, mejor hablar sobre lo que dicen otros. Por supuesto, ella era ajena a tal circunstancia.

Dijous literaris

¿Casualidad? No creo en las casualidades. Debe haber sido cosa de Prudencio, Prude para los tres amigos, Argararemon en su mundo, el de los genios, que no son genios sino esentes.

Que disfruten de un excelente día. Muchas gracias por su visita.

Prudencio Calamidad (mi última novela)

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Prudencio Calamidad es mi cuarta novela desde que emprendí la aventura de dedicarme a escribir narrativa y dejar más o menos de lado –harto y cansado de moverme en un medio donde lo que prima es la meritocracia, el amiguismo y la corrupción intelectual de tanto mindundi servil del poder, por mucho que algunos se disfracen de progre– la historia social y la arqueología industrial, disciplinas que han centrado mi trayectoria profesional hasta hace unos años. Prudencio Calamidad se suma, así, a El viaje (2014), El corto tiempo de las cerezas (2105) y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Prudencio Calamidad quiere ser una sátira de ‘ciencia-ficción’, cuyo argumento transcurre en el presente, divertida, ácida y sumamente crítica con el sistema, o sistemas, de organización social en que se ha dotado la humanidad a lo largo de la historia. También políticamente inconveniente y que el lector se encuentre ante el dilema de corroborar o refutar estas palabras que Prudencio, Prude, o Argararemon, o quien finalmente sea el enigmático personaje que es, o se hace pasar, por genio, nos dijo (a los chicos y a mí): “Los humanos nunca estaréis preparados para entender comportamientos que no se adecuen a vuestro sentido de la normalidad, de lo que consideráis ‘normal’ y tratáis de justificar mediante la lógica o la ciencia”.

Prudencio Calamidad está disponible solo a través de Amazon.