Y Dios creó a la mujer… E hizo una chapuza.

Y Roger Vadim creó a Brigitte Bardot. Puestos a atribuir la creación de la mujer –y del hombre– a alguien, prefiero la Brigitte Bardot que creó, o recreó, Vadim en la película Et Dieu… créa la femme (1956) que la Eva que según los cristianos es obra de Dios, esa Eva veleidosa que por una puñetera manzana –tiene cojones la cosa– condenó a la humanidad, eternamente a una vida de aflicción y dolor, ni más ni menos. Menuda chapuza hizo. Aunque el resultado de su ‘experimento’ era de cajón que no podía salir bien. ¿A quién se le ocurre poblar el mundo a partir de únicamente dos personas? Desde luego que a nadie con dos dedos de frente. ¿No sabía que para que la especie continuase era preciso recurrir al incesto?, ¿que los descendientes debían necesariamente ser fruto de las relaciones sexuales entre hermanos? Y luego entre primos hermanos, y así hasta ahora. ¿Y que eso reduce la variabilidad genética y aumenta considerablemente el número de tarados? Vean, si no, los linajes de las familias reales.  Imposible que no lo supiera. Es omnisciente. ¡Ay!, las prisas por descansar…

Claro que, por otra parte, tal vez sea cierto el asunto este de Adán y Eva. Explica mejor de ninguna otra posibilidad el enorme número de tarados que rigen el destino de la humanidad (reyes, presidentes, ministros, consejeros, alcaldes, concejales y cargos varios) desde unas instituciones que conforman el Estado y están al servicio del que ha mostrado ser el único dios que veneran estos tarados, el mercado, y que regulan los mercaderes-financieros, sumos sacerdotes de todo este tinglado. Con el apoyo de más tarados, obviamente. Pues como decía Boris Vian (Traité de civisme, 1950), “¿Un general sin soldados es peligroso?, “¿un comisario o un prefecto de policía sin agentes?, “un papa sin cardenales, sin arzobispos y sin curas? Los ingleses lo saben: un rey sin poder es maravillosamente inofensivo”.

Estas pajas mentales me las hacía mientras subía a YouTube el vídeo que figura al principio, el cual recoge varias escenas de la película de Vadim –algunas de ellas consideradas sumamente escandalosas en su momento, y en posteriores (en España no se estrenó hasta 1971)– con una más que sensual Brigitte Bardot, sensualidad que acentúa la música de Paul Misraki, autor de la banda sonora. Mientras esperaba a que me indicase que ya estaba listo para ser publicado, pues tarda un montón. Y como aún me sobraba tiempo se me ha ocurrido buscar en internet información acerca de Adán y Eva y su descendencia. ¡La leche! ¡La de artículos, escritos de diversa índole, fórums, comentarios, etc., que hay! Me reconforta comprobar que hay quien práctica el onanismo mental mucho más asiduamente que yo. Buen fin de semana.

El arte de tirarse pedos

En plena Belle Époque, el marsellés Joseph Pujol mostró poseer un enorme talento en el arte de la flatulencia, tanto que sus pedos se cotizaban muchísimo más que la voz y las cualidades interpreta-tivas de la mismísima Sarah Bernardt. Era el artista mejor pagado del momento y la gente llenaba el Moulin Rouge para verlo actuar. En 1900 Sarah Bernardt ganaba tres mil francos diarios, Le Pétomane –nombre artístico de Pujol por razones obvias– veinte mil. No fue un artista cualquiera, pues. En absoluto.

Joseph Pujol consiguió algo que, desde luego, no está al alcance de todos: vivir de sus flatulencias. Por eso fue conocido con el nombre artístico de Le Pétomane (algo así como El Pedómano). Unas flatulencias que reunían los elementos fundamentales de la música: melodía, ritmo y armonía, y los combinaba. Aunque no sé si, por ello, calificarlas de música. Sonoridad, desde luego, no le falta. ¿Música de viento tal vez?

Joseph Pujol (Marsella, Francia, 1857-1945; su padre era catalán, de Mataró) descubrió su especial habilidad, la de controlar a voluntad sonoras ventosidades, siendo adolescente, un día mientras nadaba en el mar. Al parecer, se sumergió en el agua y contuvo la respiración. Sintió entonces un frío helado que penetraba por su “retaguardia”. Salió asustado y se sorprendió al ver que brotaba agua de su ano.

Debutó en el Moulin Rouge el 11 de febrero de 1890, apenas cuatro meses después de su inauguración. Un buen día fue a ver a su director, Charles Zidler, explicándole que su número consistía en beber y cantar por el culo. “Soy pedómano, señor Zidler, y quiero convertirme en El Pedómano del Moulin Rouge”, se presentó. “¿Puede usted tocar la Marsellesa?, preguntó Zidler. Dicho y hecho. Zidler, que estaba acostumbrado a presenciar números de lo más insólitos, le contrató. Su repertorio incluía imitaciones y melodías populares con su ano como instrumento. Con el mismo tocaba otros instrumentos más convencionales, apagaba velas, fumaba cigarrillos, etc. Causó sensación, contándose entre sus admiradores Eduardo, príncipe de Gales, el rey Leopoldo II de Bélgica, el príncipe de Orleans y Sigmund Freud.

Pujol preparaba a conciencia su espectáculo y era sumamente meticuloso en todos los detalles del mismo. En pocos días, se convirtió en la gran estrella de las variedades parisienses. Al estallar la Primera Guerra Mundial se retiró a Marsella, se hizo panadero y nunca más volvió a subir a un escenario. Supongo que sí seguiría tirándose pedos.

Llegó a grabar discos, pero no se han conservado. Ya en su tiempo proliferaron los imitadores, que han continuado hasta hoy. Pero ninguno logró lo que él. A su muerte, la Facultad de Medicina de París ofreció una buena cantidad de dinero para hacerse con su cuerpo y poder estudiarlo, pero sus hijos se negaron. ¿Cuál era el origen de las extraordinarias virtudes de su ano? Nunca lo sabremos.

En 1983 Pasquale Festa Campanile estrenó una película basada en su vida, Il Pétomane, en la que Ugo Tognazzi hacía de Pujol. Vamos, pues, con Tognazzi y un momento del singular show de Le Pétomane en el Jardin d’hiver del Moulin Rouge.

Que pasen un buen domingo. Y coman lo que les apetezca, no les preocupe si les provoca flato. ¿Quién sabe si sus vidas pueden cambiar para siempre gracias a un pedo?

Una versión de esta entrada fue publicada anteriormente en Música de Comedia y Cabaret el 26 de mayo de 2014.

Laura

Otro tema de otra película de Otto Preminger, como ayer. Casualidad. Me he dado cuenta cuando estaba subiendo el vídeo a YouTube. Aunque no tanta, pues Preminger, como todos los grandes directores de cine, cuidaba al máximo todos los elementos, y la música es clave.

El tema de hoy, cuya melodía compuso David Raskin, es Laura   y da título a la película de Preminger, la cual se estrenó en 1994, con Dana Andrews y Gene Tierney en los papeles protagonistas. Lo interpreta el gran Clifford Brown (1930-1956). La grabación corresponde al álbum de 1955 Clifford Brown with Strings.