Embraceable you

Embraceable You es una bellísima canción que compusieron en 1928 George Gershwin (música) y su hermano Ira (letra). Dos años después fue incorporada a su musical de Broadway Girl Crazy (1930). La interpretaba Ginger Rogers. Era su debut y fue también su lanzamiento a la fama. Pronto se convirtió en un estándar que ha conocido innumerables versiones, estupendas la mayoría, de músicos como Chet Baker, Nat King Cole, Bill Evans, Billie Holiday, Charlie Parker, Sarah Vaughan, Ben Webster o Dianne Reeves.

La versión de Embraceable You que he elegido para este vídeo es la que grabaron en 1984 Frank Sinatra y Lena Horne y que se incluye en el magnífico álbum Frank Sinatra and Lena Horne. No solo porque es una de las mejores versiones, sino también porque creo que se adapta perfectamente a las imágenes del par de secuencias de las que me servido para elaborar el vídeo, pertenecientes a la película Don’t Look Now.

Acerca de esta, cuentan las crónicas rosa de Hollywood que alguien le preguntó a Warren Beatty, entonces pareja de Julie Christie, qué le parecía la alta carga erótica de la escena que su mujer estaba rodando en Londres con Donald Sutherland. Era en 1972. Betty sabía, obviamente, que Julie estaba en Londres rodando la película Don’t Look Now, dirigida por Nicolas Roeg. Quiso entonces averiguar más detalles acerca de la escena en cuestión y, cuando se enteró de que tórrida era poco para describirla, cogió tal cabreo que voló enseguida a Londres y exigió que fuera eliminada del montaje final de la película. No lo consiguió y Don’t Look Now se estrenó al año siguiente, 1973, con la famosa escena. Era un coito simulado, no una escena de sexo real, aunque lo parecía, y de lo más explícita. Tanto que la British Board of Film calificó el filme con la X reservada al cine pornográfico.

Igual yo hubiese reaccionado del mismo modo que Betty, pues en aquellos momentos tenía 17 años y estaba prendado de Julie Christie tras haberla visto en Doctor Zhivago. Pero no me enteré. En España la película no se estrenó hasta febrero de 1975, con el título Amenaza en la sombra, y sin la escena (eliminada por la censura), escena que nunca había visto hasta que la descubrí cuando se me ocurrió confeccionar este vídeo.

I Can’t Give You Anything but Love, Baby

I Can’t Give You Anything but Love, Baby es una canción que compusieron en 1928 Jimmy McHugh (música) y Dorothy Fields (letra). Se estrenó en el espectáculo de Broadway Blackbirds of 1928. Fue un éxito, se convirtió en un estándar de jazz y se sucedieron las grabaciones.

La versión del vídeo es la que grabó Billie Holiday en 1936. A principios de la década de 1930, Billie cantaba regularmente en algunos clubes de Nueva York. El conocido productor John H. Hammond se interesó por ella, le presentó a Benny Goodman y este, entusiasmado con su voz, la invitó a grabar algunos discos con él en 1933. Luego, grabó también con Teddy Wilson y fueron estas grabaciones las que le proporcionaron fama y le consiguieron contratos para las famosas orquestas de Count Basie (1937) y de Artie Shaw (1938), en la que por primera vez una cantante negra formó parte de una orquesta de blancos.

Entre los temas que grabó con la Orquesta de Teddy Wilson figura I Can’t Give You Anything but Love, Baby, una grabación histórica, pues, con una joven Billie Holiday.

Dos años después, en 1938, se estrenaba la magnífica película de Howard Hawks Bringing Up Baby (1938, La fiera de mi niña), con Katharine Hepburn and Cary Grant. I Can’t Give You Anything but Love, Baby es una de las canciones de su banda sonora. La cantan a capela Hepburn y Grant cuando intentan encontrar al leopardo, que se llama Baby (por eso no he traducido la palabra en los subtítulos del video), y también suena en otros momentos del filme (no la versión de Billie Holiday). Yo he mezclado la versión de Holiday con fragmentos de la película y, bueno, espero que les guste.

Sophisticated Lady: Grace Kelly

Fantástico tema de Duke Ellington que, a juicio de un servidor, le va como anillo al dedo a Grace Kelly, mujer considerada símbolo de la elegancia –o de lo que se entiende por esta–, cuya imagen sofisticada y llena de glamour es difícil comparar con la de ninguna otra estrella del momento. En este sentido, estoy completamente de acuerdo con el crítico cinematográfico James Spada:

“¿Qué fue lo que hizo de ella una super estrella en tan poco tiempo? Su belleza habría garantizado una carrera cinematográfica de éxito, pero su meteórico ascenso pudo estar basado, principalmente, en el hecho de que Grace Kelly fuese la persona adecuada en el momento oportuno. La irresistible combinación de refinamiento y atractivo sexual resultaba perfecta en los años cincuenta; cuando en Estados Unidos las actitudes más conservadoras se dejaban de lado, cada vez con mayor audacia, a favor de la apertura sexual, y sobre todo en los medios cinematográficos. Los norteamericanos estaban fascinados por la sexualidad, pero algunas veces consideraban ofensiva la descarada exhibición de Marilyn Monroe. En cierta manera, Grace Kelly era: la Marilyn del beato.” (Cineforever.com).

Sophisticated Lady fue compuesta Ellington en 1932 y grabada en 1933 como tema instrumental (más tarde se le añadiría letra). Pronto se convirtió en uno de los grandes estándares del jazz y fue versionado por, entre otros, Harry James, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Julie London o Tony Bennett. Sin embargo, para mí, ninguna versión es comparable a la primera grabación. Si antes me mostraba de acuerdo con Spada, más aún lo estoy con las siguientes palabras del historiador Eric Hobsbawm:

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” [“Duke Ellington”, New York Review of Books, 19 de noviembre de 1987; reproducido en el libro Gente poco corriente. Resistencia, rebelión y jazz, 1999).