La niña

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En eso ve el rostro de una niña que le mira desde arriba. Asoma la cabeza y le mira, tal vez preguntándose qué hace él allí, o simplemente contemplando, como habría hecho otras veces con otros en su misma situación, con la natural curiosidad que se tiene de pequeño, expectante por el desenlace, piensa nuestro hombre. Sonríe, estática, como un cuadro, parece un cuadro. Nena, por favor, ¿puedes pedir ayuda?, le dice. Pero la niña continúa observándolo fijamente, de forma totalmente inexpresiva. Necesito salir de aquí, Llama a alguien, por favor, vuelve a decir. La niña sigue mirándole, sin hacer nada, con la misma inexpresividad. Por un momento mueve el labio inferior y nuestro hombre confía en una respuesta, algo que acompañe ese signo de la niña, que debe tener unos diez años, supone, o nueve, no sé, se dice, tal vez ocho, u once. Solo le ve el rostro, ninguna parte de su cuerpo, con lo que resulta difícil adivinar su edad. Tal vez si la hubiese visto de cuerpo entero, si hubiese podido percatarme de si tenía tetas, tetitas, o no, por ejemplo, hubiera tenido alguna pista más para adivinar su edad, aunque fuera aproximada. Pero solo asomaba el rostro, y si antes había movido el labio inferior ahora estaba otra vez impávida, sin gesto alguno, siquiera parpadeaba. Quiero salir de aquí, dice ahora con tono imperativo, Llama a alguien, Por favor, te lo ruego, no puedo seguir aquí, Ayúdame, nena, Te lo suplico. La niña sigue impasible. ¿Y si hago como que me está dando un ataque al corazón? Así lo hizo, con el mismo resultado, es decir, ninguno. ¿Y si le tiro una piedra y de ese modo irá corriendo a explicar que un tipo que hay dentro de un hoyo le ha arrojado una piedra, y vendrán a ver qué ocurre, y me sacarán de aquí? O ¿Y si le enseño la polla, y así se irá corriendo a decir que un tipo que ha caído dentro de un hoyo, en la pinada, se ha sacado la polla y se la ha mostrado, y vendrán a ver qué ocurre, y me sacarán? Descarta la idea inmediatamente. Podría haber ocurrido que entonces sí tapasen el hoyo con él dentro, teme. Nena, bonita, ¿con quién has venido hasta aquí?, ¿con tus papás?, Ve adonde están y diles que estoy aquí, dentro de un hoyo, Me he caído, no quiero estar aquí, no puedo, ¿Me entiendes, criatura? La niña nada dice, nada hace. ¡Puñetera niña!, piensa, no dice, no dice en voz alta. De repente la niña, como si adivinase sus maquinaciones, desaparece, o al menos nuestro hombre deja de ver su rostro.

Manuel Cerdà: El hoyo (2020).

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