My Way (subtitulada). Frank Sinatra

Si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

Este blog se llama ‘A mi manera’ por la canción My Way, concretamente por la versión que de ella hizo Frank Sinatra. Me identifico mucho con la letra de la canción, y no creo que sea el único al que le ocurre esto. Lo explicaba en una entrada titulada precisamente así: ‘A mi manera’.

Por otra parte, he de decir que me encanta Frank Sinatra. Actor premiado con un Oscar, amigo de presidentes y socio de mafiosos, tierno y duro a la vez, Sinatra fue uno de los personajes más populares del siglo XX. Su inconfundible estilo, la sensualidad de su voz, la naturalidad con que cantaba –su obsesión era que al cantar no se notara que estaba respirando– le convirtieron en uno de los grandes iconos del siglo pasado. Y hasta ahora la verdad es que nadie le ha superado. Además, que alguien que se hace enterrar con una botella de whisky, un paquete de cigarrillos y un encendedor, solo por eso ya merece mi todo mi respeto.

Aunque ya hice un vídeo con My Way, me ha apetecido confeccionar otro (subtitulado en español). Esta vez con fotografías y fragmentos de documentales sobre su vida.

Espero que sea de su agrado. Que la vida les sea amable.

Indiferencia

Puedo entender, que no aceptar, todo menos la indiferencia.

Puedo entender, que no aceptar, a quien considere que en Europa no se debe dejar entrar a migrantes económicos ni a migrantes refugiados.

Puedo entender, que no aceptar, que piensen que es un beneficio para los demás. Somos demasiados y es cuestión de supervivencia.

Puedo entender, que no aceptar, que alguien piense así. Incluso a los que teniendo capacidad para decidir, dictaminar y resolver no hacen nada por evitarlo, más bien lo contrario.

Puedo entender, que no aceptar, los motivos de su actuación.

Pero nunca llegaré a entender a los indiferentes. Esos me producen verdadero asco. No hay actitud más abyecta, más repugnante. Ninguna compasión siento por sus desgracias. Tampoco sienten ellos conmiseración alguna por los infortunios de los otros. Es más: posiblemente ni siquiera les consideren unos desdichados, pues ni siquiera los consideran.

Publicado anteriormente el 1 de febrero de 2018.

Fragmentos de hombres, migajas de vida

El grito enorme que se eleva desde todas nuestras ciudades industriales, más ruidoso que el rugir de los hornos, nos dice en cada momento […] que allí producimos de todo, menos hombres. […]

Tenemos que darnos cuenta de que se nos presenta una difícil elección en esta materia. Debemos hacer de esta criatura o un instrumento o un ser humano. No podemos hacer amabas cosas. Los hombres no están hechos para trabajar con la precisión de los instrumentos, para ser exactos y perfectos en todas sus acciones. […]

En esta época hay un afán constante por separar ambas clases de trabajo; queremos que unos hombres estén siempre pensando y otros siempre trabajando, y a los primeros les llamamos caballeros y a los segundos operarios. En realidad, empero, el trabajador debería pensar con frecuencia y el pensador también tendría que trabajar a menudo. Tal como están las cosas convertimos a ambos en ungentle [sin gentileza, sin caballerosidad], el uno envidiando y el otro despreciando a su hermano. Al final, el grueso de la sociedad está compuesto por pensadores mórbidos y por obreros miserables. […]

Hemos estudiado mucho y perfeccionado sobremanera, últimamente, ese gran invento de la civilización que es la división del trabajo; empero, le damos un nombre falso. Hablando en propiedad, no es el trabajo lo dividido, sino los hombres. Divididos en meros segmentos de hombres, rotos en fragmentos diminutos y migajas de vida; de modo que toda la inteligencia que le queda a un hombre no basta para fabricar un alfiler o un clavo, sino que se agota a sí misma en hacer la punta o la cabeza de un clavo.

John Ruskin: Las piedras de Venecia (1851-1853).