¿ESCUELA O LUGAR DE ADOCTRINAMIENTO?

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La escuela es una institución construida sobre el axioma de que el aprendizaje es el resultado de la enseñanza. Mas todos hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos fuera de la escuela.

Hasta el siglo pasado [el XIX], los niños de padres de clase media se ‘fabricaban’ en casa con la ayuda de preceptores y escuelas privadas. Solo con el advenimiento de la sociedad industrial la producción en masa de la ‘niñez’ comenzó a ser factible y a ponerse al alcance de la multitud. […]

Crecer pasando por la niñez significa estar condenado a un proceso de conflicto humano entre la conciencia de sí y el papel que impone una sociedad que está pasando por su propia edad escolar. […]

La disyunción actual entre una sociedad adulta que pretende ser humanitaria y un ambiente escolar que remeda la realidad no puede seguir imponiéndose.

[…] La escuela es una institución construida sobre el axioma de que el aprendizaje es el resultado de la enseñanza. […] Todos hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos fuera de la escuela. […]

Toda persona aprende a vivir fuera de la escuela. Aprendemos a hablar, pensar, amar, sentir, jugar, blasfemar, politiquear y trabajar sin la interferencia de un profesor. […] A los padres pobres que quieren que sus hijos vayan a la escuela no les preocupa tanto lo que aprendan como el certificado y el dinero que obtendrán. Y los padres de clase media confían sus hijos a un profesor que evita que aprendan aquello que los pobres aprenden en la calle. […] Los niños aprenden aquello que sus maestros quieren enseñarles no de estos, sino de sus iguales, de las tiras de cómic [y tablets ahora], de la simple observación al pasar y, sobre todo, del solo hecho de participar en el ritual de la escuela. […]

[…] La escuela los instruye acerca de su propia inferioridad mediante el cobrador de impuestos que les hace pagar por ella, mediante el demagogo que les suscita las esperanzas de tenerla, o bien mediante sus niños cuando estos se ven luego enviciados por ella. De modo que a los pobres se les quita su respeto a sí mismos al suscribirse a un credo que concede la salvación solo a través de la escuela. La Iglesia les da al menos la posibilidad de arrepentirse en la hora de su muerte. La escuela les deja con la esperanza (una esperanza falsificada) de que sus nietos la conseguirán. Esta esperanza es, por cierto, otro aprendizaje más que proviene de la escuela; pero no de los profesores.

Los alumnos jamás han atribuido a sus maestros lo que han aprendido. Tanto los brillantes como los lerdos han confiado siempre en la memorización, la lectura y el ingenio para pasar sus exámenes, movidos por el garrote o por la obtención de una carrera ambicionada. Los adultos tienden a crear fantasías románticas sobre su periodo de escuela. Atribuyen retrospectivamente su aprendizaje al maestro cuya paciencia aprendieron a admirar. […]

La escuela, por su naturaleza, tiende a reclamar la totalidad del tiempo y las energías de sus participantes. Esto a su vez hace del profesor un custodio, un predicador y un terapeuta. El maestro funda su autoridad sobre una pretensión diferente en cada uno de estos tres papeles. El profesor-como-custodio actúa como maestro de ceremonias que guía a sus alumnos a lo largo de un ritual dilatado y laberíntico. Es árbitro del cumplimiento de las normas y administra las intrincadas rúbricas de iniciación a la vida. […] Sin hacerse ilusiones acerca de producir ningún saber profundo, somete a sus alumnos a ciertas rutinas básicas. El profesor-como-moralista reemplaza a los padres, a Dios, al Estado. Adoctrina al alumno acerca de lo bueno y lo malo, no solo en la escuela, sino en la sociedad en general. […] El profesor-como-terapeuta se siente autorizado a inmiscuirse en la vida privada de su alumno a fin de ayudarlo a desarrollarse como persona. Cuando esta función la desempeña un custodio y predicador, significa por lo común que persuade al alumno a someterse a una visión de la verdad y de su sentido de lo justo.

[…] Todas las defensas de la libertad individual quedan anuladas en los tratos de un maestro de escuela con su alumno. Cuando el maestro funde en su persona las funciones de juez, ideólogo y médico, el estilo fundamental de la sociedad es pervertido por el proceso mismo que debería preparar para la vida. Un maestro que combine estos tres poderes contribuye mucho más a la deformación del niño que las leyes que dictan su menor edad legal o económica, o que restringen su libertad de reunión o de vivienda.

Los maestros no son en absoluto los únicos en ofrecer servicios terapéuticos. Los psiquiatras, los consejeros vocacionales y laborales, y hasta los abogados, ayudan a sus clientes a decidir, a desarrollar sus personalidades y a aprender. Pero el sentido común le dice al cliente que dichos profesionales deben abstenerse de imponer sus opiniones […]. Los maestros de escuela y los curas son los únicos profesionales que se sienten con derecho para inmiscuirse en los asuntos privados de sus clientes al mismo tiempo que predican a un público obligado. […] Para el niño, el maestro pontifica como pastor, profeta y sacerdote: es al mismo tiempo guía, maestro y administrador de un ritual sagrado. […] Bajo la mirada autoritaria del maestro, varios órdenes de valor se derrumban en uno solo. Las distinciones entre moralidad, legalidad y valor personal se difuminan y eventualmente quedan eliminadas. Se hace sentir cada transgresión como un delito múltiple. […]

La asistencia a clases saca a los niños del mundo cotidiano de la cultura occidental y los sumerge en un ambiente mucho más primitivo, mágico y mortalmente serio. […] Se suspende físicamente a los menores durante muchos años sucesivos en las normas de la realidad ordinaria […]. La norma de la asistencia posibilita que el aula sirva de útero mágico, del cual el niño es dado periódicamente a luz al terminar el día escolar y el año escolar, hasta que es lanzado finalmente a la vida adulta. […].

Ivan Illich: “Fenomenología de la escuela”, La sociedad desescolarizada (1971)

Entrada publicada anteriormente el 17 de mayo de 2019.

8 comentarios en “¿ESCUELA O LUGAR DE ADOCTRINAMIENTO?

  1. La escuela la veo como un intento de formación de ciudadanos con iguales oportunidades, que imparte unas disciplinas con aspectos siempre cambiantes porque la sociedad cambia también. Debe haber un programa de formación, siempre existe una ideología tras él y en consecuencia un adoctrinamiento ya sea cristiano, comunista o anarquista. Entiendo que el estado debería garantizar un equilibrio entre los diferentes adoctrinamientos que se imparten a los alumnos. Y el aprendizaje externo es parte esencial que completa la educación básica que proporciona la escuela. Es una suma que siempre nos deja insatisfechos 🙂

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    • Todo Estado sirve a una clase, no existe Estado que sirva tanto a los explotadores como a los explotados; ni tampoco existe la democracia “para todos”. No puede, por tanto, el Estado formar ciudadanos, a no ser que sean “sus ciudadanos”. Y lo que nunca se puede hacer es adoctrinar, o formar si prefieres, desde los principios de una ideología. Me da igual la que sea. Todas son perniciosas. Las personas han de obrar y actuar por ellas mismas. Las sociedades deben organizarse de abajo a arriba, no al revés.

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    • Mas ¿por qué razón ha de ser el Estado quien se encargue de ello? El Estado-nación es una organización político-administrativa relativamente reciente (desde mediados del siglo XIX). Hasta entonces, los seres humanos habían vivido sin él y no han fan faltado filósofos, pensadores, inventores, escritores…
      Por otra parte lo de organizar la sociedad (no solo la enseñanza) “de abajo a arriba” no es nada nueva. Es una vieja aspiración anarquista (el anarquismo, por cierto, no es una ideología) y puede encontrar muchas referencias en las obras de Bakunin, Proudhom, Kropotkin, Reclus… e incluso en Pi y Margall.
      “Cuando la actitud de la moralidad pasa de ser norma subjetiva a norma objetiva, cuando un hombre impone su moralidad a los demás individuos, a los demás sujetos exteriores a él, y llega a hacer de ello una norma general para la sociedad, es el suyo un intento absurdo que contradice la naturaleza real del hombre social. […] Ahora bien, ¿no es el Estado por excelencia la instancia llamada a sofocar las aspiraciones individuales, a reducir el campo de la acción moral? Es el Estado el que debe cuidar que la moral absoluta imaginada y profesada por el filósofo o el político pueda convertirse en moralidad universal. Y desde el momento en que la moralidad se traduce en realidad objetiva, desde el momento en que se la aplican no solo a ellos mismos, sino también a los demás, se convierte indefectiblemente en filosofía estatal de la intolerancia”. (Agnes Heller, “Aristóteles y el mundo antiguo”, Barcelona, 1983.

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      • Creo que el estado, en sus múltiples formas, es la única estructura que en muchos aspectos ha demostrado que puede defiender a los más débiles aunque a veces falle. Creo también que el anarquismo es un modelo que nunca ha funcionado en sociedades medias y grandes. No digo que no pueda funcionar bien en pequeñas comunidades pero tiene , como el asamblearismo, el problema de que surgen líderes interesados que manipulan la voluntad de los tímidos o inseguros. Estos finalmente no se sienten representados aunque sean mayoría. Si se puede extrapolar a una sociedad grande y compleja la educación de abajo a arriba es algo que está por demostrar y pocos se atreven con experimentos de ese tipo a gran escala. Y finalmente el ‘adoctrinamiento’ y la ‘enseñanza’ se parecen mucho y a veces resultan ser lo mismo.

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    • Completamente de acuerdo en que adoctrinamiento y enseñanza no solo se parecen, sino que son lo mismo. En cuanto al resto discrepo, pero cada uno tiene sus opiniones, y yo respeto la tuya. La historia de la humanidad siempre ha sido la lucha de unos contra otros, y si no hubiera sido por esos que creyeron en que un mundo mejor, más justo y solidario, igualitario y, ¿por qué no?, utópico, el poco bienestar que tenemos ni existiría. Tú crees que el Estado cumple esa función. Yo pienso todo lo contrario. No existe una verdad absoluta y cada uno tiene derecho a posicionarse del lado que crea que es el correcto.

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