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Al final llegarás 3

No te preocupes. Al final llegarás a donde tenías que llegar. Sin sobresaltos ni grandes peligros. Puede que también sin regocijos. Pero no se puede tener todo.

Sé lógico y firma el contrato que tenías preparado desde nada más nacer. Te evitará la turbación en que, de lo contrario, se mueven las conciencias y sensaciones de los pocos insensatos que no lo hacen.

No te preocupes por averiguar el instante de tener que decidir por ti mismo. No es necesario. Sigue el camino. Es único. Ya llegarás a la meta, aunque atravesada la pancarta que así lo indica adviertas un paisaje del todo distinto al que creías que ibas a encontrar.

¿Hacerlo por tu cuenta? Ni se te ocurra. Eso está reservado para quienes pueden costear elevados peajes. Ellos poseen la inmunidad absoluta (que, todo sea dicho, no está reñida con la necedad). ¿Tú puedes? ¿No? ¿Sí? Marcho campo a través. Puedes, claro que puedes, pero tendrás que pagar un precio aún mayor.

Otra opción es dormir hasta que te encuentren en avanzado estado de descomposición, o descompuesto del todo. Igual plantan sobre tus despojos un árbol, de algo habrás servido. Aunque lo más probable es que pases inadvertido, como todos, y unas máquinas allanen el terreno preparándolo para edificar zonas residenciales en donde otros puedan esperar más confortablemente el mismo desenlace, transformado el paisaje en un erial de cemento, gris como sus moradores, del que árboles y plantas ornamentales abominan (por eso siempre están marchitas).