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Fórmula

Ese físico se llama Peter Naive. Sus colegas lo consideran un chiflado, un excéntrico incapaz deslindar con claridad los límites que separan la ciencia de la filosofía. Cuando llegó a hacer público su convencimiento de que es la conciencia la que puede viajar a la velocidad de la luz y no la materia, le ignoraron. Su teoría apenas tuvo eco más allá de la parapsicología. También algunos defensores del creacionismo trataron de manipular sus tesis para defender la existencia de una inteligencia superior, la divina. Fue un duro golpe para Naive, pero él siguió trabajando en sus ideas y a punto estuvo de descubrir la fórmula que demostraría que la inteligencia no es exclusiva de ser humano y que existe vida inteligente fuera de nuestro plante, la cual, además, es superior a la nuestra.

Naive –que en castellano se puede traducir por cándido, o ingenuo– es, en verdad, un personaje de mi novela Prudencio Calamidad y a punto está de averiguar con su fórmula el modo en que una y otra podrían encontrarse. A ello ha contribuido la particular manera de actuar de Prudencio, ahora ya Argararemon, no un genio, sino un esente. Para el mundo de los esentes sería fatídico que tal cosa llegara a suceder. Por eso, el Esente Mayor llama al orden a Argararemon y mantienen una larga discusión de la que reproduzco parte acto seguido.

─ Los humanos, como bien sabes, siempre se han preguntado por el origen de la vida y del universo. De una intervención divina, un poder sobrenatural que crea y rige lo creado, poco a poco pasaron a buscar otras explicaciones más acordes con la ordenación universal. Algunas son ciertamente inverosímiles, pero otras se acercan bastante, mucho incluso, a la realidad que nosotros conocemos. Es el caso de Naive.  Siempre se ha interesado por el origen de la vida, de la vida consciente, ¿cómo apareció?, y sobre todo ¿qué la hizo posible?

─ Bueno, esa es la eterna pregunta entre ellos.

─ Sí, pero Naive, aunque afortunadamente no tiene la respuesta, la intuye. Las dudas le pueden. A medida que avanza en sus hipótesis, estas se van volviendo más intrincadas. De todos modos, defiende una teoría que, como verás, no puede dejarnos indiferentes. Cree, como otros científicos, en la existencia de último antepasado común universal, lo que ellos denominan Luca, Last Universal Common Ancestor. Luca habría surgido hace más de tres mil millones de años, probablemente con la aparición del oxígeno en la atmósfera. Hasta aquí nada diferencia el pensamiento de Naive de los demás expertos que aceptan la existencia de Luca. Con todos ellos está de acuerdo en que de Luca proceden todas las formas de vida que se conocen, pues las demás se extinguieron. Por supuesto que Luca no fue el primer organismo vivo con conciencia, no cuestiona eso, pero Naive va más allá: de este organismo surgió, dice, la vida inteligente. ¿Qué novedades introduce Naive? Bien. Sostiene que de Luca viene todo organismo viviente, pero también lo que él denomina First Universal Common Conscious Ancestor: Fucca. ¿Qué es Fucca? Pues, a juicio de Naive, ni más ni menos que un organismo unicelular del que vienen los esentes y los humanos. Por supuesto, él no habla de esentes. ¡Eso faltaba! Pero sí de que antes que la materia fue la conciencia. ¿Qué te parece? No, no digas nada, aún no he terminado. Para Naive, Fucca tenía conciencia propia, rudimentaria pero conciencia, que evolucionó en dos direcciones: una se mantuvo tal cual, es decir, unicelular ─lo que no significa que no evolucionara; son palabras suyas─ mientras que otra se mezcló con más células y de ahí vienen los primates. Ahora bien, la conciencia ya existía, al nivel que sea, pero ya existía. Naive denomina a los organismos que evolucionaron sin materia resistentes, mientras que a los que darían origen al ser humano y pasarían a convertirse en organismos pluricelulares, débiles. Entre estos organismos se produjo una selección natural, como después ocurriría también entre los primates, entre quienes Fucca pasó a ser una de tantas partes individuales diferenciadas de un único organismo que se necesitan mutuamente. ¿Te suena todo esto? Supongo que no es necesario que te explique lo que significa.

─ No, no es necesario.

─ Fue una partícula de Fucca, que él ha bautizado como mcd, siglas de lo que vendría a significar molécula capaz de distinguir, de discernir, la que hizo posible que esa conciencia desarrollara el intelecto, que los primates evolucionaran hasta el homo sapiens y se iniciase el proceso de adaptación cultural al orden natural. Esa “partícula inteligente” no es exclusiva del ser humano, sigue Naive. Esta, por fortuna, es la parte más débil de su teoría, la más difícil de demostrar y lo que hizo que sus colegas tacharan sus teorías de seudociencia. Ahora bien, como te habrás dado cuenta, apunta en la dirección correcta. Primero la conciencia. ¿Te suena esto también?

─ Por supuesto.

─ Hay muchas cosas que desconoce. Ignora qué nivel de conciencia, qué tipo de inteligencia desarrollaron esas células resistentes. De hecho, desconoce que existimos, de qué forma procedemos ni cuántos somos, por supuesto, ni de qué somos capaces ni hasta donde podemos llegar en conocimiento.

─ Habrá que actuar, pues, para que no siga investigando en esa línea, ¿verdad?

─ ¿A ti qué te parece? Hasta ahora la mayoría de los físicos, por no decir la totalidad, no dejan de pensar que es un chiflado, un excéntrico que no sabe deslindar con claridad los límites que separan la ciencia de la filosofía. Cuando llegó a hacer público su convencimiento de que es la conciencia la que puede viajar a la velocidad de la luz y no la materia, le ignoraron, su teoría apenas tuvo eco más allá de lo que los humanos llaman parapsicología. También algunos defensores del creacionismo trataron de manipular sus tesis para defender la existencia de una inteligencia superior. Fue un duro golpe para Naive, nunca más volvió sobre el tema y todo se olvidó, pero él siguió trabajando en sus ideas, y ha llegado a conclusiones que no dejan de ser preocupantes.

─ Ciertamente lo que dices, esente Mayor, es para alarmarse.

─ Para Naive las propiedades de Fucca resistente, por la presencia de la mcd, son semejantes a las del fotón. Naturalmente, solo en el sentido que su masa es cero y viaja a la velocidad de la luz. ¡Qué casualidad!, como nosotros. Mas, por si faltara poco, Fucca resistente dejaría rastro lumínico al viajar a esa velocidad. De nuevo como nosotros. Esa velocidad es, por supuesto, imperceptible a simple vista por los humanos, incluso con los aparatos más sofisticados del mercado, pero no con la tecnología del Instituto Internacional de Física de Partículas. Sin decir nada a nadie, cuando ya todo el mundo se había marchado, alegando que le quedaban cosas por resolver, lo que a nadie extrañaba dado el temperamento obsesivo de Naive, siguió trabajando. Su interés aumentó cuando, con su participación, un grupo de científicos del Instituto consiguió hace unos años medir el estado de un fotón sin destruirlo. Calló de nuevo, pero su conclusión fue: si es posible hacer esto con un fotón, ¿por qué no con Fucca? Al fin y al cabo, reflexionaba, su comportamiento es similar. No se atrevió a plantearlo, ya estaba harto de que le tomaran por un chalado, y del mismo modo y con la misma constancia prosiguió sus investigaciones en la más absoluta reserva hasta llegar a desarrollar la teoría que te explicaba acerca de la conciencia y la materia. Fucca para él viene a ser algo así ─olvidemos ahora los matices─ un fotón con conciencia. ¿Qué opinas?

─ No sabía nada de eso, pero de todos modos ¿no crees, esente Mayor, que le va ser difícil demostrar sus hipótesis? No le van tomar en serio.

─ Eso cree, por eso calla. Claro que no puede probar todo esto, tampoco lo pretende. Ya está escarmentado y actúa de manera ciertamente cautelosa. Se centra exclusivamente en poder demostrar la existencia de la mcd, y ha conseguido desarrollar una fórmula que está a punto de concluir gracias a tu intervención.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017). A la venta a través de Amazon y librerías que distribuyen libros editados en su plataforma CreateSpace.