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La decadencia del zarismo y la penetración del marxismo 

Tres grandes rasgos caracterizan la Rusia zarista desde el último tercio del siglo XIX hasta el estallido de la Revolución de 1917:

  1. Era una sociedad eminentemente agrícola en la que la servidumbre había sido abolida en 1861. Los siervos pasaron a ser “aldeanos libres”, pero en la práctica no eran otra cosa que “campesinos sin tierras” que dependían del mir (comunidad campesina cuyas tierras se poseían y labraban en común). Los mir se mantuvieron hasta las reformas agrarias de 1906-1911 y fueron determinantes en el fracaso de crear una ‘clase media’ rural.
  2. Entre 1870 y 1914, no obstante, se produjo un espectacular crecimiento del sector industrial con la creación de grandes factorías de avanzada tecnología que empleaban entre 2,5 y 3 millones de trabajadores, lo que evidentemente representaba una muy pequeña parte de la población (111 millones de habitantes hacia 1910). Este crecimiento industrial –hay que aclarar– fue consecuencia de la presión que los estados europeos ejercieron sobre la nobleza dominante, no de una política económica auspiciada por las élites rusas, aunque se beneficiaran de ella. Para las economías occidentales Rusia era un filón a explotar y el zar no tuvo más remedio que impulsar el desarrollo capitalista, lo que comportó un endeudamiento del Estado, que se vio obligado a destinar enormes recursos para asegurar su supervivencia, no perder la influencia que tenía en un contexto de crecientes rivalidades interestatales y sociales, como le sucedió con la derrota en Crimea o con la guerra franco-prusiana.
  3. Rusia seguía manteniendo una estructura autocrática que fundía la clase terrateniente con el Estado, un Estado Absoluto que se extendía al sistema educativo, la religión, el ejército, la manera de gobernar y, por supuesto, al poder económico, pues el Estado era el principal propietario feudal del país, poseía tierras en las que trabajaban 21 millones de siervos. El nacionalismo, la Iglesia ortodoxa y la autocracia eran los pilares del Estado, que demostró su poder político y militar en el intervencionismo y la expansión exterior.

Hasta la Revolución de 1905 no se estableció un sistema semiconstitucional y el socialismo ruso tuvo que manifestarse en la clandestinidad y el exilio. Un primer populismo ruso (1860-1890), que consideraba al campesinado la clase revolucionaria por excelencia, comenzó a declinar en paralelo a la introducción de ese primer capitalismo y el desarrollo del pensamiento marxista, si bien su herencia fue recogida por los socialistas revolucionarios. Su programa tenía como puntos básicos la lucha por la autonomía nacional y las libertades, el deseo de unir amplias masas de la población por muy heterogéneas que estas fueran y una socialización de la tierra que simultaneara la existencia de una propiedad igualitaria con las explotaciones colectivas. Este programa, aun teniendo en cuenta el desarrollo industrial, seguía yendo dirigido a la gran masa campesina y esto explicaría que en 1917 consiguieran, junto a los mencheviques, la mayoría de los soviets.

En 1898 se creó el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Este marxismo revolucionario se consolidó frente al marxismo legal que, esperando que el capitalismo se asentase y la burguesía tomara el poder, emplazaban para un futuro la acción socialista. Lenin, en ¿Qué hacer? (1901-1902), expresa por primera vez su idea del partido-vanguardia del proletariado. Durante el Congreso de Londres de 1903 los mencheviques (Axelrod, Mártov, Plejánov) proponían una estructura similar a la socialdemocracia alemana, mientras que los bolcheviques, siguiendo a Lenin, defendían un partido centralizado y disciplinado de revolucionarios profesionales, que eran la vanguardia del proletariado. Las dos tendencias se aproximaron momentáneamente tras la Revolución de 1905, pero se separaron definitivamente, como veremos, en 1912.

La Revolución de 1905 y la ruptura definitiva entre mencheviques y bolcheviques

La Revolución de 1905 sorprendió a todo el mundo. La chispa fue el descontento popular ante las graves derrotas que el ejército ruso sufría en la guerra ruso-japonesa (1904-1905). Su estallido se desencadenó a partir de la dura represión del ejército, el 9 de enero de 1905, sobre los huelguistas de San Petersburgo, hecho conocido como Domingo Sangriento por la matanza que llevó a cabo la Guardia Imperial contra los manifestantes (200 muertos y 800 heridos).

Manifestación pacífica de trabajadores en Petrogrado que dio lugar al Domingo Sangriento

Manifestación pacífica de trabajadores en Petrogrado que dio lugar al ‘Domingo Sangriento’.

A raíz de este incidente, en las ciudades, las protestas de los intelectuales, estudiantes y ciertos elementos liberales, se unieron a la de los obreros industriales y de servicios, provocando su momento álgido en octubre de 1905. Es en este momento que aparecen por primera vez los soviets o Consejos de diputados obreros, órganos de democracia directa que se formaban en las distintas industrias para defender los intereses de los trabajadores en determinados momentos y luego desparecía.

La reacción del zar Nicolás II, ante esta situación de revuelta generalizada, fue proclamar el 17 de octubre un manifiesto que enunciaba una constitución y la creación de una representación del pueblo (Duma) sobre la base del sufragio universal. Pero estas promesas resultaron vanas por la división y desorganización de las fuerzas revolucionarias y las posibilidades del zar de reprimir la insurrección tras la firma de la paz con Japón el 5 de septiembre de 1905.

De la llamada revolución de 1905 quedó un sistema semiconstitucional de sufragio indirecto y una Duma con un papel muy limitado en la elaboración de la Constitución. Aun así, las fuerzas partidarias de conseguir un sistema constitucional europeo triunfaron en la elección de las dos primeras Dumas, que por este hecho fueron disueltas por el zar. Con la segunda Duma en julio de 1917 acabó de hecho el sistema semiconstitucional establecido tras la Revolución. Se modificó el sistema electoral a partir de un censo muy restringido, favorable a los terratenientes y la gran burguesía, lo que significaba de hecho el regreso a la orientación autocrática.

Los mencheviques no alteraron sus presupuestos revolucionarios, excluyendo cualquier política de preparación inmediata de la revolución socialista y relegando al proletariado a mero comparsa de la burguesía, al tiempo que seguía viendo al campesinado como una fuerza no revolucionaria. Lenin, por el contario, extrajo otras conclusiones: puesto que la burguesía rusa había demostrado que ni podía ni quería completar la revolución burguesa, debía ser el proletariado, en alianza con el campesinado el que la llevara a efecto. Una vez que la revolución burguesa llegara a su término el campesinado dejaría de ser revolucionario en conjunto y no secundaría al proletariado en su marcha a la revolución socialista. En este período el proletariado asumiría el nuevo papel dirigente, provocaría la adhesión del campesinado sin tierras, y extendiendo la llama de la revolución por Europa. El proletariado europeo, más poderoso que el ruso, ayudaría a hacer la revolución socialista. Muy cercana era la interpretación de Trotski de Revolución Interrumpida. En su obra Resultados y perspectivas (1907), en el capítulo V, “El proletariado en el poder y el campesinado”, formula la tesis de que una ‘dictadura obrera y campesina’ será el sustento de la revolución permanente. En su opinión, la peculiaridad de la estructura social rusa era que la industria capitalista se había desarrollado como resultado de la presión extranjera y bajo el patrocinio del Estado, por lo que había surgido un proletariado, pero no una clase burguesa independiente de empresarios. Esto suponía que el proletariado estaba mucho más preparado para tomar el poder que la burguesía –con la ayuda del campesinado–; que la revolución socialista fuera mucho más fácil en países atrasados, y que una vez en el poder, no se detendría en la revolución democrático-burguesa, con lo que la revolución democrática implicaría automáticamente la transición a la revolución socialista.

Tras el periodo constitucional y la reacción subsiguiente, los partidos socialistas vuelven a la clandestinidad, pero a partir de 1910, y sobre todo de 1912, hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial la agitación revolucionaria aumentó en los núcleos industriales. Mientras tanto, en 1912 se produce la ruptura definitiva entre mencheviques y bolcheviques. Los mencheviques, siguiendo las tesis de Marx, sostenían que la revolución burguesa debería producirse primero. Solo gracias a la revolución burguesa el capitalismo podría llegar a su pleno desarrollo en Rusia. Hasta que ese desarrollo se produjera, el proletariado ruso no podría ser suficientemente fuerte para iniciar y llevar a cabo la revolución socialista. La acción política a corto plazo era por tanto apoyar a la burguesía para que derrocara la autocracia y completara la revolución burguesa. Los bolcheviques, sin embargo, mantenían que si la democracia burguesa era una etapa intermedia para el socialismo solo podrían luchar por ella los que creyeran en el socialismo; por tanto, solo el proletariado podía ser la fuerza dirigente de la revolución burguesa.

Como señala Hobsbawm (Historia del siglo XX), “Parecían existir dos posibilidades: o se implantaba en Rusia un régimen burgués-liberal con el levantamiento de los obreros y campesinos (que desconocían en qué consistía ese tipo de régimen y a los que tampoco les importaba) bajo la dirección de unos partidos revolucionarios que aspiraban a conseguir algo más, o –y esta segunda hipótesis parecía más probable– las fuerzas revolucionarias iban más allá de la fase burguesa-liberal hacia una ‘revolución permanente’ más radical (según la fórmula enunciada por Marx que el joven Trotski había recuperado durante la revolución de 1905). En 1917, Lenin, que en 1905 solo pensaba en una Rusia democrática-burguesa, llegó desde el principio a una conclusión realista: no era el momento para una revolución liberal. Sin embargo, veía también, como todos los demás marxistas, rusos y no rusos, que en Rusia no se daban las condiciones para la revolución socialista. Los marxistas revolucionarios rusos consideraban que su revolución tenía que difundirse hacia otros lugares”.

Y llegó 1917 y se produjo “el mayor desafío abierto al sistema capitalista”, consecuencia y causa del declinar del mismo (Edward Hallet Carr: La Revolución rusa: De Lenin a Stalin, 1917-1929, 1979). Pero de 1917 nos ocuparemos mañana.

Que les vaya bien (o lo mejor posible).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2017/11/08/la-revolucion-rusa-la-decadencia-del-zarismo-y-la-revolucion-de-1905/