A vueltas con el 12 de octubre

desfile

Un momento del desfile militar celebrado ayer en Madrid con motivo de la Fiesta Nacional de España. / Europa Press.

Uno escribe para que le lean, lo que supongo les sucederá a la mayoría de quienes tienen y mantienen un blog. Para ello, promocionamos nuestras entradas o artículos en la medida de los medios a nuestro alcance. Uno de ellos es Facebook. Yo comparto en mi muro cuanto publico en el blog y algunas entradas también en una página que gestiono junto con otras personas y que cuenta con casi 72.000 “Me gusta”.

Viene esto a cuento en relación al artículo que publiqué ayer sobre el 12 de octubre. Ha tenido una buena acogida, mayor de la que esperaba. Ayer este blog recibió 1.248 visitas, siendo esta la segunda cifra más alta en los casi tres años que lleva activo. La entrada sobre el 12 de octubre se ha convertido, así, en la más vista de los últimos treinta días y hasta ahora se ha compartido en Facebook 798 veces.

Como pueden ver apenas ha tenido comentarios y no ha generado controversia alguna. Pero hete aquí que cuando entro en la página en cuestión encuentro que 223 personas han clicado el “Me gusta” y 161 han compartido el contenido (que no era el artículo completo –demasiado largo para Facebook– sino un resumen con un enlace al mismo). ¡Fantástico!, me digo. Hasta que empiezo a leer comentarios, pues aquí ha sucedido todo lo contrario que el blog. Y créanme que algunos de ellos me han dolido, no porque haya quien me califique de “pseudohistoriador” –uno, a estas alturas, ya está más que acostumbrado a este tipo de cosas–, sino por lo que dicen y de la manera en que lo dicen. He aquí algunos (respeto la redacción de cada uno, solo omito los nombres):

Un arquitecto español, escribe: “Toda la historia se ha hecho igual,blandengues, que pidan perdon los romanos o los arabes por conquistar España…Cuanto merluzo suelto…”. Más delante, añade: “Que hablen español en esos paises es un motivo de celebracion. Si juzgais con los criterios del siglo XXI hechos de hace cientos de años sois unos demagogos, unos hipocritas, y con cero rigor como pseudo-historiadores…”.

Otro español, un hombre de unos treinta y tantos años que trabaja en una empresa dedicada a la elaboración de informes financieros, mercantiles y de riesgo: “No creo que una entrada tan sesgada históricamente y con un deje político sea la más propicia para este grupo. Si el estilo va a cambiar avisen para borrarme”.

Una señora argentina, rubia, de 68 años, de elegante y cuidado aspecto: “Celebramos esos valientes navegantes que sin saber donde iban descubrieron nuevas tierras!!!!!!!! mientras que aca los aztecas y los mayas se dedicaban a tirar alas virgenes a los cenotes, y a arrancarles el corazon a personas vivas para entregarselas a los dioses?? que dioses?? KUKULKAN, la serpiente emplumada????????”.

Un joven mexicano, no llegará a treinta años, del que no sé nada más: «’El coste para ellos fue brutal: el fin de civilizaciones milenarias y el exterminio de 90 millones de pobladores….’ Creo que yo me bajo de este barco…”.

Otra mujer, esta cubana pero que vive en Bolivia y a la que le calculo unos cuarenta años: “SIN ÁNIMOS DE POLEMIZAR…. Siempre culpamos a los demás de nuestras desgracias. Antes de Colón sobraba el espacio y al que no fuera de la tribu lo mataban. Por sus creencias o por su oscurantismo hacían muchos sacrificios humanos. Muchos lograron grandes conocimientos sobre los astros tal vez si hubieran mirado al suelo habrían descubierto el uso de la rueda que tan útil es y la vida habría sido mejor. Si aprovecháramos mejor los aportes que trajo el contacto con Europa y no nos pasaramos el tiempo lamentándonos de lo que nunca tuvimos, estaríamos mucho mejor. Es cierto que el sol a veces molesta pero también nos alumbra el camino. Por lo tanto, los conocimientos que aportó el viejo mundo valen más que el oro que se llevaron. Nuestra pobreza no es culpa de los que llegaron sino de los que no hemos hecho lo que debemos hacer. ‘Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz conque calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.’ José Martí.”

Y ya. ¿Para qué más? Haberlos, los hay. Como también otros en sentido completamente opuesto. Llámenme sensiblero, o exagerado, pero a mí, como los decía, estas cosas me afectan, contribuyen a que aumente la cada vez menor confianza que tengo en el género humano y paralelamente la desconfianza de que algún día ese mundo mejor del que tanto hablamos será una realidad. Una cosa es discrepar con razones y argumentos varios que, por supuesto, pueden estar en las antípodas de lo que creo o pienso. Otra muy distinta es lo que acaban de leer.

En fin, visto lo visto, ahora mismo oculto la publicación de la página. Pero antes necesitaba escribir esto.

Feliz 13 de octubre.

Nehru tenía razón. La desigualdad es la diferencia

desigualdad-de-la-renta-luis-tinoco

Luis Tinoco.

El progreso técnico y material que se originó con la Revolución industrial dio lugar a un extraordinario crecimiento demográfico y a la formación de grandes capitales. El hecho de que llegara a haber un excedente poblacional y la necesidad de dar salida a los capitales y productos se acentuó a partir del último tercio del siglo XIX –cuando tuvo lugar la llamada ‘segunda revolución industrial’–, aceleró el proceso colonizador y, con él, la incorporación a la órbita occidental de numerosos pueblos que hasta entonces habían permanecido ajenos a este conjunto de transformaciones.

Este proceso cambió por completo las relaciones entre los distintos pueblos del planeta. En 1914, Europa dominaba más de la mitad del mundo, una mitad que concentraba el 65 por cien de la población mundial. Con el tiempo, y como consecuencia de las propias características  de la colonización y las lógicas contradicciones del sistema, empezó a configurarse un nuevo orden mundial determinado por la por la oposición entre un mundo capitalista desarrollado –que concentrará la práctica totalidad de la riqueza y el poder– y otro subdesarrollado a pesar de sus mayores recursos naturales y su mayor población. Tras la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la descolonización (yo más bien diría neocolonización), estos últimos países –en su momento englobados bajo la etiqueta de Tercer Mundo– se vieron inmersos en una serie de problemas que no eran suyos derivados de la disputa entre las dos grandes potencias mundiales –Estados Unidos y la Unión Soviética– o, si se quiere, entre los dos grandes sistemas: capitalismo –disfrazado de democracia parlamentaria– y comunismo –mejor estalinismo o capitalismo de Estado–, pues la democracia (a secas, sin calificativos) es otra cosa.

Ya en 1958 Nehru (Sri Pandit Jawaharlal Nehru), primer ministro de la India, se refirió a esta oposición, tan ficticia como interesada, en los siguientes términos: “La verdadera división del mundo contemporáneo no se encuentra entre países comunistas y no comunistas, sino entre países industrializados y países subequipados”. O lo que es lo mismo: entre países ricos y países pobres. El tiempo le ha dado la razón. Tras la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, para estos países todo siguió igual, o peor, pues ahora el capitalismo perdía cualquier temor a que pudieran alinearse con el ‘natural enemigo’.

En el momento en que Nehru pronunció estas palabras la descolonización era ya una realidad y había sido el propio proceso colonial el que de alguna manera había sentado las bases que la hicieron posible, creando profundas contradicciones que hoy más que nunca manifiestan todo su potencial explosivo y amenazan con una desestabilización del orden mundial que no sabemos hasta dónde puede llegar. Un crecimiento demográfico como hasta entonces había conocido Europa, los cambios culturales e ideológicos o los distintos movimientos de afirmación nacional –que ponían de relieve las diferencias con los países occidentales haciendo ver que existen otras culturas y otras formas de vida–, son factores que en su día resultaron decisivos en el proceso descolonizador pero que no llegaron a resolver, ni mucho menos, los tremendos desequilibrios a que se ha visto sometido el mundo en su camino a la globalización (económica, por supuesto).

Hoy, la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor y afecta a todos, pero más a quienes viven en los países de lo que en su momento se denominó Tercer Mundo y ahora son ‘países periféricos subdesarrollados’ o ‘en vías de desarrollo’. Vean, si no, estos gráficos que siguen. Los dos primeros muestran, por este orden, los distintos niveles de población desnutrida en el mundo en 2008, según la FAO, y los porcentajes de pobreza –es decir, la población que vive por debajo de la línea de pobreza nacional de cada nación– según el CIA World Factbook, también en 2008. Y compárenlos con el tercero sobre los países con conflictos armados activos (en julio de 2014) y aquellos con graves situaciones de violencia.

Niveles de población desnutrida en el mundo (2008) / FAO

Niveles de población desnutrida en el mundo (2008) / FAO

Porcentajes de población que vive por debajo de la línea de pobreza nacional (2008) / CIA World Factbook.

Porcentajes de población que vive por debajo de la línea de pobreza nacional (2008) / CIA World Factbook.

Países con conflictos armados activos y con situaciones graves de violencia. / “20 minutos”

Países con conflictos armados activos y con situaciones graves de violencia. / “20 minutos”

¿Encuentran alguna similitud? Es en los países pobres –dejémonos de eufemismos– donde con mayor fuerza se manifiesta la pobreza, y la pobreza –no lo olvidemos– es causa directa de la desigualdad. Y es en estos países, y en aquellos aparentemente más prósperos por poseer mayores recursos naturales pero cuyos pueblos han visto cómo otros se aprovechaban de sus recursos y potenciaban sumisas oligarquías locales (las únicas beneficiarias), donde –en un mundo en que los intereses económicos, políticos y geoestratégicos van de la mano– se concentran los conflictos armados más complejos y peligrosos. Nehru tenía razón. El problema es la desigualdad.

El toro embolado

encendido-de-las-astas-de-un-toro-durante-el-e28098bou-embolat_-de-turc3ads

Encendido de las astas de un toro durante el ‘Bou embolat’ de Turís (Valencia) en agosto de este año.

Los toros puede que sean los animales que en mayor número sufren inútilmente y tienen la muerte más injustificada y absurda. La denominada “fiesta nacional” no es otra cosa que un vil ensañamiento con un animal indefenso que no tiene justificación alguna. Solo los psicópatas pueden gozar con el sufrimiento. Es, pues, un salvajismo, una atrocidad, como lo son también los espectáculos que tanto abundan en verano en nuestros pueblos con motivo de las fiestas patronales, en la mayoría de los cuales (encierros, vaquillas, corridas…) se les tortura, pues forma parte de la “fiesta”. Este tipo de celebraciones proceden de las fiestas religiosas y paganas medievales, en las que se acostumbraba a hacer prevalecer la fuerza del hombre frente al animal mediante el uso de lanzas y otros objetos punzantes.

Son muchos los pueblos españoles que tienen en los espectáculos taurinos la principal atracción durante sus fiestas. Aquí nos centraremos en el caso del País Valenciano, comunidad en la que vivo y en la que más populares son las fiestas de toros de calle, los llamados bous al carrer. Forman parte de las fiestas mayores de numerosos municipios. En la provincia de Castellón se celebran fiestas taurinas en 96 municipios (de un total de 144), en la de Valencia en 105 (265 municipios en total) y en la de Alicante en 31 (144 municipios). Las variantes que tienen estos festejos ─toro embolado, toro de cuerda y el peculiar bous a la mar de Dénia─ entroncan con la tradición española.

Desde hace algún tiempo, este tipo de espectáculos se hallan en el punto de mira de asociaciones contrarias al maltrato animal que luchan por su eliminación, aunque siguen siendo la atracción estrella de muchos pueblos en fiestas. Los festejos taurinos populares acaparan gran parte del presupuesto destinado a las fiestas mayores de muchos ayuntamientos. De hecho, cada año se solicitan 3.000 permisos para organizar bous al carrer. La cantidad de animales soltados por las calles oscila entre los 15 a 20 toros diarios de media en aquellos pueblos de mayor tradición taurina. El número de astados en total se aproxima a los 18.000, además de los toros de fuego o embolados (bou embolat) que suponen unos 1.500. La inversión económica destinada a este tipo de eventos crece año tras año por la gran cantidad de medios que hay que poner para la seguridad de los participantes: barreras, servicios de atención médica, transporte y mantenimiento, seguros, etc. Más de una de las corporaciones locales surgidas tras la nueva coyuntura política resultante de las pasadas elecciones municipales dice estar decidida a dejar de subvencionar estos “festejos”. A ver si es verdad.

De todas las variantes, la del bou embolat puede que sea la más cruel de todas. También la más absurda (por irracional), pues el origen del bou embolat ─que parece ser más reciente que el de la mayoría de fiestas de toros, fijándose en diversos momentos del siglo XIX según localidades─ está relacionado con la imposibilidad de realizar espectáculos nocturnos en los pueblos por falta de iluminación, lo que ahora ya no sucede. Por ello se ideó una especie de herraje especial en la cabeza del toro para que portara dos antorchas en forma de bola que iluminaran las calles a su paso. Ello acarreaba un terrible sufrimiento al animal, al caer sobre sus ojos restos del combustible inflamable que portaban. En la actualidad las bolas ya no gotean como antes, lo que alegan sus defensores al argumentar la vigencia de tales eventos, pero lo cierto es que esa medida ciertamente puede paliar el padecimiento pero no elimina la tortura: el aderezo pirotécnico lo deja confuso al sentir como de golpe la lluvia de chispas surge de sus cuernos, y con el toro conmocionado empiezan las carreras, los juegos, y la provocación. “En el fondo lo que están haciendo es que un animal no preparado sufra un poderoso impacto, esto no es como una carrera de galgos, piensa que solo con el impacto en el pilón, colocarle los armazones y encender las bolas le provocan gran sufrimiento”, explica el veterinario José Enrique Zaldívar.

Llamar, pues, fiesta a esto no deja de ser un eufemismo. Como decía Schopenhauer “la conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona”.