¿Si? Sí

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Hombre mayor en Las Ramblas. De “Invisible Barcelona” (AM: AMS PHOTOBLOGG).

Si hubiera, si pudiera, si no fuera… Siempre en condicional, la maldita condición, ajustada cada vez más a la sexta acepción que la RAE da a la palabra: “Calidad del nacimiento o estado que se reconocía [¿reconoce?] en los hombres; como el de noble, el de plebeyo, el de libre, el de siervo, etc.”.

Fue, ocurrió, sucedió, incluso es más que probable… Hubiera, pudiera, debiera… Debería, no debería… Si hubiera sucedido de otro modo, si las cosas no hubieran sido así, si las circunstancias hubiesen sido otras…

Cansinas y odiosas palabras con las que nada puede construirse, carentes de toda autenticidad. Sí, pero no. Empezamos a pensar si hubiera hecho…, si no hubiera hecho…, si hubiera dicho…, si no hubiera dicho…

Con ello nos reconfortamos. Pero no se trata de si, pues es .

Ya lo dijo Séneca: “La mayor parte de los mortales (…) se queja de la malignidad de la Naturaleza, por habernos engendrado para un tiempo tan breve y porque este espacio de tiempo que se nos dio se escurre tan velozmente, tan rápidamente, de tal manera, que con excepción de muy pocos, a los restantes los destituye de la vida justo cuando para vivir se están preparando”. (Séneca: De la brevedad de la vida).

Humanos vegetales

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Montaje sobre “Guardian” (fotografía de Robert y Shana ParkeHarrison).

Una pasmosa abulia caracteriza nuestro tiempo, un tiempo que tiene en el sometimiento voluntario su rasgo más distintivo. Predomina una generalizada certidumbre de que nada se puede realmente transformar y puesto que siempre habrá quien mande, quien domine, quien esté arriba, y quien no, esto es lo que hay. Así es la vida, dice la gran mayoría. Vale. ¿Y ya?

Renunciando explícitamente a buscar un lugar en el mundo y aceptando sin reservas el que se nos adjudica nada más nacer, la misma percepción de la existencia humana ha ido alterándose hasta perder la capacidad de discernir lo útil de lo inútil, lo representado de lo real, abandonando la capacidad de elegir y la razón individual de las vidas.

Sentir, pues, el tedio sin sufrir a causa de él. ¿Es eso la felicidad? No sé, pero hay quien dice que sí. Igual tiene razón y resulta cierto aquello de que la ignorancia es la madre de la felicidad. A mí, la verdad, tal aseveración me irrita. Como a Pessoa,

“me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son desgraciados. Su vida humana está llena de de todo cuanto constituiría una serie de angustias para una sensibilidad verdadera. Pero, como su verdadera vida es vegetativa, lo que sufren pasa por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar únicamente con la de un hombre con dolor de muelas que hubiese recibido una fortuna –la fortuna auténtica de estar viviendo sin darse cuenta, el mayor don que los dioses conceden, porque es el don de ser semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) a la alegría y el dolor”.

Sí, me irrita profundamente, pero… Prefiero terminar como Pessoa termina el párrafo: “Por eso, a pesar de todo, los amo a todos. ¡Mis queridos vegetales!” (Fernando Pessoa: Libro del desasosiego, edición de 1984, traducción de Ángel Crespo).

El mayor espectáculo de la historia

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Montaje sobre el óleo de Dave Lebow “Magic Show” (2010).

Pasen y vean.

El espectáculo va a comenzar.

Los más prodigiosos artistas de todo el mundo les sorprenderán con su arte.

Nuestros ilusionistas les mostrarán cómo no perder la confianza de que un día será algo o alguien en reino del Dios Mercado,

nuestros escapistas cómo evadirse de cualquier situación que pueda trastocar su realidad,

nuestros funámbulos cómo sortear con habilidad los obstáculos de la sociedad real para que esta siga siendo algo externo,

nuestros equilibristas cómo ser prudentes y astutos, sensatos y moderados, para no tener problemas y que la abdicación no sea un esfuerzo,

nuestros ventrílocuos cómo imitar a quien interese sin que se note y saber vivir siendo otro,

nuestros forzudos cómo robustecer la fortaleza física y moral para preservar la riqueza,bienestar y porvenir de nuestra sociedad ante los que vienen de fuera y pretenden usurparla,

nuestros bufones la difícil tarea de cómo contentar a los poderosos.

Un espectáculo único, irrepetible.

No en vano llevamos más de doscientos años en cartel.

Nadie jamás ha descubierto nuestros trucos.

Pasen, pasen y vean.

Saldrán deslumbrados,

pasmados,

relajados,

embelesados,

ilusionados.

Pasen y vean.

Más de doscientos años de éxito nos avalan.

Un espectáculo para todos los públicos.

Pasen, pasen y vean.