J’attendrai, Mauthausen y los rohingya

Galería

La canción

Se me ha complicado en la presente entrada la historia de esta canción. Verán. Si teclean en Google “J’attendrai” les saldrá, al menos así me pasa a mí, el vídeo “J’attendrai – Rina Ketty (subtitulada en castellano) – YouTube”. Si acceden a él leerán:

“En julio del año 1942, el preso austriaco Hans Bonarewitz logró algo casi imposible: escapar del campo de exterminio de Mauthausen. Se escondió en una caja de madera que iba a ser cargada en un camión y un rato más tarde estaba fuera del campo. Dieciocho días después fue capturado de nuevo y conducido otra vez a Mauthausen. Allí lo tuvieron encerrado en la misma caja durante una semana, hasta que fue ahorcado el 30 de julio. Bonarewitz era gitano y, por ello, llevaba un triángulo invertido de color negro cosido en su chaqueta; los judíos lo llevaban amarillo, los comunistas rojo, los homosexuales rosa, etc.

Su ejecución fue un macabro ritual. Lo colocaron sobre un carro, uno de los que usaban para acarrear los cadáveres del crematorio, y lo pasearon por todo el campo. Dos vueltas completas dio al recinto, acompañado en todo momento por una orquesta de diez músicos (prisioneros también), a los que ordenaron interpretar J’attendrai. Hicieron formar a todos los prisioneros frente a sus barracones, nadie debía perderse el espectáculo. En una explanada estaba preparado el patíbulo. El oficial al mando obligó al cortejo a detenerse frente a él y lo colgaron. Eso sí, sin que la orquesta dejara de tocar J’attendrai.

Es esta una canción (sic) me pregunto ¿cómo una canción con una melodía y una letra tan bellas como esta pudo utilizarse de manera tan alevosa?”.

Bien. Si acceden a mi blog Música de Comedia y Cabaret y buscan la entrada “J’attendrai” leerán exactamente lo mismo. Con una salvedad. El último párrafo está mal copiado. Es así: “Es esta una canción con la que mantengo una relación de amor-odio acerca de la cual me pregunto ¿cómo una canción con una melodía y una letra tan bellas como esta pudo utilizarse de manera tan alevosa”.

El vídeo lo subió un tal Jose-Juan Porcar Cano, quien cuenta nada menos que 2,44 mil suscriptores, el 9 de junio de 2018. Ha tenido 8.835 visualizaciones hasta ahora. ¿Qué es un jeta? Lo es. Mas, aun así, con su pan que se lo coma, decidí. Ahora ha cambiado la situación con el vídeo que he confeccionado sobre el genocidio rohingya. En él suena J’attendrai (Esperaré). Esperar es todo cuanto les queda a los rohingya, esperar no se saber bien qué, tal vez la muerte. Creo que la canción es tan apropiada para denunciar el genocidio nazi, por los motivos apuntados, como para denunciar el genocidio rohingya, al que se le presta incluso menos atención que al primero. Con una salvedad: está sucediendo ahora, en estos momentos, mientras lee estas líneas.

Pensaba explicar en la presente entrada la historia de la canción, y me dije: ahora parecerá que soy yo el que ha plagiado al tipo este. Y de ahí todo este rollo. Para que no haya dudas, mi entrada de Música de Comedia y Cabaret fue publicada el 24 de febrero de 2013. El vídeo del tal Porcar el 9 de junio de 2018.

En fin. Ya poco más puedo decir. Tal vez que la canción se inspira en el tema “Coro a bocca chiusa”, de la ópera de Puccini Madame Butterfly. También que Rina Ketty –suya es la versión que suena– la grabó por primera vez en 1938. Nacida en Sarzana (Italia) en 1911, marchó a París en 1930 movida por sus inquietudes artísticas. Su acento gustó, y en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales –gracias sobre todo a J’attendrai– se convirtió en una popular cantante que llenaba los cabarets y salas donde actuaba.

¡Ah! No acaba aquí la cosa. Los subtítulos de la letra de la canción que figuran en vídeo del plagiador no son correctos. Reproducen una traducción que hice en la mencionada entrada a modo de resumen de lo que la letra dice en su integridad. Ahora sí está bien. En mi vídeo, quiero decir.

El pueblo rohingya

Esperaré día y noche, esperaré siempre tu regreso. Esperaré, porque el pájaro que escapó siempre regresa a buscar lo que olvidó en su nido. El tiempo pasa y corre; afligiendo todavía más mi triste corazón. Creo escuchar tus pasos. El viento me trae sonidos lejanos. Mirando la puerta, intento oír en vano. Desgraciadamente, nada escucho, nada sucede, dice la letra de J’attendrai, parte de ella.

A los rohingya solo les queda esperar lo que otros decidan por ellos. Los rohingya son un pueblo sometido a un genocidio sistemático en medio de la indiferencia general y la mezquindad política y moral de gobiernos e instituciones, a lo que hay que añadir, como consecuencia de lo dicho, una escasa cobertura mediática, la mayoría de las veces imprecisa e inexacta.

El pueblo rohingya ha tenido la desgracia de ser originarios de la región fronteriza entre Bangladesh y Birmania, una zona cuyo suelo posee una gran riqueza mineral apenas sin explotar. Estos dos aspectos los han abocado a ser objeto de una metódica persecución que ha derivado en una limpieza étnica y un desplazamiento de forzoso de cientos de millares de personas.

Ya son más de 40 años los que los rohingyas llevan huyendo de Myanmar para refugiarse en Bangladesh. Se estima que la población rohingya es de unos dos millones de personas, de las cuales 1,1 millones viven discriminadas en el estado de Rakhine o Arakan, en el oeste de Myanmar(la antigua Birmania). También –como resultado de la diáspora de los últimos años– hay comunidades numerosas en Bangladesh, Arabia Saudí, Pakistán, Malasia y Tailandia.

Tras independizarse de Gran Bretaña en 1948, el nuevo Estado, dominado por la mayoría budista de etnia birmana, rechazó el reconocimiento de los rohingya, que fueron sometidos a continuadas persecuciones, situación que se mantuvo sin cambios sustanciales los años de dictadura militar (1962-1988 y 1990-2012) y favoreció las sucesivas oleadas de emigración. A pesar de la transición a un régimen ‘democrático’ iniciada en 2011, los enfrentamientos resurgieron en 2012.

Entre 2012 y 2015, más de 112.000 rohingya huyeron, en gran parte en barco a Malasia. En octubre de 2016 se intensificó la represión por parte de los militares de Myanmar y se produjo un éxodo de 87.000 rohingya a Bangladesh. En agosto de 2017 los militares respondieron a una supuesta provocación con lo que describen como ‘operaciones de limpieza’. Asesinaron a más de 25.000 civiles, incendiaron pueblos y obligaron a cerca de un millón a abandonar sus viviendas y huir hacia Bangladesh.

En noviembre de 2017 los gobiernos de Bangladesh y Birmania llegaron a un acuerdo para la repatriación de los rohingyas a partir de enero de 2018, pero ninguno volvió ante la falta de seguridad de que el gobierno birmano respetara sus derechos.

El temor se vio confirmado cuando se conoció la decisión del gobierno birmano de construir una valla en la frontera con Bangladesh.

Se estima que en la actualidad permanecen en Birmania entre 400 y 500 mil rohingyas. Cerca de un millón se encuentran hacinados en diferentes campos de refugiados en Bangladesh en condiciones infrahumanas entre la indiferencia general y la visible invisibilidad.

El genocidio rohingya ha ocasionado alrededor de 725.000 desplazados por la violencia y 25.000 muertos. Se les sigue negando la ciudadanía, la libre circulación, el acceso a la atención médica y la educación.

¿Hasta cuándo seguirán así?

¿Hasta que no quede ni uno?

10 comentarios en “J’attendrai, Mauthausen y los rohingya

  1. Interesante tu entrada de hoy Manuel, muy triste la historia de Mauthausen, ¿cómo se puede llegar a una crueldad tan grande? Además de colgarlo hacer que sus compañeros de sufrimiento tocaran esa canción, en fin… el hombre supera a las bestias en muchas ocasiones.
    Y por lo del plagio, ya he visto que otros compañeros se han quejado también de ello, es triste que quien no tiene inspiración ni arte alguno, se dedique a copiar a los demás, con lo agradable que es crear.
    Un aplauso Manuel, muy interesante todo.🙋🏼‍♀️🌹

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