Si ves al futuro, dile que no venga

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Los años anteriores a la crisis de 2008 se caracterizaron por la exuberancia y el despilfarro de una aristocracia de banqueros de inversión que, sin otra lógica que la rentabilidad a corto plazo, buscaron el beneficio de manera desaforada en cualquier negocio que supusiera la obtención de ganancias inmediatas: ventas a corto plazo abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hipotecas basura, hedge funds…

Al respecto escribía yo en octubre de 2008, en un artículo titulado “La crisis del siglo. ¿Una más?”, lo siguiente:

‘El presidente Zapatero sostiene que dicha medida [el rescate financiero] no va a costar un euro al contribuyente. Eso sí, siempre que salga bien. ¿Y si no sale bien? ¿Quién responderá por ello? Y si sale bien, ¿ya está? ¿Aquí acaba todo, vamos a empezar de nuevo? ¿No hay responsables por la estafa llevada a cabo por los bancos occidentales, que han ganado una enorme cantidad de dinero a costa de las hipotecas basura y luego, cuando las cosas no van bien, suben el interés y si no pagas es tu problema, el banco se queda con la casa? ¿Nadie va responder por el hecho de que las empresas se hayan endeudado por encima de sus posibilidades? ¿Y los estados que han destinado millones y millones para defender intereses particulares incluso con guerras? ¿Quién es causante de la crisis de superproducción? ¿Nadie le pedirá cuentas a aquellos grandes que han aprovechado la crisis para eliminar o absorber a los más débiles? ¿Se seguirá apostando por un capitalismo defensor ante todo de ganar la guerra económica, es decir, eliminar a la competencia con la obtención de beneficios, no normales o razonables, sino lo suficientemente amplios como para distanciarse de las empresas de la competencia? ¿Se continuará salvando los bancos sin pedir a sus dirigentes responsabilidad alguna por su mala gestión, a pesar del dinero que han estado ganando y que se han guardado? ¿El Tercer Mundo, ese eufemismo que siempre empleamos para denominar los países pobres verá aún más disminuir las miserables ayudas, pues las necesitamos nosotros? ¿Continuaremos con la máxima de privatizar lo que es económicamente rentable y socializar las pérdidas? La respuesta en unos años’.

Han pasado esos años, casi doce. Visto lo visto, visto incluso lo que creíamos que no llegaríamos a ver, reniego y repudio todo movimiento en tanto que ‘conjunto de alteraciones o novedades ocurridas, durante un período de tiempo, en algunos campos de la actividad humana’ (RAE). Me sumo a las palabras de Enrico Baj cuando dice: ‘Muchos fanáticos pretenden que todo el mundo se ponga en movimiento porque el movimiento sería vida. Sin embargo, las cosas estáticas tienen una vida bastante larga, como las rocas y los árboles, y además, por suerte, el mundo en su mayor parte está hecho de cosas que están quietas, como las montañas, los grandes pardos, los lechos de los ríos. ¿Acaso querrías que se pusieran en movimiento? […] La dimensión humana se desarrolla siempre en el espacio y el tiempo, en los límites del territorio y la duración. La eterna velocidad omnipresente es una solemne memez’ (¿Qué es la ‘patafísica?, 1994). Cuanta razón tenía el periodista y político bonaerense Juan José Castelli (1764-1812) cuando dijo: ‘Si ves al futuro, dile que no venga’.

12 comentarios en “Si ves al futuro, dile que no venga

    • Cuando me puse a escribir esto tenía en mente un caso que me contó un amigo el día anterior, el de un conocido que había llorado dos veces con Podemos: la primera cuando alcanzaron unos buenos resultados electorales que abrían una vía de esperanza; la segunda, cuando formaron gobierno. No hay más cera que la que arde, suele decirse, pero la de la vela de la esperanza hace tiempo que dejó de arder.
      Gracias por tu amable comentario. Buen fin de semana.

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  1. Caito

    Todo lo sucedido (y que seguirá sucediendo) se explica principalmente por la codicia. La del estafador porque quiere más, y la del estafado que también quiere más, y ademas ambos de modo más fácil, sin esfuerzo. Como en el timo de la estampita, sin la codicia del timado no es posible la estafa.
    Codicia que veíamos cuando nuestro vecino, o compañero de trabajo alardeaba de haber dado la entrada de un piso y haberlo revendido por el doble, o de que compró su casa por x y ya vale tres x.
    Cuando eso pasaba eran tipos extremadamente listos y afortunados. Después fueron las pobres víctimas de la banca que les había engañado. Curioso cuando menos.
    Entre medias, unos pocos que por necesidad se veían obligados a participar, pues en la vivienda, principal protagonista de la crisis, la demanda demográfica era infinitamente menor a la real, la inmensa mayoría fue especulación.
    Pero todo lo anterior casi carece de importancia para explicar la situación actual, solo fue un artificio para intentar tapar la realidad de la misma. Simplemente retrasó lo inevitable. El mundo había cambiado, y dónde antes había muy pocos comensales (unos 1.000M de habitantes de parte de Europa, USA, Japón, Canadá, Australia, y ciertos países árabes), ahora se sumaban 3.000M (principalmente de China e India y parte de la Europa del este), y el pastel apenas había crecido.
    No fue de golpe, pasó a lo largo de los últimos cuarenta años. Y se había ido tapando, hasta que estalló.
    El viejo europeo piensa mantener su status mientras que el chino semiesclavizado (lo que le importa bien poco) trabaja por él y le pone en la estantería del supermercado productos cada vez más baratos, o el africano se come su basura mientras él presume de ecologista.
    Y con su pecado de auto complacencia, le es más fácil exigir que un tercero, a quien llama político, le solucione el problema por el módico precio de molestarse un domingo por la tarde en ir a votarle.
    Siento haberme extendido, pero los problemas complejos no tienen soluciones sencillas, ni tampoco explicaciones sencillas. A esta le faltan algunos elementos menores, pero lo grueso creo que está dicho.
    ¿Que sin malos esto no habría pasado?. Por supuesto. Pero es que todos hemos sido malos.
    Chanquete ha muerto.
    Saludos

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    • El progreso (eso que llaman progreso desde una visión unidireccional de la historia) lejos de hacernos más libres, nos ha esclavizado cada vez más. Día a día aumenta la infelicidad, es el infortunio de un existir vacuo, ajeno y extraño a las voluntades, disfrazado de metáforas y alegorías, un mundo de ilusión, que no ilusionante, de imágenes perfectamente encuadradas sobre selección previa de sus distintas maneras de ser representada. No somos por nosotros mismos, no existimos más allá de la consideración de los demás. No nos juzgamos a nosotros en cuanto lo que somos, sino a los semejantes en la medida de lo que somos, de nuestras insatisfacciones e intereses.
      Es en el desorden que se toma por orden y en la desigualdad en tanto que consecuencia ineludible y necesaria de las reglas del juego económico que sentimos reconocer otros semejantes y, lo más importante, el ánimo se reconforta al ver que la situación de muchos es peor que la nuestra. En ese momento creemos no formar parte de los más, de aquellos que saben, aunque no siempre lo quieran reconocer, que el destino reservado a todos ellos es el mismo: conformarse si no quieren ser tachados de agitadores, resignarse a lo que la suerte les ha deparado o ser excluidos, cuando no destruidos, por antisociales, locos, violentos o subversivos, pues únicamente han de tener por horizonte ser sumisos, obedientes, han de acatar –es por su bien– las decisiones de quienes hacen y deshacen, delegando sus acciones en los representantes de un pasado reinventado bajo la forma de la apariencia y el espectáculo, los especialistas en hacer real lo ficticio mediante lo que ellos llaman política, los encargados de hacer que se respete una realidad despreciable que dicen representar en instituciones cuyo prestigio viene definido por su mayor o menor servilismo hacia los definidores, los que nos dicen qué es lo permitido, pero no lo posible, los inventores de la falsa contestación, del silencio, la inacción, los que aseguran la vida organizada, fragmentada, los perpetuadores de la tradicional división del mundo entre puteadores y puteados.

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