Capítulo XVII.1

XVII.1―Vaya, Samuel, hace por lo menos diez años que nos conocemos y sí, me habías comentado que montaste un café, pero nunca me explicaste que fuera de tal envergadura. ¿Qué más pasó?

Frossard, encandilado, seguía con curiosidad las cosas que contaba Brigitte sobre su pasado y el de Samuel. Los tres compartían mesa bajo la lujosa cristalera del Grand Hotel.

―¡Oh! Menuda se armó ─siguió la marquesa─. ¿Verdad, Samuel? Casi cierran el local. Los biempensantes señorones, y los que querían parecerlo, las señoronas sobre todo, dijeron que era inmoral, obsceno, de mal gusto. ¿Recuerdas? Hubo quien lo denunció. ¡Y la prensa! No veas que lindezas se escribieron. Pero, tú ya sabes ─dirigiéndose a Frossard─ lo que eso significa: más propaganda, más éxito. Al día siguiente lleno completo, y al otro. Se tuvo que corregir alguna cosita, pero… Al fin y al cabo, quienes acababan decidiendo sobre esas cosas habían estado en la inauguración, y querían seguir viniendo, sin sus esposas a ser posible.

―Vamos al asunto.

Samuel estaba inquieto, le divertía recordar aquella época con La China y le complacía que esta retuviese en su memoria tantos detalles, algunos de los cuales él ya había olvidado, pero allí estaban para otra cosa y no disponían de tiempo que perder. La conocía muy bien y sabía que era capaz de vender a las vacas su propia leche, pero en esta ocasión se ceñía escrupulosamente a los hechos. Era evidente que trataba de mostrar a Frossard que debía jugar limpio y que ella tenía una mayor ascendencia sobre su amigo, pero más allá de tal eventualidad la vehemencia de sus palabras reflejaba la sinceridad de sus sentimientos y el afecto que profesaba a Samuel. Este se sentía satisfecho y disfrutaba viendo la cara que ponía Frossard escuchando la historia que Brigitte iba desgranando poco a poco. Consideraba un buen síntoma, al fin y al cabo, que la conversación hubiera tomado tales derroteros, era señal de que existía un buen grado de confianza entre los tres. Sin duda, la iban a necesitar. Desde que, el día de la fiesta del príncipe, Brigitte dijera a Samuel que, habiendo lanzado ya el órdago su amigo Frossard, lo mejor era hablar con él, lo supo.

―Deberíamos examinar el plan detenidamente y acabar de concretar los detalles, las sorpresas en situaciones como esta mejor si no se producen.

―No te preocupes, Samuel ─dijo Frossard─, está todo controlado. Cuando llegue el príncipe mañana, tú ─a Brigitte─ le confirmas que el señor Bonheur ha accedido por fin a mostrarle el cuadro, que no lo quiere vender de ningún modo pero que entiende su interés y no quiere privarle de la satisfacción de que, al menos, pueda tenerlo entre sus manos.

―¿Y si se niega a ir? Puede considerar que no merece la pena, que para eso mejor nada ─puntualizó Samuel.

―No se negará, de eso me encargo yo ─afirmó Brigitte.

―Es verdad, no se negará. A veces me olvido que tu capacidad de persuasión es infinita.

Afortunadamente para ellos, dos días después de la fiesta el príncipe Aleksei debía marchar a Lyon para cerrar un posible negocio con un grupo de empresarios que deseaban invertir en el desarrollo de la red ferroviaria rusa. Permanecería fuera alrededor de una semana. Se suponía que la marquesa le acompañaría, pero tras hablar con Frossard y asegurarle este que conocía el paradero del Courbet, fue el mismo príncipe quien le rogó que se quedara en París.

―Querida, tu amigo Samuel me parece un hombre honesto y cabal. Al tal Frossard supongo que lo único que le interesa es ganar un buen pellizco. Me parece muy bien, pero temo que en su afán por conseguir el cuadro, es decir, por obtener la recompensa, cometa alguna estupidez. No quiero que esto se vaya al traste. Quédate con ellos, tú eres una mujer de mundo y sabrás canalizar la integridad de uno con el ímpetu del otro. Yo te llamaré todas las noches. Confío en ti ─le había dicho el príncipe la misma noche de la fiesta, ya de regreso, en el hotel.

―¿Ves, Samuel?, no tienes de qué preocuparte, el príncipe sabe de tu honradez a prueba de toda tentación ─dijo Frossard en tono un tanto irónico.

―¿Y si descubre que el cuadro es falso? ─Samuel seguía sin tenerlas todas consigo.

―Imposible. Yo mismo me he preguntado al ver el cuadro si realmente no lo habría pintado el propio Courbet.

―Así y todo…

―Te aseguro que es igual al que vimos en las fotografías que nos proporcionó la marquesa. Idéntico.

―¿Idéntico? ¿Y el color? Porque eso no puede verse en una fotografía.

―¿El color? ¿De qué color quieres que sean el pubis y los muslos de una mujer? ¡Vaya problema!, que todos fueran así.

―Lo hará inspeccionar por los mejores expertos.

―Lo inspeccionará el profesor Latour, insigne miembro de la Academia de Bellas Artes. ¿Te parece poco? Está todo pactado con él y podéis estar seguros de que no se volverá atrás. Como ya os dije necesita dinero, encapricharse de una joven y famosa bailarina del Moulin Rouge es lo que tiene.

―Podría no conformarse y pedir otras opiniones.

―Aunque las pidiera, no creo que advirtieran el fraude. Nadie ha visto el cuadro, nadie sabe a ciencia cierta cómo es. Eso por un lado. Por otra parte, ¡a ver quién es el guapo que se atreve a cuestionar el dictamen del profesor Latour! Todos quieren prosperar. Además, os lo acabo de decir, hasta yo mismo he dudado de que no fuese un auténtico Courbet. Y, sobre todo, por muy príncipe que sea ¿cómo va a ir haciendo público que posee el cuadro si lo ha conseguido gracias a un robo?

―Puede que tengas razón, pero no me gustaría acabar en la cárcel a estas alturas.

―Samuel, te estás volviendo excesivamente cauteloso ─dijo Brigitte─. Todavía no tienes edad para eso. Vamos, querido, ¿no sientes placer al embaucar nada menos que a un príncipe ruso?

Samuel sonrió.

―La cantidad que podemos sacar no es como para hacerle remilgos ─puntualizó Frossard─. Aunque el placer al que se refiere la marquesa tampoco es desdeñable, en absoluto. Fíjate cómo son estos tipos. Uno se dejó en el ómnibus un cuadro de no sé quien que le había costado la friolera de ciento cinco mil francos. El conductor advirtió la circunstancia al llegar a las cocheras, buscó a su dueño, dio con él y este, rumboso como pocos, le gratificó con ¡diez francos!

―¿Has conseguido la lista de precios de que hablamos ayer? ─preguntó Brigitte a Frossard.

―Aquí llevo anotadas las cantidades que se han pagado en las últimas subastas ─y sacó un papel del bolsillo interior de la americana─. Veamos… Por un Courbet, El taller del pintor creo que se llamaba, se pagaron sesenta mil francos; treinta y nueve mil por La Barca, de Millet, y, ¡no te lo pierdas!, nada menos que ciento ochenta y cinco mil por La toilette, de Corot. Eso, con otros de menor cuantía, ninguno adquirido por menos de veinte mil francos, hace que en una sola mañana de subasta se haya alcanzado la cifra de ochocientos mil francos. Ahora se está organizando la venta de la colección de Mühlbacher: cuadros, dibujos, gouaches, miniaturas y pasteles de autores del siglo XVIII. Solo siendo archimillonario se podrá tomar parte en ella. Hay una extendida fiebre entre la gente de dinero por poseer obras de eximios pintores y de otros que no lo son tanto pero que los críticos se encargan de elevar al culmen del talento artístico. Ellos mismos fomentan ese coleccionismo en el que lo único que cuenta parece ser la firma del lienzo, lo que haya pintado da igual. Buen rédito sacan de sus opiniones, no lo dudéis. Así, esa extraña fascinación se extiende cada día más. Supongo que el hecho de poseer algo que nadie más puede tener en propiedad tiene mucho que ver. Algo único, que no se puede reproducir como las fotografías. Dar gato por liebre a quien de ese modo vive el arte es fácil. Te aseguro que los museos están llenos de copias falsificadas. Pero mientras dure esta moda, bienvenidos sean los ricos e ignorantes coleccionistas. Esto empieza a mover mucho dinero, mucho.

_______

Imagen: “La Toilette” (1859), óleo de Camille Corot.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s