Capítulo III.2

III.2

Había concierto y baile en La Glorieta aquel 23 de abril de 1863, festividad de san Jorge, patrón de la ciudad, en plenas fiestas de Moros y Cristianos. Comenzaba la feria. Las calles se engalanaron con imágenes del santo, farolillos, banderolas, cintas y flores y numerosos feriantes exhibían para su venta géneros de sedería, tejidos de todas clases, pañolería, quincalla, productos alimenticios y enseres domésticos.

La Glorieta, el primer paseo público que tuvo la ciudad, se había convertido en el principal lugar de encuentro social en que individuos de posición más o menos acomodada ─las mujeres sobre todo, las jóvenes en especial─ se encontraban y reconocían. Damas y señoritas de la buena sociedad podían lucir sus elegantes atuendos, vestidos de amplios vuelos de vistosos colores, la mayoría de corpiño vuelto y falda de tejidos esponjosos y translúcidos.

Jóvenes obreros las miraban con cara de deseo, como poco antes contemplaran los manjares y licores exhibidos en los escaparates de tiendas y bazares. Siempre desde la distancia, en uno y otro caso, a través de un cristal o del muro invisible de las convenciones sociales. Se burlaban de su aspecto, sus maneras, su estudiada coquetería, pero si por una de esas alguna hubiese mostrado disposición a ofrecerle sus favores ─algo, por supuesto, inviable─ lo más probable es que hubieran perdido la cabeza y dejado todo por un rato de placer. Eso al menos pensaban las jóvenes de su clase, que apenas llamaban la atención, su indumentaria era pobre y sencilla: vestidos rectos de gruesas telas, faldas lisas y jubones, pesados refajos de paño, calzado de fieltro.

Arriba y abajo, por las frondosas calles ajardinadas del paseo, se pavoneaban las distinguidas y encantadoras jóvenes ante la atenta vigilancia de madres y señoras de compañía. Intercambiaban furtivas miradas, audaces a veces, con los pollos de levita, chaleco, corbata negra de raso, botas de charol, pantalones de lana y sombreros de fieltro o bombines, cuyo aspecto, a pesar de la homogeneidad en el vestir ─el negro predominaba sobre todos los demás colores─, se diferenciaba a lo lejos y enseguida del que ofrecían los trabajadores, con pantalones, blusa, gorra y alpargatas; algunos contaban entre sus atavíos con una corta chaqueta de paño grosero, la mayoría llenas de zurcidos y remiendos.

Ese día, tras la corrida de toros de la tarde y la procesión con la imagen y la reliquia del patrón, la Glorieta, ya de noche, comenzó a llenarse de gente a la espera del concierto que daría la banda de música La Primitiva. Los jóvenes, sobre todo, esperaban el baile posterior. A las nueve de la noche empezó la audición, que incluía el preludio del segundo acto de la zarzuela Los diamantes de la corona, fragmentos adaptados para banda de Il trovatore y, de Rigoletto, el “Caro nome”. Luego, la banda interpretaría “algunos bailables”. Así lo anunciaba la propaganda.

Sento había acudido con unos compañeros de filà que, como él, rondaban los veinte años. La pretensión era divertirse un rato, aunque Sento albergaba otras intenciones más trascendentes. Hacía unas semanas que se fijaba en Teresa, joven trabajadora de un taller que confeccionaba librillos de papel de fumar. Desde entonces, privándose de las escasas cosas que su exiguo jornal le permitía, se había dedicado a ahorrar. No consiguió mucho, o sí: casi cien reales, el sueldo prácticamente íntegro de tres semanas.

Teresa también se hallaba en la Glorieta, con unas compañeras. Hablaban en voz baja y de vez en cuando se les escapaba alguna risita. Como la mayoría de los jóvenes, prestaban poca atención al concierto. Sento se le acercó.

―¿Qué haces?

Teresa se encogió de hombros.

―Eres la morena más salada que he visto en mi vida ─dijo con decisión.

Teresa y las muchachas que estaban con ella soltaron una risotada que mereció la reprobación de unas señoras que estaban sentadas cerca.

―Tengo cien reales ahorrados y busco mujer. Y tú me gustas.

Las jóvenes enmudecieron de repente con las palabras de Sento, aunque a ninguna de ellas les sorprendió demasiado; menos aún a Teresa, cuyas mejillas evidenciaban matices de pudor. Habían notado en su comportamiento, en sus mal disimuladas miradas y torpes ademanes, su inclinación por Teresa desde bastante tiempo antes.

―¿Damos un paseo? ─solicitó Sento.

Teresa susurró algo a una de las jóvenes que la acompañaban y marchó con Sento. Las demás quedaron cuchicheando y sonriendo.

Samuel y Blas se desternillaban escuchando las palabras de Sento sentados en el suelo, apoyadas las espaldas en el murete que servía de base a la verja que rodeaba La Glorieta.

Nadie igualaba a Esclafit en puntería a pesar de los dedos mutilados de su mano izquierda, y no había objetivo que se le resistiera. Samuel y Blas se divertían tirándoles piedrecitas a las chicas, al culo. Ellas se volvían airadas, pero no alcanzaban adivinar al responsable, o responsables, de la travesura. El cachondeo de Samuel y Blas crecía; a veces las perjudicadas los miraban con suspicacia y ellos culpaban a otros, lo que aumentaba su regocijo.

―¿Y si vamos ya? ─preguntó Blas a Samuel.

―No, es temprano, mi hermana dijo que cuando hubiese empezado el baile.

Al cabo de un rato Esclafit volvió a insistir, pero Samuel, abstraído, no le prestaba la más mínima atención. Lo único que Blas consiguió que saliese de su boca fue un rotundo ¡Calla! Escuchaba embelesado “Caro nome”, algo le conmovía profundamente, penetraba en lo más recóndito de su sensibilidad y una hermosa sensación de frescura y serenidad le colmaba.

―Es bonito ─acertó a decir.

―¿El qué?

―La música. Eso que tocan. Es bonito.

―Venga, vamos a la casa de Blanes.

―Espera, pesado, espera a que termine.

―Me aburro. Y tengo hambre.

―¡Espera! ¡Y cállate ya!

Finalizó el concierto y Samuel marchó por fin con su amigo.

Anuncios

Un pensamiento en “Capítulo III.2

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s